María Corina Machado batalla por no quedarse fuera de una hipotética transición en Venezuela
La opositora deja pasar los desplantes de Donald Trump para no perder los vínculos con su aliado más importante

María Corina Machado, líder de la oposición venezolana y Premio Nobel de la Paz, tendrá esta semana una reunión personal con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, según ha confirmado la Casa Blanca. La conversación persigue llenar el vacío que ha producido el paradójico distanciamiento entre ambos en el momento más álgido, acaso decisivo, de la crisis venezolana, una vez que Nicolás Maduro ha sido sacado a la fuerza del poder.
Cuando Estados Unidos decidió finalmente meterse de cabeza en el país caribeño —eso que Machado había pedido durante meses—, la principal líder de la oposición sufrió un inesperado tropiezo. Tras el arresto de Maduro, la Casa Blanca calibró sus opciones y no pasaban por María Corina Machado. El propio Trump anunció una “transición” pactada con la ahora presidenta encargada, Delcy Rodríguez, y descartó a Machado como la persona idónea para liderar el país en esta situación.
“Es una mujer muy agradable, pero no tiene liderazgo interno, no tiene el respeto de todo el país”, dijo el republicano. Trump dejaba así —al menos de momento— al movimiento opositor con más apoyo dentro y fuera de Venezuela lejos de esa supuesta transición política, de la que se desconocen los términos. Y, lo más importante, sin vínculos orgánicos ni territoriales con la población en este momento. La prensa estadounidense, entre otras cosas, también ha aireado el aparente enfado de Trump por no haber sido él el ganador del Premio Nobel de la Paz.
Las decisiones de Trump, acompañadas de manera entusiasta por su secretario de Estado, Marco Rubio —el principal valedor de la interpretación de Machado y su equipo sobre la crisis venezolana—, implican una consecuencia más allá del simbolismo: que la Casa Blanca ha optado por pasar la página de los resultados electorales de las presidenciales de 2024, que de acuerdo a numerosos informes internacionales le otorgaron una amplia victoria a Edmundo González Urrutia, candidato de Machado (que estaba inhabilitada), sobre Maduro. Rubio llegó a decir que consideraba esos comicios ilegítimos.
“Me sorprende mucho esa descalificación a Machado por parte del presidente Trump”, afirmó estos días en varios medios Kevin Whitaker, diplomático estadounidense destacado en el pasado en Venezuela. “Su movimiento fue elegido de forma masiva en 2024. Al descalificarla a ella, lo ha hecho con todo ese movimiento”.
El tono ligeramente desdeñoso de Trump hacia la Nobel de la Paz —a quien rara vez, o nunca, llama por su nombre— ha producido sorpresa en la política local. También en Estados Unidos.

Varios funcionarios estadounidenses cercanos a la crisis venezolana han explicado en medios tras el ataque a Caracas que Trump está primando la cautela que le han recomendado sus servicios de inteligencia. Porque aunque Machado es enormemente popular entre la población, su liderazgo no tiene el necesario arraigo en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana que aún sostiene al régimen. Además, existe una nada desdeñable red de militantes y civiles armados por el propio régimen, distribuidos territorialmente —los famosos colectivos— que pueden amenazar cualquier aspiración de estabilidad.
Tras el ataque que acabó con Maduro y su esposa Cilia Flores en una prisión en Nueva York, Machado se declaró lista para asumir el poder. La opositora ha reiterado que el Gobierno chavista está “débil”, que su liderazgo está dividido y que la crisis nacional está “en su fase resolutiva”, pero su momento no termina de llegar. Sus llamamientos a la esperanza de los venezolanos son constantes. A finales del año pasado, colgó en las redes sociales un video llamado Tierra de Gracia en el que invitaba a los venezolanos a figurarse un país sin la tutela chavista, reconquistando su democracia, administrando correctamente sus recursos y recibiendo inversionistas de todos los confines del globo.
Además de las dudas de Washington, Machado y las corrientes opositoras se enfrentan a otro desafío adicional. Donald Trump no disimula su enorme interés por los recursos naturales de Venezuela y está tomando decisiones unilaterales sobre el futuro de un país que no es el suyo. Anuncia medidas, impone condiciones al chavismo y plantea una transición más bien hacia el medio plazo, sin concretar unas posibles elecciones. Habla mucho del petróleo y poco del regreso a la democracia. Así lo plantea Rubio: estabilización, recuperación y transición. Y ese tono hacia el país ha caído mal en la base social de la oposición.
“Estabilidad y democracia es lo mismo para Trump”, ha defendido el dirigente opositor Freddy Guevara, del partido Voluntad Popular. “Este escenario estaba siendo contemplado, con algunos matices. Está comenzando una transición, esto va a terminar en elecciones. Vamos en camino de restaurar la voluntad de las mayorías, acatando el resultado del año pasado”, explica.

Como nunca antes, una parte importante de los responsables de la oposición venezolana está mostrando un inusual hermetismo y renuencia a conversar con la prensa. Algunos de ellos alegan su enfado por el enfoque informativo que algunos medios internacionales dan a la crisis venezolana, presumiblemente por forzar argumentos a favor del chavismo.
Mientras, María Corina Machado sigue decidida a congraciarse con Washington y para eso ha tenido que apostar por el pragmatismo, a pesar de las contradicciones que ha impuesto la realidad en la última semana. Después de todo, Machado aspira hacer de Venezuela un aliado estratégico de los Estados Unidos en el futuro. Por eso, se ha mantenido en silencio frente a las decisiones de Trump sobre el control del petróleo y los recursos naturales, aunque ha expresado reservas sobre la viabilidad de una transición con Delcy Rodríguez. Machado ha elogiado la estrategia de Trump frente a Maduro y el chavismo y le ha agradecido de manera reiterada sus acciones y su interés por el país. La opositora le ha ofrecido incluso compartir con él su Nobel de la Paz. Lo importante es que ella y su equipo, insisten, están listos para gobernar Venezuela.
La zozobra que ha causado en el equipo de Machado la captura de Maduro sin que caiga el régimen, la han aprovechado sus adversarios internos en la oposición. Hace poco, Henrique Capriles, líder de los sectores moderados de esta oposición —que son muy inferiores en número frente a los seguidores de Machado—, cuestionó la actitud “aduladora” de la líder opositora y las corrientes que acompañan. “Están perdiendo el respeto de sus aliados”, acusó Capriles.
Se abre una nueva semana en Venezuela tras unos días a un ritmo trepidante en un escenario en el que todas las apuestas son inciertas. Por ahora, el futuro de Machado pasa por ese encuentro en la Casa Blanca. De cómo Donald Trump recibe a esa “mujer muy agradable” a la que casi nunca llama por su nombre.
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