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En colaboración conCAF

Acceso y acompañamiento: las asignaturas pendientes para la inclusión financiera de las mujeres

Cinco expertas recuerdan el nefasto impacto que tiene excluir a la mitad de la población del tejido empresarial

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“Hay una verdad que incómoda en las finanzas. Somos las mujeres las que mantenemos la economía a través de los cuidados, la agricultura y el comercio. Sostenemos el sistema económico y el social y paradójicamente es el sistema quien nos deja afuera”. Esta es la contundencia con la que Paola Pabón, prefecta de Pichincha, Ecuador, abre la conversación para hablar de inclusión de las mujeres en el tejido financiero, en una de las ponencias del Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026. “Apostarle a esto no es asistencia social; es tocar el corazón de la economía de las naciones”.

La brecha en derechos económicos es gigante. Cerca de 740 millones de mujeres en todo el mundo carecen de servicios bancarios y tienen un 15% menos de probabilidades de que sus solicitudes de crédito sean aprobadas, incluso con perfiles similares a los hombres. Todo ello a pesar de que las tasas de morosidad son inferiores en el caso de ellas. “Los incentivos en reducción de tasas de interés de los créditos son un buen negocio. Somos buenas pagadoras”, añadió Alejandra Mora Mora, secretaria ejecutiva de la CIM/OEA.

Stella Guillen, presidenta de la agencia financiera de desarrollo de Paraguay, quiso ponerle datos a esta realidad y aseguró que, si bien la tasa de morosidad de microempresarios no supera el 2,8%, cuando el préstamo es concedido a mujeres, ronda el 0,2%. “Esta información tiene que llegar también a la banca privada para que lo incluyan en su cultura financiera”, explica. “Después de estos casos de éxito empiezan a ver a la mujer como una empresaria a la que acompañar en el camino del emprendimiento”.

En el evento, organizado por CAF-banco de desarrollo de América Latina y el Caribe, en colaboración con el Grupo Prisa (editor de EL PAÍS), a través del foro World in Progress (WIP), Pabón lamentó los mil y un traspiés que encuentra una mujer que quiere emprender. “El sistema financiero no entiende que es el mercado quien tiene que adaptarse a lo que necesitan las mujeres. No al revés”, explicó. Mora concordó y señaló dos trabas principales: el acceso y el acompañamiento de estas durante el proceso. “No existen productos específicos que entiendan las necesidades y los ciclos de vida de las mujeres. Los obstáculos no se van a resolver sin instrumentos jurídicos que tengan en cuenta la perspectiva de género”, narró.

La costarricense insistió en estandarizar las buenas prácticas que son extrapolables a los países vecinos. “Tenemos que aspirar a crear políticas nacionales en enfoque de género. No es posible seguir hablando de pedacitos de un proceso tan urgente. Para ello, necesitamos datos desagredados, medidas de protección para la consumidora financiera y educación financiera”.

En esta sesión, las ponentes abordaron la necesidad de escalar leyes de inclusión financiera, sellos de igualdad para instituciones financieras, bonos de género, líneas de crédito para pymes lideradas por mujeres, y otros instrumentos transformadores, cuyo impacto va mucho más allá del beneficio económico de las mujeres. “Ya está demostrado que cuando un negocio liderado por una mujer va bien la beneficia a ella, a su familia y a la comunidad”, defendió Pabón, quien insistió en mostrar que la igualdad de oportunidades también una estrategia central de desarrollo económico.

Más allá del acceso y del acompañamiento, las expertas también subrayaron la necesidad de que las mujeres empiecen a creer en todo el potencial que tienen para el mundo de los negocios. “Tenemos que recobrar la confianza para invertir y emprender”, animó Mora. “Esto también es para nosotras”.

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