El Gobierno de Bolivia admite haber distribuido gasolina de mala calidad y los conductores piden una compensación
Las autoridades culpan a la gestión anterior. Entre los residuos dañinos encontrados en el combustible hay magnesio y goma


El Gobierno de Rodrigo Paz admitió el martes que se está distribuyendo gasolina de “mala calidad” en Bolivia por un problema en la mezcla del combustible. La declaración surge después de días de denuncias y movilizaciones de sindicatos y federaciones del transporte público, que ahora exigen una compensación económica por los supuestos daños provocados a sus vehículos. A pesar de que la empresa estatal encargada de la comercialización de combustibles refinados difundió el lunes un comunicado certificando la calidad de la gasolina que importa, un día después el ministro de Hidrocarburos, Carlos Medinaceli, aseguró que estudios posteriores detectaron residuos dañinos en los tanques de almacenamiento, heredados de la anterior gestión.
En rueda de prensa, Medinaceli comparó el problema con en el de una cocina en la que se reutilizó el aceite para freír durante años: “Aunque luego se compre, usando mi analogía, aceite nuevo y de buena calidad, al mezclarlo en el mismo recipiente quedan restos del aceite viejo que terminan afectando el resultado final”, dijo. Junto al titular de Hidrocarburos estaba el presidente de la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), Yussef Akly, quien detalló que los residuos perjudiciales encontrados son magnesio y goma.
La versión de Akly contradice el comunicado difundido por la propia YPFB el lunes, en el que se aseguraba que la empresa inspectora Camin Cargo había certificado la gasolina importada desde Argentina, Chile y Paraguay. “YPFB afirma que la gasolina que se comercializa cumple todos los estándares de calidad, tras ser certificada por una inspectora internacional en su laboratorio”, señalaba la nota. Akly justificó la incoherencia al explicar que fue necesario realizar estudios adicionales para identificar materiales que no suelen rastrearse en los análisis habituales. “Se hizo un primer análisis y salió todo bien, pero había un producto residual que venía con otros componentes que no se mapean en este tipo de estudios, porque se analizan en otro tipo de laboratorios”, afirmó.

Medinaceli rechazó ante los medios que YPFB haya mentido previamente y respaldó la explicación de Akly. “Para identificar este problema se tuvieron que hacer análisis más complejos que los estándares. Es como si vas al médico por un dolor, te hacen las pruebas regulares, sale todo bien, pero el dolor persiste y entonces tienen que hacer exámenes más complejos”, dijo, al tiempo de prometer investigaciones para hallar a los responsables, quienes —adelantó— formaron parte del anterior Gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS).
Con el problema ya admitido, la siguiente tarea del Gobierno es resarcir los daños al transporte público. En las últimas tres semanas, los choferes se volcaron a las calles y en algunas ciudades cerraron oficinas de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), exhibiendo autopartes dañadas de sus buses. El Colegio de Ingenieros Mecánicos de Bolivia (CIMB) informó que al menos el 60% de los vehículos que actualmente se encuentran en talleres mecánicos lo están por problemas relacionados con la “mala calidad del combustible”, según la agencia nacional de noticias Urgente.bo.
Limbert Tancara, ejecutivo de la Federación de Transporte Libre, adelantó en una entrevista radial que su gremio busca un resarcimiento económico por los daños sufridos. Señaló que los gastos de reparación van desde los 715 dólares hasta los 6.500 dólares en los casos en los que fue necesario cambiar el motor. “El Gobierno se está deslindando de sus responsabilidades. Lo que correspondía era una limpieza general de los tanques para darnos gasolina de calidad. Sabíamos que la eliminación de la subvención al combustible era necesaria, pero nos aseguraron que se iba a distribuir gasolina de óptima calidad”, sostuvo.
La eliminación del subsidio a los carburantes se concretó el pasado 17 de diciembre mediante un decreto supremo. Desde entonces, el precio de la gasolina subió un 85%. Carlos Choque, conductor de bus, explicó cómo el combustible está afectando a los vehículos: “El daño mayor ocurre en las válvulas de admisión, donde entra aire y combustible para luego generar la chispa que provoca la explosión dentro del motor. Si no prende, o está mal el aire o está mal el combustible. Venimos pidiendo inspecciones desde hace meses y nos daban las mismas vueltas de siempre”.
Las denuncias no se limitaron al transporte público. Días atrás se hizo viral una publicación en X en la que un usuario compartía la respuesta del servicio técnico autorizado de una reconocida fabricante de automóviles sobre su vehículo. En ella, la empresa advertía haber encontrado una “alta y peligrosa acumulación de carbonilla y residuos originados por el uso de combustible, generando un daño mecánico irreversible”.
El rechazo a la distribución de gasolina de mala calidad también se expresó desde el Parlamento. Juan Pablo Velasco, segundo hombre fuerte del opositor partido Libre, anunció la creación de una comisión investigadora para identificar a los responsables. “La gasolina que estamos comprando no solamente es más cara, sino también peor”, afirmó.
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