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La oposición al chavismo se reorganiza en la nueva Venezuela

María Corina Machado y Henrique Capriles ejercen liderazgos antagónicos que se suman a las voces que salen de la clandestinidad ante unas posibles elecciones

La historia de la oposición venezolana es una historia de resistencia sin cuartel que periódicamente está a un paso de alcanzar el poder, pero que es reprimida una y otra vez antes de lograr su objetivo. La violencia desatada tras las elecciones de 2024 dejó un manto de silencio en el país: miles de escondidos, exiliados o encarcelados que volvió a cercenar el último intento por llegar al poder de forma pacífica y democrática, a través de elecciones. Sin embargo, la salida del presidente Nicolás Maduro del poder y la posible convocatoria de elecciones ha provocado un reacomodo entre los distintos sectores de la oposición. En el madurismo sin Maduro, nadie quiere perderse la película que comienza.

En las últimas semanas, el que fuera candidato presidencial Henrique Capriles se mueve tratando de aparecer como un centrista que lucha desde dentro del país. Y desde fuera, María Corina Machado intensifica su agenda internacional. El lunes estuvo con el Papa y este jueves se entrevistará con Trump en la Casa Blanca. Mientras todo eso pasa, opositores en la clandestinidad como Alfredo Ramos, exalcalde de la ciudad de Barquisimeto, han vuelto al país después de pasar 17 meses escondidos. Conscientes de que el exilio suele ser la muerte social de un político y confiando en una mayor apertura del régimen, nuevas voces aspiran a salir en las próximas semanas de la oscuridad en la que viven para reincorporarse al debate cuanto antes.

Frente a todos ellos, el Gobierno de Maduro y los hermanos Rodríguez —Delcy, presidenta encargada y Jorge en la Asamblea Nacional— habían diseñado una propia oposición con la que salvar las apariencias. En mayo del año pasado tomaron posesión del escaño un grupo de disidentes, entre los que están Capriles, Henry Falcón, Pablo Pérez, Stalin González, Timoteo Zambrano (amigo del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero), José Brito, Antonio Ecarri y Bernabé Gutiérrez.

Un grupo opositor cómodo para el chavismo que reclama la libertad de presos políticos y una mayor apertura, pero que no tiene fuerza alguna, ya que, al ser minoría en la Asamblea, no cuenta con los suficientes votos para ninguna propuesta legislativa. Entre ellos, sobresale Henrique Capriles, de vuelta a la vida política después de una década marginado y eclipsado por su antigua compañera María Corina Machado, con quien hoy está fuertemente enfrentado.

Capriles obtuvo su escaño después de apartarse de la Plataforma Unitaria Democrática (PUD) liderada por Machado, que llamó a la abstención en las elecciones del año pasado para elegir gobernadores y diputados de la Asamblea Nacional (Congreso). La consecuencia fue que Capriles regresó a la vida política al lograr representación, pero fue expulsado de su partido Primero Justicia por “traidor” a la “unidad antichavista”. Con un discurso enérgico y gran arrastre entre las clases populares, Capriles ha sido el más poderoso rival electoral al que se han enfrentado Hugo Chávez y Maduro, frente a los que perdió en dos ocasiones por un puñado de votos tras unas elecciones llenas de trampas. Después de 12 años de declaraciones erráticas y enfrentamientos estériles con sus antiguos compañeros, en mayo volvió sin honra por la puerta de atrás a la Asamblea, pero aprovecha cada ocasión para definir su nuevo espacio. Tres días después de los bombardeos sobre Caracas, Capriles apareció junto a Delcy Rodríguez avalando un Gobierno en estado de shock que oficializaba el relevo de su presidente.

Al contrario de lo que ha ocurrido con otros líderes opositores, Capriles ha logrado quedarse en Venezuela sin ser detenido. Sus mensajes siguen siendo antichavistas, pero se ha distanciado de la oposición en el exilio al proponer acercamientos al régimen intolerables entre la oposición en el exilio. Su objetivo es aparecer como un candidato de centro, capaz de conquistar a un electorado popular que recela del derechismo de Machado.

Frente a la oposición dócil, la última premio Nobel de la Paz es el rostro con mayor tirón del país. Antes de intentar volver a la clandestinidad en Venezuela, como ha prometido, multiplica sus apariciones internacionales, que comenzaron en Oslo. El lunes pasó por el Vaticano y el jueves tiene previsto entrevistarse con Donald Trump. En su agenda, la liberación de los presos políticos siguen siendo el primer punto de un programa impulsado junto a Edmundo González, su sustituto para enfrentarse a Maduro tras ser inhabilitada para participar en las elecciones. Ambos insisten en que no hay transición con presos políticos y han denunciado trampas en las excarcelaciones anunciadas por Jorge Rodríguez: “La cifra de 116 excarcelados no se corresponde con la realidad”, dijeron el martes en un comunicado en el que recuerdan que “solo se ha podido verificar la excarcelación de 56 personas”.

Junto a los movimientos que se producen en las cúpulas opositoras, en pequeñas ciudades y en los barrios también reaparecen las voces hasta ahora silenciadas. El exalcalde de Barquisimeto, Alfredo Ramos, dirigente nacional del partido progresista La Causa R, reapareció en público el viernes tras 17 meses de clandestinidad. Ramos forma parte de la Plataforma Unitaria de María Corina, que arrasó en las elecciones de julio de 2024. Tras la represión posterior ha estado escondido hasta que la semana pasada dio sus primeras declaraciones, animando a que nuevas voces dejen las sombras y den un paso adelante. Para muchos, sigue siendo el único programa electoral.

La historia de la oposición venezolana es la de un movimiento que enlaza dolor y desazón a partes iguales y que ha empleado todas las estrategias imaginables para tratar de doblegar al chavismo. Sin embargo, la irrupción de Trump ha renovado las esperanzas de una clase política que había tirado la toalla.

Desde el primer momento en que un exultante Chávez llegó en 1999 a Miraflores, la oposición trató de asfixiar económicamente al régimen organizando un gran paro petrolero que fue neutralizado. En 2002, Pedro Carmona organizó un golpe de Estado que duró menos de 48 horas y una década después, en 2013, la muerte de Chávez agitó nuevamente el tablero cuando murió de cáncer después de ganar sus últimas elecciones como un Cid Campeador bolivariano que ya agonizaba.

Entonces no fue el carismático Chávez, sino Nicolás Maduro quien retuvo el poder frente a Capriles gracias a unas elecciones llenas de irregularidades. Ni siquiera las gigantescas manifestaciones que durante días tomaron todas las ciudades de Venezuela arrodillaron al chavismo. El precio a pagar fue muy alto: los miles de venezolanos que se manifestaban contra Maduro fueron gaseados, golpeados, asesinados, encarcelados y perseguidos junto a sus familias, extendiendo el miedo entre cualquier que levantaba la voz.

Universidades como la de San Cristóbal no han vuelto a ser lo mismo después de la dura represión contra los estudiantes allí encerrados durante meses en 2015. Cientos de ellos jamás pudieron terminar los estudios y terminaron encarcelados o exiliados. Cuando la oposición finalmente ganó la mayoría en la Asamblea Nacional en 2015, tampoco logró imponerse porque el chavismo creó una Asamblea paralela que dejó sin poderes y sin dinero a la antigua. La oposición recurrió entonces a Juan Guaidó, aprovechando una puerta que se abría en la Constitución. Al controlar la Asamblea Nacional, nombró en 2019 a Guaidó ‘presidente encargado’, mismo cargo que ocupa ahora Delcy Rodríguez.

El nombramiento de Guaidó logró el reconocimiento de 50 países y Estados Unidos y la Unión Europea impusieron sanciones a Venezuela. La ilusión de que una nueva ventana se abría para terminar con el chavismo movilizó nuevamente a miles de personas de clases medias y bajas ilusionadas con un candidato que era las antípodas a ellos. Pero la represión volvió a ser brutal y nuevamente la oposición esperó la llegada de unas elecciones para medirse. Por entonces, ocho millones de venezolanos habían dejado el país.

En los comicios de 2024, finalmente, el Gobierno no permitió a Machado ser candidata, pero la solución Edmundo González arrasó en las urnas hasta que una nueva y furibunda ola de persecuciones impuso el silencio. Desde el 3 de enero, los viejos conocidos de la oposición se asoman a una ventana nueva.

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Sobre la firma

Jacobo García
Antes de llegar a la redacción de EL PAÍS en Madrid fue corresponsal en México, Centroamérica y Caribe durante más de 20 años. Ha trabajado en El Mundo y la agencia Associated Press en Colombia. Editor Premio Gabo’17 en Innovación y Premio Gabo’21 a la mejor cobertura. Ganador True Story Award 20/21.
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