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Colombia y Venezuela retoman su agenda en Caracas tras el frustrado encuentro entre Petro y Rodríguez

Bogotá y Caracas rebajan a mesas ministeriales la agenda que debían discutir los dos mandatarios en la frontera, con el gas y la seguridad entre los asuntos centrales

Trabajadores retiran el escenario donde se reuniriían Delcy Rodríguez y Gustavo Petro en Cúcuta.NATHALIA ANGARITA

La canciller colombiana y tres ministros —Defensa, Comercio y Energía— llegaron este viernes a Caracas para retomar el diálogo con el Gobierno venezolano después de la cancelación de la reunión que debían sostener en la frontera el presidente Gustavo Petro y la mandataria encargada Delcy Rodríguez. El encuentro busca evitar que el impasse frene la agenda bilateral que ambos países habían retomado tras la intervención estadounidense el pasado 3 de enero.

En Caracas, los equipos de las dos delegaciones han abordado los asuntos previstos para la cita presidencial: seguridad y combate al narcotráfico, reactivación del comercio bilateral y cooperación energética.

En las primeras imágenes emitidas por la televisión pública venezolana se ha visto a las dos delegaciones distribuidas en distintas mesas de trabajo en el Palacio de Miraflores. En materia de seguridad, el ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López, se reunió con su homólogo colombiano, Pedro Sánchez, para discutir la cooperación en una frontera de más de 2.200 kilómetros marcada por la presencia de grupos armados y economías ilegales.

Además, se instalaron mesas sobre comercio, turismo, energía y relaciones exteriores. En esta última participan la canciller colombiana, Rosa Yolanda Villavicencio, y el canciller venezolano, Iván Gil, con el objetivo de “fortalecer la hoja de ruta” del acercamiento bilateral. También se instaló una mesa energética con el ministro colombiano de Minas y Energía, Edwin Palma, el presidente de Ecopetrol, Ricardo Roa, y autoridades venezolanas, centrada en la cooperación entre PDVSA y Ecopetrol y en el eventual suministro de gas venezolano hacia Colombia.

La energía se ha convertido en un asunto clave en la agenda bilateral. El plan en el que trabajan las autoridades es que Venezuela suministre gas para cubrir parte de la demanda colombiana, mientras Colombia enviaría electricidad a zonas fronterizas venezolanas con racionamientos. A cambio, Caracas aprovecharía la infraestructura energética colombiana para monetizar más rápido sus reservas de gas y petróleo, y ambos países podrían explorar proyectos conjuntos de interconexión eléctrica y energías renovables. Todo el esquema depende, sin embargo, de autorizaciones de Estados Unidos, ya que las sanciones limitan las operaciones entre la colombiana Ecopetrol y PDVSA y cualquier transacción energética requiere licencias específicas.

El avance más concreto en este ámbito afecta al gasoducto binacional Antonio Ricaurte, de 225 kilómetros entre La Guajira colombiana y el estado Zulia en Venezuela. La infraestructura dejó de operar hacia 2015 y los trabajos para su mantenimiento quedaron paralizados en 2019 tras la ruptura entre ambos países. Con el restablecimiento de relaciones bajo el Gobierno de Gustavo Petro, Bogotá y Caracas retomaron el proyecto y Colombia ya se comprometió a reparar los tramos dañados del lado colombiano. Si se completa la rehabilitación, el ducto podría transportar hasta 500 millones de pies cúbicos de gas al día (unos 14 millones de metros cúbicos diarios), lo que permitiría a Colombia cubrir parte de su demanda interna mientras Venezuela busca aprovechar la conexión para impulsar la exportación de su gas.

La reunión de los ministros de ambos países fue la rápida alternativa encontrada después de que la cita presidencial prevista en el puente Atanasio Girardot, entre Cúcuta y el estado venezolano de Táchira, se suspendiese este jueves a última hora por “motivos de fuerza mayor”, según informaron ambos gobiernos. La cancelación ocurrió cuando la prensa ya estaba acreditada y la logística para el evento estaba desplegada.

Gustavo Petro

Ninguno de los dos gobiernos explicó a qué se referían con causas de “fuerza mayor”, pero con el paso de las horas cobró fuerza otra explicación: una alerta de seguridad que podía poner en riesgo a los dos mandatarios. La zona es especialmente sensible. A lo largo de la frontera operan grupos armados como el ELN o disidencias de las antiguas FARC, que controlan rutas de contrabando, narcotráfico y migración irregular. Y, desde la intervención de Estados Unidos en Venezuela el pasado 3 de enero, varios de estos actores consideran que su estabilidad en la región podría verse amenazada.

Lo que no ha terminado de aclararse aún es por qué, si las delegaciones ministeriales pudieron reunirse horas después en Miraflores con normalidad, el encuentro entre los presidentes no terminó celebrándose allí.

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