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La oposición venezolana redefine su estrategia con una prioridad: el regreso de los líderes en el exilio

Los dirigentes antichavistas, con María Corina Machado a la cabeza, encajan el desplante de Trump y se preparan para reivindicar un espacio en una larga transición

María Corina Machado y Edmundo González en Caracas, en julio de 2024Foto: RONALD PENA R (EFE) | Vídeo: REUTERS

La inmensa mayoría de la oposición venezolana no tiene dudas: la transición hacia una democracia comenzó la madrugada del sábado tras conocerse la incursión militar de Estados Unidos en Caracas y la captura de Nicolás Maduro. El horizonte, sin embargo, se ensombreció con el paso de las horas y los principales dirigentes antichavistas, con María Corina Machado a la cabeza, adaptaron sus prioridades al desplante de Donald Trump. Si la primera reacción de la cúpula de las fuerzas opositoras fue su disposición a sustituir de manera inmediata a los cuadros chavistas, el baño de realidad impuesto por el mandatario republicano al elegir a Delcy Rodríguez acabó redefiniendo su estrategia. Lo primordial ya no es asumir el poder, sino volver a Venezuela.

El regreso no representa solo una condición mínima para empezar un cambio de ciclo, aun bajo la tutela de la Casa Blanca, sino una necesidad política urgente para la oposición en el exilio. Y hoy, como también ha recalcado el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, no quedan en Caracas líderes de primera línea de la Plataforma Unitaria Democrática (PUD). Machado, forzada a vivir en la clandestinidad para evadir la persecución del régimen, salió hace casi un mes para recibir el Premio Nobel de la Paz en Oslo y antes del ataque de la Delta Force estaba esperando el momento oportuno para volver. Ahora no oculta que su intención es “regresar lo antes posible”, según afirmó el sábado en la cadena conservadora Fox News, el medio que eligió para dar su primera entrevista desde la captura del mandatario bolivariano y dirigirse a los votantes de Trump.

Edmundo González Urrutia, el candidato que desafió a Maduro en las urnas el 28 de julio de 2024, lleva más de un año exiliado en España, desde donde sigue reivindicando un triunfo electoral reconocido por las principales instancias de la comunidad internacional, de Washington a Bruselas. Este domingo ahondó en el argumento de la paciencia estratégica avanzado por el exalcalde de Caracas Antonio Ledezma, también afincado en Madrid, en una tribuna publicada en EL PAÍS. González Urrutia difundió en redes sociales las fotografías de un encuentro con el expresidente del Gobierno Felipe González y recordó que “los procesos de transición democrática no son lineales ni simples”, sino que “requieren experiencia, visión histórica y la capacidad de distinguir entre lo urgente y lo esencial”. “La democracia se construye con principios firmes y decisiones responsables, incluso en los contextos más complejos”, agregó.

A estas ausencias se suman otras muy significadas, como la de Leopoldo López, refugiado en Madrid desde 2020, y Juan Guaidó, que en 2019 mantuvo durante meses un pulso con el sucesor de Hugo Chávez proclamándose presidente interino y hoy vive en Florida. En Venezuela la mayoría de los cargos opositores llevan meses desactivados por la represión del aparato gubernamental, operando en la clandestinidad o en la cárcel, donde permanecen alrededor de 900 presos políticos.

Además de su liberación, todos reclaman garantías de seguridad para una vuelta a casa, una tarea que confían a Estados Unidos. Una fuente al tanto de los movimientos dentro de la dirección opositora explica que esperan una llegada inminente de un contingente de funcionarios norteamericanos y la reapertura de la Embajada, cerrada desde 2019. “El desembarco no va a ser tanto boots on the ground [con botas sobre el terreno], sino con corbatas anudadas”, bromea un cargo opositor.

¿El espejo de la Transición española?

Mientras tanto, la urgencia de un cambio de régimen ha sido reemplazada por una tesis largoplacista. El espejo de la Transición española al que apunta la conversación entre González Urrutia y Felipe González es un camino asumido por muchos en ambas orillas del Atlántico incluso antes de la caída de Maduro. “Ahora es como si estuviéramos en 1975. Se acaba de morir Franco, los pactos de La Moncloa tardaron dos años y hubo que esperar tres para la aprobación de la Constitución”, resume la misma fuente. Salvando las distancias con ese episodio, incluso Santiago Carrillo, secretario general del PCE, volvió a España disfrazado y en condiciones de clandestinidad. Pero en esa ecuación no había un Trump ni se trataba de un proceso teledirigido desde la Casa Blanca.

El presidente de Estados Unidos confirmó, por otro lado, que no habrá elecciones a corto plazo, escudándose en que el deterioro democrático de Venezuela no permite la celebración de unos comicios con garantías. La información no carece de asideros, puesto que el chavismo controla en la práctica todos los resortes del Estado. Ese dominio omnímodo no solo de las Fuerzas Armadas, sino también de la justicia, el poder electoral, los renqueantes servicios públicos y la maltrecha industria petrolera fue la verdadera fuerza que permitió a Maduro borrar a sus rivales de cualquier tipo de competencia política limpia.

Ahora el que ha marginado a Machado es Trump, la misma persona a la que la dirigente dedicó su Premio Nobel. Pero mientras en las filas opositoras muchos aún tratan de encajar el golpe, la mayoría es consciente de la necesidad de retomar la iniciativa y sentar las bases para reivindicar su espacio durante una larga transición. Machado fue la última dirigente antichavista en aglutinar bajo un mismo propósito a todas las fuerzas que reclaman un cambio. A finales de 2023 arrasó en las primarias de la coalición y el respaldo no menguó a pesar de que no pudo participar en las elecciones presidenciales por estar inhabilitada. La candidatura de Edmundo González, su abanderado, acabó siendo aceptada por corrientes muy dispares y ese consenso se mantuvo hasta el pasado mes de mayo.

Entonces, un grupo de cargos genuinamente opositores, pero con diferencias tácticas, rompió la unidad al presentarse a los comicios parlamentarios. Los encabezaban el excandidato presidencial Henrique Capriles, Stalin González (que en su momento fue el número dos de Guaidó) o Tomás Guanipa, hermano de Juan Pablo, hoy detenido. Todos ellos tomaron posesión el lunes como diputados de la nueva Asamblea Nacional, que inauguró su periodo de sesiones con la jura de Delcy Rodríguez como presidenta encargada de Venezuela. Y todos ellos aspiran también a tener protagonismo en esta fase. Sin embargo, solo el regreso a Caracas de los dirigentes en el exilio y la liberación de los presos políticos acabará reformulando los próximos pasos del bloque, sus equilibrios internos y sus liderazgos en el futuro.

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Sobre la firma

Francesco Manetto
Es editor de EL PAÍS América. Empezó a trabajar en EL PAÍS en 2006 tras cursar el Máster de Periodismo del diario. En Madrid se ha ocupado principalmente de información política y, como corresponsal en la Región Andina, se ha centrado en el posconflicto colombiano y en la crisis venezolana.
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