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Ataque de Estados Unidos a Venezuela
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

¿Qué papel jugarán las fuerzas democráticas en Venezuela?

Cuando se aclaren las brumas de la guerra se sabrá si Trump negocia con el chavismo o se entiende con Machado

Independientemente de lo que termine ocurriendo en Venezuela, el destino del país cambió dramáticamente el 3 de enero en la madrugada tras la captura de Maduro, el dictador de Venezuela. Lo que un analista caracterizó como un juego de póker, donde Trump llevaba las de perder, se convirtió en el juego de ajedrez que dicta la geopolítica. Todavía no se sabe si las fuerzas de operaciones especiales que capturaron a Maduro obraron solo con la inteligencia local necesaria o si el dictador fue traicionado. En cualquier caso, se ha entrado en otro juego completamente diferente.

María Corina Machado ha sido muy clara al afirmar que estamos al comienzo de una nueva era y que con Edmundo González Urrutia como presidente las fuerzas democráticas están listas para gobernar. Esas palabras pueden estar cargadas de un optimismo injustificado o apuntar a un papel más directo en los cambios por venir, pero su responsabilidad es velar por el reconocimiento de la soberanía popular violada el 28 de julio de 2024 y reclamar su derecho a gobernar.

Hasta el momento en que se escriben estas líneas estamos en presencia de un juego de dos factores: lo que resta de la cúpula chavista y la Administración Trump. La entrega del premio Nobel de la Paz a María Corina Machado significó un reconocimiento mundial al papel de las fuerzas democráticas que todavía la Administración Trump no admite completamente—con excepción sotto voce de Marco Rubio. Habrá que esperar que se despejen las brumas de la guerra y se asiente el rumbo de las nuevas acciones para saber cuál será su papel real. Lo cierto del caso es que no hay vuelta atrás y se abren dos escenarios principales. La salida de Maduro no es poca cosa: se había convertido en el gran sobreviviente al imperialismo norteamericano, un papel que solo le correspondía a Cuba y ahora solo le espera una braga naranja en un juzgado en Nueva York.

El primer escenario, el menos optimista, involucra negociar con Delcy Rodríguez, la sucesora de Maduro en la presidencia y buscar un reacomodo que facilite la inversión masiva estadounidense en el negocio petrolero. Pero como ha sido reportado, la mayoría de las empresas petroleras americanas no están dispuestas a invertir en medio de una situación donde no hay respeto alguno por los derechos de propiedad o simplemente con garantías judiciales mínimas. Ya ocurrió en la época de Chavez, que las inversiones realizadas fueron expropiadas sin compensación, lo que condujo al colapso de la industria petrolera que conocemos.

En esa primera opción, aunque las fuerzas democráticas sean apartadas de cualquier negociación, siempre contarán con el apoyo mayoritario de una población que se expresó con claridad meridiana en 2024 y que no le ha quitado su apoyo a González Urrutia y a María Corina. Aun en las peores circunstancias, con toda su dirigencia en prisión, clandestina o exiliada, los venezolanos los han seguido apoyando. Y en esas condiciones un gobierno de Delcy Rodríguez tendrá que ceder en numerosos terrenos, como por ejemplo liberar a los más de 1.000 presos políticos o garantizar nuevas elecciones. Esta semana la Asamblea Nacional tendrá que decir algo al respecto.

La segunda opción es lo que Trump en su alocución llamó la “segunda oleada”, es decir otra acción militar que quiebre el resto de la dictadura. Eso necesariamente obligará a Trump a entenderse con las fuerzas de María Corina y Edmundo González, que tienen la capacidad política para gobernar y eventualmente negociar con el FMI una recuperación financiera. Declarar, como lo hizo Trump, que EEUU gobernará el país no se lo creen ni ellos mismos. Sin duda el camino será tortuoso porque el control del chavismo del mundo militar y la seguridad, de la justicia y de las gobernaciones es total. Y para lograr enderezar el barco habrá que adelantar numerosas negociaciones parciales con cada uno de esos segmentos de poder. Pero también adelantar amnistías parciales y garantías (la llamada justicia transicional) a aquellos que no estén involucrados en delitos graves o de lesa humanidad. Estamos hablando de numerosos oficiales militares y policiales de segundo nivel y no está claro como pueda responder el sufrido pueblo venezolano a tales concesiones al realismo político.

Siempre habrá espacio para salidas intermedias o una mezcla de las anteriores e incluso para una sobrevivencia del régimen dictatorial bajo condiciones similares a las actuales, pero esto último no luce muy probable. Si es verdad, como se ha documentado profusamente, que el liderazgo chavista se ha apropiado de trillones de dólares, muy probablemente sus principales dirigentes (y sus familias, a las cuales les encantan las mieles del capitalismo) querrán poner a buen resguardo los bienes mal habidos y salvar lo salvable.

Estamos en un periodo de plena incertidumbre y el juego de ajedrez apenas comienza. Es de esperar que en la medida en que las brumas de la guerra y sus narrativas se vayan aclarando, suban a la superficie los hechos que irán determinando en que dirección sopla el viento.

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