El regreso silencioso de las empresas colombianas a Venezuela: negocios, riesgos y millones en juego
El empresariado busca cómo recuperar un mercado que en su mejor momento generaba más de 6.000 millones de dólares al año


Viviana Gutiérrez no esperó a que la situación política de Venezuela cambiara de golpe el pasado 3 de enero para moverse. Hace dos años, la gerente administrativa de Automex —empresa bogotana que fabrica tableros y celdas eléctricas para la industria petrolera— ya había despachado un contrato de 15.000 millones de pesos (unos cuatro millones de dólares) hacia una plataforma marítima venezolana: cinco equipos diseñados para sostener la producción de un pozo en el mar Caribe. Los tableros salieron de Bogotá, cruzaron por Maicao, hicieron trasbordo de tractomulas en la frontera y llegaron a Maracaibo por tierra, para luego embarcarse hacia el mar. El pago llegó desde Francia, porque el comprador final era una multinacional con acceso a bancos que Venezuela no tiene.
“A nivel logístico, no fue tan crítico como esperábamos”, dice. “Lo único complejo fue el tema de la bancarización. Venezuela tiene unos límites. Ese fue el bache difícil de administrar”. Automex es una empresa mediana con 150 empleados, nació en 2008 en la sala de la casa de la mamá de Gutiérrez en el barrio Molinos, al sur de Bogotá, y la fundaron tres hermanos. Su historia con Venezuela ilustra lo que siente el empresariado colombiano: un alistamiento gradual y lleno de matices hacia un mercado que alguna vez fue el segundo destino de las exportaciones del país y que tras una década de crisis, empieza a respirar de nuevo, después del desalojo del poder de Nicolás Maduro.
Un dato de Analdex, Asociación Nacional de Comercio Exterior, resume la magnitud de lo que se perdió: las exportaciones a Venezuela alcanzaron los 6.071 millones de dólares en 2008, el registro más alto. Para 2021, esa cifra se había desplomado a 196 millones. Una contracción del 97% explicada por tensiones diplomáticas, el deterioro de la economía venezolana, controles cambiarios y el cierre de la frontera.
Carmen Caballero, presidenta de ProColombia, destaca a EL PAÍS la oportunidad: “Las condiciones actuales de comercio binacional se ven impulsadas por la reactivación y el fortalecimiento del relacionamiento estratégico entre los sectores públicos y privados de ambos países”. También identifica más de una docena de sectores con potencial en Venezuela, entre ellos aceites y grasas —que crecieron 74% en 2025—, autopartes, lácteos, farmacéutico, cosméticos y textiles.
Desde la reapertura de las relaciones comerciales en 2022, el camino de regreso ha sido lento. En 2024, las exportaciones a Venezuela crecieron un 49% en un año y superaron por primera vez el umbral de los 1.000 millones de dólares. En 2025, llegaron a 1.072 millones, un crecimiento adicional del 6,8%. La Cámara de Comercio Colombo Venezolana calcula que el intercambio bilateral total —incluyendo lo que Venezuela le vende a Colombia— cerró 2025 con 1.170 millones de dólares.
En 2025 participaron en ese comercio más de 1.180 empresas colombianas, un crecimiento del 84% frente a 2020, según la Cámara Colombo Venezolana. Los sectores que están jalando el comercio no son los de siempre: el 96% de las exportaciones corresponde a bienes no minero-energéticos. Alimentos procesados, aceites y grasas, químicos, plásticos, productos de aseo. La confitería —con marcas como Trululu, Supercoco o Bon Bon Bum— sigue siendo el producto estrella, con 38,8 millones de dólares exportados el año pasado. Javier Díaz, presidente ejecutivo de Analdex, lo resume con una imagen: “Después de una resaca [en referencia a Venezuela] uno no va a un supermercado, sino a una tienda de barrio. Bueno, Colombia en este momento es esa tienda en la esquina”, dice a EL PAÍS.
La movida de los grandes
Ninguna empresa colombiana ha movido ficha con más determinación que Grupo Nutresa. La multinacional vendió 14 millones de dólares en Venezuela durante 2025 —una fracción de los 300 millones que llegó a mover en su mejor momento. Pero desde el 3 de enero de 2026, cuando fuerzas de élite estadounidenses capturaron a Maduro, el ritmo acelera.
Un mes después de la salida del dictador, Nutresa ya había comprado medio millón de dólares en Venezuela para garantizar la repatriación de utilidades, y autorizó triplicar las exportaciones mensuales hasta tres millones de dólares en febrero. Los productos elegidos: chocolates, galletas, helados y café, en su mayoría por debajo del dólar por unidad. “No tenemos que esperar dos o tres años para construir una fábrica. Solo debemos aumentar la producción y exportarla en camiones”, explicó Gabriel Gilinski, miembro de la familia propietaria de la empresa de alimentos, a Bloomberg. La meta: que Venezuela represente entre el 20% y el 30% de las ventas totales en cinco años.
También evalúan su regreso Cementos Argos —expropiada por Chávez en 2006, con una deuda pendiente superior a los 300 millones de dólares— y Corona, que está en fase de reconexión con distribuidores y clientes. En el sector energético, Ecopetrol y el Grupo de Energía de Bogotá han manifestado interés, aunque ambos están a la espera del levantamiento de restricciones de la Oficina estadounidense de Control de Activos Extranjeros (OFAC).
Una recuperación frágil
A pesar del crecimiento, las exportaciones colombianas a Venezuela mostraron una desaceleración desde junio de 2025: en siete de los últimos ocho meses hasta enero de 2026, el comportamiento mensual fue negativo. Analdex lo explica no por pérdida de interés en los productos colombianos, sino por restricciones del lado venezolano: distorsiones cambiarias, inflación, debilidad del bolívar y acceso limitado al crédito.
La pregunta sobre cómo se paga abunda en las firmas de abogados. El mercado opera con dolarización de facto, pero los bancos venezolanos tienen acceso internacional muy limitado. Parte del sector empresarial recurre al mercado informal o a los criptoactivos. Desde Araújo Ibarra Consultores Internacionales explican que “más que el país o la moneda, lo que define el riesgo es con quién se está haciendo negocios y cómo está estructurada la operación”.
Las sanciones OFAC son otro tema. Desde enero, Washington emitió tres licencias generales que amplían el margen de operación con Venezuela —en petróleo, petroquímicos y ciertos instrumentos financieros—, pero la apertura es selectiva. Una empresa colombiana que no use dólares ni tenga operaciones en EE UU puede quedar expuesta si su contraparte venezolana está controlada por personas sancionadas, o si la transacción pasa por un banco con vínculos estadounidenses.
La firma de abogados identifica tres errores frecuentes: no revisar bien quién está detrás de la contraparte, subestimar el rol de los bancos y asumir que una licencia general lo permite todo. “Operar en estos mercados es posible”, concluyen, “pero requiere estructura, información fiable y actualizada, y disciplina”.
Un elemento nuevo muestra posibilidad de garantías: el Acuerdo de Promoción y Protección Recíproca de Inversiones entre Colombia y Venezuela entra en vigor el 30 de marzo. La Cámara Colombo Venezolana destaca que se trata de un instrumento que “establece garantías frente a expropiación arbitraria, trato justo y equitativo, y acceso a mecanismos de arbitraje internacional para resolver controversias entre inversionistas y el Estado venezolano”.
La proyección es que 2026 seguirá siendo un año de transición y que los resultados tangibles llegarán hacia 2027, cuando —en el escenario más optimista— Venezuela podría importar 29.200 millones de dólares en bienes no petroleros, según proyecciones de la Cámara Colombo Venezolana citadas por Analdex.
Gutiérrez, desde Automex, corrobora el ambiente: “Hemos sembrado mucho. La marca ya es conocida allá. Cuando llegue la bonanza, ya tenemos abonado el territorio”. La incógnita es cuánto tardarán en materializarse las expectativas y si las condiciones son sostenibles en el tiempo. Colombia quiere volver a Venezuela; habrá que ver cuántas compañías estarán listas para ello.
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