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Gobierno de Colombia
Opinión

Ministro busca diploma en…

Nada, absolutamente nada, justifica el atajo o la trampa. Ya sea comprando un título, al estilo de Juliana Guerrero, o firmando un acta juramentada, se está yendo en contravía de la ley

¿Qué será de la oposición si las elecciones presidenciales no las gana el candidato que resulte favorecido en la consulta de la izquierda? ¿Cuál va a ser el pedestal moral para criticar las acciones de un eventual gobierno de alguno de los políticos que hoy están en la orilla contraria a la del petrismo? Estas preguntas empezaron a rondar mi cabeza mientras ayer escuchaba atentamente al ministro de Educación, Daniel Rojas, en entrevista con 6 AM W de Caracol Radio, tratando de justificar lo injustificable: la fábrica de diplomas para amigos del Gobierno que se oculta tras el pomposo nombre de Fundación de Educación Superior San José.

Es lógico que un ministro tiene que defender a su gobierno a toda costa y más aún en este gobierno donde el más mínimo disenso es catalogado como una traición por el presidente Petro, sin importar si aquel que se aparta de su designio tiene la razón. Sin embargo, una cosa es cuando uno ejerce el ministerio del Interior, donde los vericuetos de la política exigen al titular de la cartera una flexibilidad moral (a todas luces condenable, pero a veces inevitable) y una muy distinta resulta ser el máximo rector del sector que debería ser el faro para sacar a Colombia del maldito ciclo de ignorancia, pobreza, corrupción y violencia y tener que mentir para cuidarle la espalda al gobierno.

El ministro Rojas dijo una mentira tan abominable ante los micrófonos de la renovada Caracol Radio que no entiendo (o tal vez sí) por qué los rectores de las universidades privadas no han salido en coro a señalar lo indigno que resulta ese hombre para ese cargo.

Al momento en que le preguntan a Rojas si no era irregular que a la secretaria del presidente Petro le hubieran entregado tres títulos de educación superior en un mismo día sin que previamente hubiese presentado los exámenes de estado obligatorios (Pruebas Saber Pro y Prueba Saber TyT), el ministro relató que la universidad le había propuesto: “Las pruebas las tiene que hacer el próximo semestre, pero si firma un acta juramentada de que las va a hacer la graduamos este semestre”. Enseguida pasó Rojas a justificar a la mencionada secretaria, quien según él habría sido una víctima de buena fe.

Queda uno maravillado con la bonhomía del ministro hacia la secretaria del presidente, sobre todo si se contrasta con el poco corazón que ha mostrado tener con los beneficiaros del ICETEX, también personas que de buena fe creyeron en un gobierno que prometía reducir las deudas y confiaban en que no los iban a dejar colgando al borde del abismo de la deuda que en vez de reducirse se multiplicó.

Pero hay otro detalle: nada, absolutamente nada, justifica el atajo o la trampa. Ya sea comprando un título, al estilo de Juliana Guerrero, o firmando un acta juramentada, se está yendo en contravía de la ley. En este último caso la norma es diáfana: “La práctica de los exámenes de Estado (…) son obligatorios en cada institución que imparta educación media y superior, y son requisito para obtener el título respectivo”, señala la ley 1324 de 2009. Sin embargo, el ministro pide consideración con la afortunada graduada que no cumplía requisitos. Y así vuelvo al comienzo: ¿con qué autoridad moral podrá el hoy ministro ser oposición en un futuro? Tristemente, el diploma en ética y moralidad pública no lo venden en la San José. Ese se gana con el ejemplo.

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