Samuel López, el obrero que guía a Alcaraz: “Se puede llegar aquí sin haber sido un ‘megacrack”
El reemplazo de Ferrero como técnico principal del número uno se abrió camino desde la base. Una ascensión atípica y marcada por la naturalidad y lo auténtico


La de Samuel López (Alicante, 55 años) es una de esas historias que merecen la pena, de autenticidad, con aires de lo cotidiano. Cada vez más excepcionales en el tenis. La de un hombre curtido en la sombra de la formación y la élite de los banquillos, alejado del glamour prototípico que envuelve la primera línea de un mundillo en ocasiones postizo, de apariencias. Él era, es y será Samu. A secas. Un tipo normal. Sencillo, afable y sin impostura alguna, conversa con los enviados especiales justo antes del entrenamiento previo al duelo de semifinales con el alemán Alexander Zverev (4.40, Eurosport). “Gracias, gracias, gracias”, repite. Está de enhorabuena. Cuando Juan Carlos Ferrero salió hace poco más de un mes del equipo de Carlos Alcaraz, sonaron más y más nombres: ¿Murray? ¿Federer? ¿Agassi tal vez? ¿Y por qué no Nadal? El murciano (22) lo tenía muy claro: era él. Un currante. Con Samu al fin del mundo, defiende el número uno.
● Una oportunidad de oro. “Es muy complicado que le llegue a alguien que no sea de renombre, que no haya sido una figura. Poder dirigir a Carlos y viajar con él, con todo lo que representa y todo lo que mueve, quizá no vuelva a plantearse nunca. Es una ocasión única. Hay muchísimos entrenadores muy buenos a los que nunca les llega una posibilidad así”.
● ¿Se lo hubiera imaginado cuando empezó? “Pues no, en ese momento no. Aunque también es verdad que yo viajé con Juan Carlos [Ferrero] cuando él era número uno o número dos del mundo; el tenía 22 años y yo 32. No sé si entonces me lo hubiera creído o no, pero sí que a veces lo pienso y digo: ‘quizá algo estaré haciendo bien”.

● Luz para la clase trabajadora del circuito. “Sí, quizá es una de las mayores satisfacciones que tengo. El otro día me lo decía un amigo en la academia [que levantó de la mano de Antonio Martínez Cascales, en 1995, sobre unos terrenos de Villena]: con esto se pone en valor que no solo se puede llegar hasta aquí siendo un megacrack como jugador, sino también trabajando desde la base, desde el minitenis hasta los adultos. Al final, se trata tener pasión por lo que haces y buscar tu camino”.
● La reivindicación de Alcaraz (“es uno de los mejores técnicos, si no el mejor”). “Eso es normal. Ocurre en todos los deportes. En el fútbol, por ejemplo, Zidane tiene esa ventaja en el Madrid frente a un entrenador que viene desde abajo. Yo no he podido vivir ese tipo de experiencias como jugar un Grand Slam, una semifinal o una final estando en la pista, pero sí he tenido la experiencia de acompañar a jugadores importantes [como Nicolás Almagro o Pablo Carreño, al que dirigió durante nueve años]. Le agradezco mucho sus palabras; estoy muy agradecido y, por supuesto, intento ser uno de los mejores cada día”.

● El manejo de la presión. “Me centro en dar el cien por cien y llegar hasta donde llego. No siento esa presión constante. Es verdad que en las primeras rondas de un Grand Slam se nota más, y más por la situación con la que veníamos. Pero, pasado eso, cada día te sientes más cómodo. Presión siempre va a haber, sería estúpido decir que no, pero yo me fijo en hacer todo lo posible y en estar tranquilo conmigo mismo”.
● Aprender a escuchar. “Carlos sigue madurando, y eso nos pasa casi a todos. Aprender a escuchar es lo más importante para entender realmente qué te están diciendo. Y luego, además, está aprendiendo a comunicar. El jugador es una persona que, desde pequeño, se cría en la disciplina: te dicen qué debes hacer y tú lo haces, no preguntas, pero llega un momento en el que ese aprendizaje evoluciona —yo hablo del aprendizaje del mono, del caballo, y luego el del adolescente o el que empieza a ser maduro—, donde ya entran las reflexiones. Pero esas reflexiones tienen que ir acompañadas de dar tu opinión. Creo que Carlos está en esa fase: en la de expresar lo que cree, hablarlo y llegar a acuerdos. Es un mensaje bidireccional”.

● Complicidad, naturalidad y expresiones en clave. “Siempre he sido así, me sale, lo llevo conmigo. Siempre me ha gustado comunicarme con el jugador con palabras o frases que él pueda entender porque han surgido antes en los entrenamientos. Es otra forma de dar una instrucción, pero de manera más alegre, sin darle tanta carga ni tanta importancia. Se trata de mandarle mensajes para desestresar y quitarle esa tensión que lleva dentro. Al final, yo recalco mucho que esto es un juego; no nos va la vida en ello, no nos va a cambiar la vida. Dentro de eso, claro que todos queremos que gane. Y él es el que más quiere ganar”.
● Antes era el complemente de Ferrero. ¿Ha cambiado algo? “Absolutamente nada. Nosotros ya teníamos todo planificado, lo habíamos hecho en conjunto, y hemos llevado a cabo todo lo que estaba planificado, añadiendo algunas cosas para que él fuera más partícipe. Lo que sí ha cambiado es que ahora recae más responsabilidad sobre mí. Mi responsabilidad es preparar el trabajo lo mejor posible y luego, como digo, el pescado está vendido: lo que tenga que salir, saldrá”.
UN LEMA POR BANDERA: ‘JOGO BONITO’
Alcaraz se medirá la próxima madrugada con Zverev, tercero del mundo, en busca de su primera final en el Open de Australia. Y López considera que su jugador llega en un “buen momento” y “mentalmente preparado”. El líder de la ATP no ha entregado ningún set y ha ido de menos a más.
Incide en el nivel de servicio del alemán —80 aces, más que ninguno—, pero al mismo tiempo remarca que Alcaraz “debe concentrarse en su juego, como a él le gusta”. Y ejemplifica: “Yo siempre digo lo de la camiseta de Brasil [que el otro día lucía el tenista]: hacerlo bonito [el jogo bonito], dar espectáculo. Eso es lo que a él le gusta”.
Satisfecho con la evolución de estos días del murciano — “el tenis ya le está saliendo de forma natural”—, dice que ha mejorado “en prácticamente todo”. Y subraya: “Si tuviera que decir en lo que más, diría los primeros tiros: tanto el saque como el golpe siguiente, y el resto y el tiro posterior”.
Da la casualidad de que Zverev, en una versión más agresiva, es el mejor del torneo en la estadística de servicio +1 golpe, con un 93% de efectividad; Musetti (91%) está en medio y Alcaraz es tercero, con un 88%. El técnico marca la línea: decidirá quién apriete más, quién “golpea primero”.
Añade que Alcaraz debe entender “que no todo es potencia” y menciona “la precisión, la colocación y la profundidad”, especialmente en las devoluciones, como uno de los apartados en los que más énfasis están poniendo. Ahí, recalca, es donde el de El Palmar tiene un margen de mejora mayor.
Atrás quedan ya las desconexiones, esos despistes del tenista que le provocaban con relativa frecuencia algún que otro susto, si no un disgusto. “Siguen existiendo”, dice. “Porque es casi imposible mantener una línea completamente estable, pero cada día hay menos altibajos”, cierra López.
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