“Fuerte Tiuna está explotando”: así se ha vivido en Caracas el ataque de Estados Unidos
El silencio oficial sobre el número de víctimas era total mientras aumentaban los testimonios de miltares heridos

Caracas estaba en completo silencio la primera noche tras el ataque militar de Estados Unidos por el que se detuvo a Nicolás Maduro. Las horas corrían con la misma extrema cautela que se percibía en las calles. Apenas algunas filas en los supermercados y tiendas de personas tratando de aprovisionarse ante la llegada de días de incertidumbre trastocaban el clima, falto de claridad también sobre las consecuencias de los ataques. Al final de la noche del viernes, 20 horas después de los ataques, no había un balance oficial de los heridos y muertos durante la operación militar ejecutada por Estados Unidos en Venezuela.
Los vecinos de los alrededores del Fuerte Tiuna, en el suroeste de Caracas, donde ocurrieron la mayor parte de los ataques, salieron a la calle a intentar buscar señal y lugares donde cargar sus teléfonos al quedarse sin electricidad desde la primera explosión. Mientras, el silencio sobre el número de víctimas era total. La vicepresidenta Delcy Rodríguez no se refirió al tema en las dos intervenciones públicas que hizo en el día. Por su parte, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, que solo habló durante la madrugada anticipó que estaban recabando la información para dar el parte, que nunca llegó. El vacío de datos lo ha llenado algunas organizaciones de médicos en el país, que señalaron que había entre 40 y 90 heridos que han sido recibidos en dos hospitales militares de la ciudad y otros centros asistenciales. Algunos medios apuntaban que la cifra de muertos podía alcanzar las 100 personas, la mayoría de ellos militares y sus familias.
En la noche, los medios oficiales de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana han comenzado a difundir testimonios de militares heridos. En una de las entrevistas hechas por Telesur desde los hospitales donde son atendidos, el sargento Francisco Machillanda cuenta que tuvieron accionar sus armas para evitar que uno de los helicópteros estadounidenses se posara en la unidad que estaba defendiendo. Según el oficial, lograron disuadirlo pero igual quedaron heridos.
En otro video el sargento mayor Ricardo Salazar relata cómo muy cerca de la base aérea La Carlota, en Caracas, fueron destruidos equipos lanzadores de misiles que habían sido movilizados al área en las últimas semanas de creciente tensión con Estados Unidos. “Escuché la explosión y puros silbidos. Salí corriendo con mis dos Igla-s (un misil de defensa antiaérea de corta distancia) y cuando me lo monté en el hombro cayó una bomba o no sé qué y salí volando con mi otro compañero. Cuando me levanté todo estaba desbaratado”, cuenta el militar entre lágrimas.
La madrugada de este sábado, 3 de enero, el cielo ha tronado sobre Caracas con múltiples explosiones que han roto el silencio posterior a las fiestas navideñas. La capital de Venezuela, donde viven 3,5 millones de personas, ha amanecido paralizada y con las calles semivacías, en medio de la incertidumbre tras el ataque estadounidense que ha culminado con la captura del líder chavista, Nicolás Maduro.
Las declaraciones de Donald Trump sobre la operación y, sobre todo, la ausencia de información del Gobierno venezolano durante las horas siguientes a las explosiones, ha empujado a la gente a prepararse para un panorama desconocido. El republicano ha dicho que están preparados “para dirigir el país mientras se llega a una transición segura”, sin dar más detalles.
La gente se agolpaba el sábado en largas filas en los pocos negocios abiertos para comprar provisiones. En varios supermercados se han agotado los bidones de agua y las toallas sanitarias y muchos estantes lucen arrasados. “Esta es la cola más feliz, pero no podemos celebrarlo”, comenta una mujer que se quedó sin electricidad con la primera explosión, que no se atreve a imaginar cómo serán los próximos días. “Por ahora espero que regrese la luz”, agrega a sus compañeros de una fila que transcurre entre conversaciones cotidianas y el balance de la peregrinación por otros negocios en busca de víveres.
La fotografía de Nicolás Maduro esposado y cubierto en sus ojos y oídos ha corrido por redes sociales, pero parece haber consenso en que es mejor ni comentarla. Hay, en cambio, inquietud por lo dicho por Trump sobre el papel de la referente opositora María Corina Machado en una transición esperada desde 2024, después de las presidenciales en las que la oposición logró demostrar que ganó, pese a que Maduro se quedó en el cargo.

Desde hace meses, los venezolanos intentaban no pensar en el ataque militar por tierra que el presidente Trump prácticamente anticipaba cada día. La operación de esta madrugada estuvo precedida por una intensa campaña de presión de cuatro meses que incluyó bombardeos contra supuestas narcolanchas —con más de un centenar de víctimas mortales—, sobrevuelo de aviones de combate y un ataque que pasó casi inadvertido en los últimos días de diciembre contra un muelle usado para traficar con drogas. Pero lo ocurrido este sábado ha sido totalmente distinto. Durante dos horas, por primera vez, varias localidades de Venezuela, incluida la capital, fueron bombardeadas.
Los venezolanos lo han vivido sin entender bien lo que estaba ocurriendo hasta que los grupos de WhatsApp han comenzado a hablar de destellos de fuego, incendios y columnas de humo. Los vídeos difundidos por internautas mostraban incendios en el puerto de La Guaira, a 30 kilómetros de Caracas, caída de misiles en la ciudad costera y unos edificios residenciales con las paredes destruidas por el ataque.
“En el edificio 12 murió una señora, cuando llegó al hospital no podía respirar. El bloque [edificio] quedó lleno de huequitos de la explosión. Quedó destruido”, aseguraba en redes sociales una vecina del litoral central.
En Caracas apenas se ven personas por las calles, y tampoco hay servicio de transporte público en las zonas populares. Los ciudadanos se mantienen en sus casas pese a que, aún de madrugada, el Gobierno hizo un llamamiento a salir a la calle y activar el sistema de defensa, basado en la llamada unión popular, policial y militar. En sectores como el conocido como 23 de enero, una parroquia cercana al palacio presidencial de Miraflores que concentró algunos de los ataques, los colectivos armados aliados del chavismo hacen rondas, según cuentan algunos vecinos.

“Oí la primera explosión y cuando abro la puerta volaron los aviones que había ahí”, ha escrito en redes un hombre de la zona de Higuerote, a 120 kilómetros al este de Caracas, en el Estado de Miranda, donde el ataque se dirigió contra un aeropuerto.
“Fuerte Tiuna está explotando”, se oye a un joven en otra grabación también difundida en redes, que muestra el paso de una decena de helicópteros militares volando bajo sobre Caracas. En esta base militar, el principal complejo de las Fuerzas Armadas, se produjo el mayor número de detonaciones, a las que siguió una espesa nube gris que se apreciaba desde lejos.
En esa instalación está la sede del Ministerio de Defensa y también tienen una residencia Maduro y otros altos cargos. El chavismo ha construido en el recinto castrense edificaciones para oficiales y civiles, que fueron evacuados durante la madrugada.
Hora y media después de los ataques, el Gobierno ordenó la activación de un estado de emergencia que no se sabe bien en qué consiste. Ha llamado a sus seguidores a salir a la calle y activar “la lucha armada”, pero lo que ha reinado es el silencio, justo después de que cesaron los sobrevuelos y las explosiones. El temor y la incertidumbre del despliegue que pueda hacer el chavismo de los cuerpos de inteligencia y de sus grupos de choque se mantiene, aunque a más de 15 horas de los ataques aéreos y la captura no había señales de ello.
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