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María José Pizarro, jefa de debate de Iván Cepeda: “Los ocho millones de votos para el Congreso fueron nuestra consulta”

La senadora del Pacto Histórico define a su partido como la fuerza política mayoritaria en Colombia, pero reconoce que necesitan de los indecisos para ganar la Presidencia

María José Pizarro, en Bogotá, este martes.ESTEBAN VEGA LA-ROTTA

Abanderada de la unidad de la izquierda en Colombia, la senadora María José Pizarro (Bogotá, 47 años) es una de las mujeres más visibles en el Pacto Histórico, la variopinta coalición de Gobierno que se fusionó en un partido político para las elecciones de este 2026. Progresista y feminista, es también la jefa de debate de Iván Cepeda, el líder de la encuestas en la campaña para encontrarle sucesor al presidente Gustavo Petro. Cuando se posesionó, el 7 de agosto de 2022, ella fue la encargada, al borde de las lágrimas, de ponerle la banda presidencial, en una ceremonia cargada de simbolismo. María José, como la suelen llamar, es hija de Carlos Pizarro, el comandante del M-19 que firmó la paz, asesinado en 1990 cuando era candidato presidencial. El eme, como se conocía a la guerrilla a la que también perteneció Petro, persistió en ese acuerdo de paz y fue protagonista de la Asamblea Constituyente que redactó la carta política de 1991.

Pregunta. ¿Cuál es su balance de las legislativas del domingo, en las que el Pacto Histórico mantuvo la mayor bancada del Senado?

Respuesta. Es el resultado de años de trabajo, de haberle propuesto al país una ruta democrática en la que fuimos siguiendo cada paso, a pesar de las adversidades. La gente entendió que el proyecto político era sólido, que ofrecemos un camino diferente, que habíamos consolidado una apuesta de democracia interna importante, que nos permitió llegar cohesionados, organizados, con una gran capilaridad territorial. Con un mensaje claro para los votantes. El respaldo al presidente Petro se vio reflejado en las elecciones. También un rechazo a lo que ocurrió estos cuatro años en el Congreso, donde primó el filibusterismo frente al debate sobre las ideas para sacar adelante las reformas por las que había votado la gente. Aquellas personas que la gente percibió como muy ambiguas en términos ideológicos terminaron castigadas. El centro político se reduce, y las maquinarias también. Nos consolidamos como la fuerza política más grande, más importante y mayoritaria en Colombia. Es innegable.

P. ¿Los votos de la izquierda son suficientes para ganar en la primera vuelta presidencial?

R. No sé si sean suficientes. Ahora, tenemos que preguntarnos cuál es la identidad que la gente siente hoy con los distintos proyectos políticos. Creo que hay un sentimiento de esperanza, de creer. La gente lo está expresando de esa manera, no solamente en las urnas. Somos un proyecto de izquierda, progresista, popular… es decir, buscamos conectar con la gente. Lo que se vio es que hay un apoyo mayoritario, no quiere decir que con eso sea suficiente. Siempre debemos ir más allá de nosotros mismos, precisamente por eso hemos crecido. Pasamos de tener tres representantes a la Cámara en el 2018, a más de 40 en el 2026. Eso nos consolida. Crecemos porque tenemos la capacidad de dialogar, y le mostramos soluciones a la gente, a sus problemas reales. La gente a la que nunca habían mirado en este país, que no se sentía representada. Tenemos que seguir trabajando.

P. ¿El triunfo en primera vuelta está al alcance?

R. El presidente está en el 50% de favorabilidad, quiere decir que nuestro margen no es tan alto. Somos un partido que tiene tres meses. Nos trazamos una ruta para unificarnos a pesar de las diferencias. Estamos aprendiendo a convivir en la misma casa. Eso tenemos que amalgamarlo con el crecimiento que ha tenido Iván Cepeda. Nos decían que tenía un techo del 30%, lo estamos rompiendo. Vamos avanzando. Lo vamos a seguir haciendo de manera responsable, con presencia en las calles, en las veredas, en un diálogo franco con la gente.

P.¿Dónde están los votos que les hacen falta para llegar a la Presidencia?

R. Los votos están en la calle, son personas. Están en unos sectores importantes que hoy están indecisos. La gente siente que su vida sí está cambiando, y por lo tanto va dejando atrás la apatía política. Por supuesto, hay sectores del empresariado y regiones donde podemos crecer. Lo que llaman el centro finalmente tendrá que definirse. Si se va a las propuestas que ofrecen desde el Centro Democrático, desde la derecha colombiana, si se sienten seducidos por esa política del espectáculo, o si buscan una propuesta seria, sensata.

P. ¿Qué representa la escogencia de Aida Quilcué como fórmula vicepresidencial de Cepeda?

R. Es una lideresa histórica del movimiento indígena, una defensora de derechos humanos que tiene décadas de presencia en la vida nacional. No llega de repente. Tal vez muchos no la habían visto, porque no miran esa parte del país, pero lo cierto es que Aida Quilcué es un referente, la líder indígena más importante que tiene Colombia. Es un símbolo también. Muchas personas van a querer encasillarla, pero hay cientos de miles de mujeres que se pueden sentir identificadas con ella, con su lucha. Es una madre, una mujer que también ha sufrido los embates de la violencia. En el 2008, por asesinarla a ella terminan asesinando a su esposo, y queda sola a cargo de su hija. Entiende el movimiento social colombiano, y es respetada por todos los sectores progresistas y de izquierda que lo componen.

P. Otra senadora del Cauca, Paloma Valencia, es la candidata de la derecha. ¿Identifican en ella el rival a vencer en las presidenciales?

P. Eso lo tendrá que definir el uribismo, que por ahora está dividido. Es una gran diferencia con nosotros. Ellos tienen dos candidaturas presidenciales, ambas impulsadas por Álvaro Uribe Vélez. Por un lado está Abelardo de la Esprilla, por el otro Paloma Valencia. Es nieta de presidentes, educada para el poder, hace parte de las élites políticas y fue formada para algún día ser presidenta. Representa a esos sectores que nos han gobernado durante 200 años. Aida Quilcué, todo lo contrario. No solamente a los pueblos originarios, sino a los pueblos de Colombia en toda su diversidad, campesinos, afro…Paloma Valencia representa el país de papel, Aida Quilcué uno de carne y hueso, que ha tenido que vivir en medio de inmensas dificultades hasta que finalmente llegó un Gobierno que los miró, y sienten propio.

P. ¿Qué lugar le gustaría ocupar en un Gobierno de Iván Cepeda?

R. Ya lo veremos. Primero ganemos la Presidencia, un segundo gobierno progresista, y luego si contemplemos cuál es el mejor lugar para aportarle al proyecto y al país.

P. ¿El Pacto Histórico todavía se plantea tender puentes con otros sectores de centro o liberales en esta campaña? ¿En qué quedó la idea de un Frente Amplio?

R. No es un momento para actuar desde la soberbia. La soberbia llevaría a pensar que porque somos la fuerza mayoritaria, las otras fuerzas políticas aliadas tienen que plegarse a nosotros. Al contrario. Cuando demuestras el empuje político que tienes, eres el que tiene que abrir las puertas y tener una actitud generosa. Por otro lado, sí debemos decir que la conciencia y el pensamiento liberal tienen un lugar de reconocimiento en esta fuerza política. Sabemos que allí está el germen, inclusive, de nuestra propia formación ideológica. Recogemos esa tradición liberal, como recogemos las tradiciones campesinas y a los pueblos ancestrales, mestizos, afro. Y no los queremos marginados del poder.

P. ¿La consulta del Frente por la Vida, en la que ganó el exsenador Roy Barreras, sin Cepeda en el tarjetón, dejó heridas abiertas? ¿Hay fracturas en el progresismo?

R. Una consulta progresista sin el líder del progresismo, que en este momento es Iván Cepeda, no lo es. El Pacto Histórico es la fuerza progresista de Colombia, tiene expresiones como el Partido Comunista, la tradición del Polo Democrático, la historia de la Unión Patriótica, fuerzas que vienen de la Alianza Democrática M-19 y los movimientos sociales y populares. La minga indígena es una de las organizaciones fundantes del Pacto. Nos pueden criticar, pero no podíamos llamar a votar por una consulta en la que no estábamos. Si el Consejo Nacional Electoral de manera absolutamente arbitraria excluye al candidato de la fuerza política más importante, que tenía el mandato de representarnos en esa consulta del 8 de marzo, por supuesto que debíamos sentar un precedente. Esa es la Colombia de papel. Aun así llegamos a las urnas, sacamos 4,4 millones de votos para el Senado, otro tanto para la Cámara. Es decir, 8 millones de votos. Esa fue nuestra consulta.

P. ¿En que aspectos se diferencia Iván Cepeda de Gustavo Petro? ¿En qué sería distinto su Gobierno?

R. Son dos personas completamente diferentes. Tal vez no en términos ideológicos, hacen parte de la misma generación, tienen un acumulado cada uno, desde ámbitos diferentes. Se conocen hace muchos años, hay una relación de confianza, sus formas también son diferentes. Estamos aprendiendo a convivir con esas dos formas distintas –no opuestas– de hacer las cosas. ¿Qué puede esperar la gente? Iván es organizado, súpercumplido. Es una fuerza muy serena, y eso es importante también para este momento. En términos de lo programático, de lo que se defiende, del compromiso con el proyecto político, de cumplir a lo que nos comprometemos, estamos hablando de coherencia y de carreras que son muy paralelas. No existen dos seres humanos iguales. El presidente Petro va a ser inolvidable.

P. Compartió con el senador Cepeda la congelada mesa de diálogos con el ELN…

R. Con Iván tengo una historia de muchos años. Él ha sido un referente para nuestra generación, el hombre que enarboló en su momento toda esta lucha por la justicia y nos impulsó a todos a asumir un camino similar. Nos encontramos en el trabajo por la memoria, en la lucha por la verdad. Lo acompañamos cuando iba a ser representante a la Cámara por primera vez. Nos emocionamos con la fundación del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado, donde muchos de nosotros nos recogemos. La vida nos llevó a ser compañeros en el Congreso y ahora, en esta última etapa, a compartir este empeño por la paz en Colombia.

P. ¿Qué lecciones le dejó su participación en esa mesa con el ELN?

R. Me deja el sinsabor de no haber logrado que los diálogos prosperaran y avanzaran. Soy hija de un hombre que fue firmante del primer acuerdo de paz exitoso en Colombia. Aprendí, por lo que vi de mis padres siendo yo una niña, que dejar las armas es una decisión personal. A pesar de que el acuerdo político con el M-19 se cayó en el Congreso, ellos tomaron la decisión de hacer la paz, por convicción. Mataron a mi padre 45 días después de haber firmado la paz, y aún así ellos habían tomado esa decisión; lo que le entregaron a Colombia fue un camino de paz y una nueva Constitución política. Desde mi perspectiva, el ELN no había tomado la decisión de dejar las armas. Y la paz no es una imposición ni es una ley, es una decisión. Ellos no la han tomado, y mientras tanto en los territorios la gente tiene que vivir en medio de la violencia. Eso para mí es injustificable.

P. El Pacto Histórico obtuvo la mayor bancada del Senado, y Cepeda es uno de los favoritos para suceder a Petro. ¿Realmente hace falta una Asamblea Constituyente para cambiar la de 1991, como propone el presidente?

P. Lo que creo es que la Constitución de 1991, en su espíritu fundante, ha sido incumplida. Pasamos de ser un Estado de derecho a un Estado social de derecho, y lo cierto es que hay toda una serie de derechos sociales que no se han cumplido. Los gobiernos de esta Colombia de papel, del establecimiento, tuvieron 35 años para cumplir esos derechos sociales, y siempre los aplazaron. La de 1991 es una Constitución de derechos, eso tiene que cumplirse, en su integralidad. Quisiéramos llegar a un gran consenso nacional. Necesitamos que todas las fuerzas políticas nos pongamos de acuerdo para hacerlo. El Congreso no se puede atravesar como un árbol caído en el camino, debe permitir que se cumpla lo que establece la Constitución. Hay una serie de reformas que hoy son necesarias. Será la sociedad la que lo defina.

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