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En colaboración conCAF

Los ‘hijos del río’: niños amazónicos utilizan sus kayaks para proteger las aguas ecuatorianas

Los Yaku Churis, un grupo de menores, rema a través de la selva con un mensaje de conservación. No solo aprenden sobre el deporte, sino también sobre las amenazas que afectan a su hogar en Napo

Mikel Andi rema en su Kayak en Ecuador.Benjamín Villela

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El sonido de un silbato, que se abre paso en medio de la selva, es la señal que esperaba Maikel Andi para empezar a remar. Debajo de su casco azul, sus ojos achinados se agrandan y fijan su mirada en el objetivo: una especie de hoyo a unos tres metros de distancia, en medio del río Jatunyacu, en la Amazonia ecuatoriana.

Sus brazos se mueven en zigzag, sin parar, incrustando el remo en el agua para desplazarse con más velocidad. Sortea algunos palos, hasta que llega el momento de demostrar sus destrezas. Su kayak se eleva en el aire al ritmo de las olas, se da la vuelta, Andi desaparece por unos segundos, pero rápidamente sale airoso a la superficie y levanta su remo en el aire, en señal de victoria.

Yaku”, grita, a lo que sus compañeros responden “Churis”. Este no es solo un canto de aliento; es el nombre que identifica al grupo que Andi y otros nueve niños de comunidades amazónicas y de la nacionalidad indígena kichwa, de la provincia de Napo, han formado para adentrarse en el mundo del kayak.

Yaku Churis significa “hijos del río” en kichwa, explica Diego Robles, quien creó esta iniciativa hace alrededor de tres años, con la idea de acercar este deporte a los niños amazónicos para que, a su vez, se convierta en una herramienta para proteger sus aguas, que ahora están amenazadas por la minería y la contaminación urbana.

“Es una forma de darles otras oportunidades y que tengan conciencia social”, dice Robles, kayakista profesional. Gracias a sus esfuerzos, esta fue la única iniciativa de América del Sur seleccionada durante 2025 por la revista Kayak Session Magazine en la categoría Non-Profit of the Year (Organización Sin Fines de Lucro del Año). A través de este proyecto, los niños de entre 10 y 17 años también se capacitan en conservación, carpintería, reciclaje, liderazgo, y aprenden más sobre la importancia de remar juntos, no solo en este río, sino en contra de las amenazas que están poniendo en riesgo a la selva amazónica.

Las primeras remadas

“Yo veía a los kayakeros que pasaban por el río Jatunyacu y cómo jugaban en las olas y yo también quería hacer eso”, recuerda Andi, de 14 años, sobre la primera vez que vio a Robles y a un grupo de deportistas remando frente a su comunidad. Esta escena, que ocurrió hace tres años, lo motivó a buscar las formas de ingresar a este mundo.

La oportunidad perfecta ocurrió unos días después, cuando acompañó a su hermana a su trabajo Jungle Roots, el emprendimiento turístico de Robles. Al llegar, se encontró con un kayak pequeño, ideal para su tamaño, y le preguntó al kayakero si se podía subir. “Si es que puedes remar bien”, recuerda que le contestó en tono de broma. Desde ese momento, Andi se ha esforzado por demostrar que puede hacerlo. Esta conversación se convirtió en el inicio de su camino, que lo ha llevado a ser uno de los líderes del equipo y a participar en dos torneos nacionales.

Desde ese día, Robles empezó a entrenarlo y, al ver el progreso de ese niño, poco a poco se sumaron otros. Así llegaron Victor Barragán, primo de Andi; Lenis Cerda, Jahir Ashanga y Tupac Andi. Con este primer grupo, Robles empezó a pensar en nombres que definieran su misión: “Yaku Churis, porque todos se identifican con ser hijos del río”, dice.

Los niños de las comunidades mestizas y kichwa que están en las riberas del Jatunyacu tienen una conexión especial con el agua. Maikel Andi, por ejemplo, recuerda que, desde que era un bebé, ya jugaba, se bañaba y nadaba en el río con su familia. Para Barragán, de 17 años, estas aguas también son fuente de energía; sin embargo, ninguno había practicado kayak en el pasado.

Robles aprovechó su amor por el río para mostrarles otra forma en la que pueden recorrerlo. A los miembros fundadores se sumaron otros como Latika Vullien, Isis Robles, Sisa Rond, Alisson Pardo y Justin Rond. Así, construyó una especie de laguna en su casa. Cada domingo, los niños se reúnen en este espacio para aprender y practicar diferentes movimientos como el roll (una maniobra que permite a un palista dar la vuelta al kayak después de haber volcado y recuperar su posición normal, sin salir del bote) y sus variantes como el swipe roll, back roll o hand roll.

“El roll fue lo más difícil. Me tomó 10 días aprender bien. El que más me gusta es el back roll”, cuenta Maikel Andi, que ahora usa el kayak azul, que antes era de Robles, llamado Antix. Su casco y su chaqueta también son de este color, que es su favorito, y le transmite calma al navegar por los ríos. Además, va con su personalidad: serena y enfocada en su objetivo. “Quiero ser bombero de grande. Quiero rescatar a la gente en mi kayak”, dice.

Los Yaku Churis son una especie de Power Rangers o grupo de superhéroes en el que cada integrante tiene un color que define su ‘poder’. Tupac Andi, por ejemplo, utiliza el rojo, con el que se identifica por su energía, que es evidente al ver el movimiento de su remo, la rapidez con la que se desplaza su kayak o la forma en la que relata sus aventuras.

“Me gusta la adrenalina. Mi sueño es ganar las olimpiadas de slalom”, dice este niño de 13 años, originario de la comunidad de Ichiurku. El slalom consiste en terminar el recorrido establecido, sorteando algunos obstáculos, en el menor tiempo posible. Entre risas, se autodenomina el mejor en este deporte, después de Barragán, quien no lo escucha, enfocado en esquivar todos los obstáculos de la laguna en su kayak verde. Una vez que termina, la atención de Barragán se dirige hacia su hermana menor, Alisson Pardo, que está al otro lado, aprendiendo a hacer el roll. Ella es una de las integrantes más nuevas. Se unió al equipo tras la experiencia de su hermano y ahora siempre van juntos a las clases.

La práctica dura alrededor de dos horas, mientras se escuchan las instrucciones de Robles de fondo: “Abre más los remos”, “más tranquilo”, “con más técnica” o “a 90 grados el remo”. Una vez que termina, todos cargan sus equipos y, con más emoción que cansancio, se dirigen hacia su siguiente destino: el Jatunyacu.

Remando a contracorriente

Barragán se baja del vehículo de Robles y ayuda a su hermana a colocarse el casco, el chaleco salvavidas y la ‘falda’, que es lo que evita que su cuerpo se moje cuando el bote está en el agua. Después, todos cargan sus kayaks y descienden por una ladera de tierra hasta llegar al río, que se llena con los colores de los Yaku Churis.

Robles les da indicaciones y, tras el silbato, empiezan a mover sus remos. Los niños van juntos, uno tras otro, siguiendo a su profesor y coreando el nombre de su grupo. Algunos más confiados que otros, esquivan las olas y compiten por quién lo hace mejor. Durante estos recorridos, también recogen la basura, recolectan madera y monitorean el estado del agua. “Estamos creando una generación de niños deportistas, pero conscientes de cuidar el recurso para su deporte”, dice Robles. Su idea siempre ha sido formarlos en diferentes ámbitos para que se conviertan en defensores del territorio.

Por eso, los Yaku Churris tienen una jornada de carpintería, con la madera que rescatan del río; lectura, escritura y clases en las que aprenden más sobre las amenazas a la selva amazónica y cómo pueden enfrentarlas. “Me han ayudado a perder el miedo a hablar. Antes me daba vergüenza y ahora ya no”, dice Pardo, de 13 años. Además, algunos como Barragán se están capacitando como guías de rafting para llevar a los turistas por esta zona. “Como jóvenes que pertenecen al río, lo más sano es que ellos sean los que accedan a este tipo de trabajos, como el turismo. Así, pueden ver que hay otras opciones al extractivismo para generar recursos económicos”, añade Robles.

Los recorridos en el río les han permitido ver de cerca los impactos de la minería en esta zona. Napo es una de las provincias más afectadas por esta actividad. “Cuando bajamos por los ríos que tienen minas, me da pena porque están acabando toda la naturaleza”, cuenta Maikel Andi. Según datos de Maap Biomas de la Fundación Ecociencia, en el año 2007 la superficie vinculada a la minería en Napo no superaba las 100 hectáreas, mientras que en 2023 aumentó a 1.300 hectáreas.

“El río no era así. Ahora es color chocolate y antes era cristalino”, cuenta Tupac Andi. El 2 de febrero del 2026 el Gobierno suspendió las actividades mineras en Napo. Sin embargo, aún hay incertidumbre sobre lo que ocurrirá con la minería en esta zona. Mientras tanto, los Yaku Churis siguen remando no solo con la esperanza de algún día llegar a las olimpiadas, sino de ver a sus ríos libres de amenazas.

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