Las exportaciones colombianas pierden competitividad por la fortaleza del peso
El dólar se deprecia casi un 15% en un año. Sectores agrícolas como el café o las flores, que aportan cerca de una quinta parte de las exportaciones de Colombia, acusan la peor parte


En Colombia, como en tantos países, el valor del dólar suele leerse en blanco y negro en las conversaciones a pie de calle: si baja, hay aplausos; si sube, preocupación. Pero la realidad tiende al gris. Un peso fuerte alivia al consumidor y abarata las importaciones, aunque al tiempo estrecha los márgenes del exportador, que por cada dólar vendido recibe menos pesos para pagar sus costos. Con una apreciación del peso de casi el 15% en el último año, cada caja de flores y cada carga de café vendida en dólares deja menos pesos en la caja. Es una tensión de fondo que trasciende a esos dos segmentos, que suman cerca de una quinta parte (17,9%) de las exportaciones de Colombia. “Buena parte de las exportaciones colombianas proviene de empresas tomadoras de precios”, explica Hernando Zuleta, decano de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, en alusión a la nula capacidad que tienen de fijar valores en el mercado internacional, es decir, de exigir más dólares por sus productos para mantener el valor en moneda local.
A esa merma en el precio se suman costos que ascienden, como nóminas o arriendos, presionados por los ajustes típicos de inicio de año, como el aumento del salario mínimo y la indexación por inflación en algunos rubros. ¿El resultado? Un margen que se encoge. El caso del café es claro, explica Germán Bahamón, gerente general de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC): “Cada carga [medida de 125 kilos de café] perdió entre 500.000 a 550.000 pesos solo por el efecto cambiario”. El precio interno de referencia, medido por la FNC, muestra que entre inicios de diciembre a la fecha, la carga ha perdido un 12% de su valor; eso se traduce en menos ingresos para las familias cafeteras, que vienen de un año de bonanza.
El caso del producto colombiano por excelencia tiene matices. El precio internacional no solo depende de la cotización del dólar, pues el café de alta calidad (de tipo arábica, la de mayor producción en Colombia) cotiza en la Bolsa de Nueva York, en donde los precios de los contratos futuros han repuntado más de un 16% en el último medio año. Ese aumento del precio ayuda, pero no salva los márgenes. Gustavo Gómez, presidente de la Asociación Nacional de Exportadores de Café de Colombia (Asoexport), describe el problema: “El precio internacional amortigua algo, pero al exportador cada vez le cuesta más encontrar el punto de equilibrio para cubrir sus costes y ganar rentabilidad”.
Las flores, en cambio, tienen una exposición directa a la revaluación del peso. Como no cotizan en mercados internacionales, y del 95% al 98% de la producción se exporta, el golpe entra de lleno. Augusto Solano, presidente de la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores (Asocolflores), lo pone en números llanos: “Una apreciación superior al 15% recorta en esa misma proporción [la facturación]”, dice a este diario. El problema se agrava por el aumento del salario mínimo, que redujo los márgenes en actividades tan intensivas en mano de obra como la floricultura, donde esta representa alrededor del 60% de los costos. “Con la reducción de la jornada y los cambios de la reforma laboral, el costo por hora aumenta casi en un 28%”, sintetiza Solano. El sector, además, enfrenta un arancel del 10% en EE UU, su mercado principal.
La revaluación del peso ha puesto sobre la mesa el debate de las coberturas cambiarias, una herramienta que funciona como un seguro, pues permite fijar hoy el precio del dólar que se cobrará dentro de unos meses. Es un cinturón de seguridad del exportador que pocos usan, en parte porque es costoso. José Luis Mojica, gerente de Investigaciones Macroeconómicas de Bancolombia, explica que las flores han sido una de las excepciones, y ahonda: “El sesgo ha sido histórico. La idea de que el dólar siempre sube ha desincentivado la necesidad de cubrirse al exportar. Caso contrario se ve entre los importadores, que tienen ese riesgo mucho más internalizado”, destaca el analista.
Pero incluso donde sí hay coberturas, el escudo ha quedado corto. Solano admite que, aunque la floricultura es de los sectores más sofisticados en este ámbito, la magnitud del movimiento desbordó los cálculos: “No es que no sirva; es que ya no alcanza. Cubrirse ahora con un dólar tocando los 3.600 pesos sería como pegarse un tiro en el pie”, sentencia. Las previsiones del mercado para 2026 se abren en tres lecturas: Bancolombia habla de un promedio en el año que ronde los 3.880 pesos; BBVA Research anticipa una depreciación moderada hacia los 4.020 pesos al cierre de 2026; y RBC Capital, una casa de análisis internacional canadiense, fija un techo alto y volátil una vez terminen las ventas del Gobierno y avance el calendario electoral, con oscilaciones entre los 4.275 y 4.350 pesos.
De momento, la fortaleza del peso tiene varias explicaciones, entre internas y externas. La primera es que la divisa estadounidense ha perdido vigor en todo el mundo: el medidor DXY —que compara al dólar frente a las principales monedas globales— cae casi un 9% en un año. El declive se acentuó en las últimas semanas, alimentado por el regreso de Donald Trump al centro de la escena internacional. A sus amenazas de hacerse con Groenlandia, que mantienen las dudas sobre la previsibilidad de su política exterior, se suma su creciente pulso con Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal (el banco central de EE UU).
A escala local, las remesas, históricamente altas, y más recientemente la deuda que ha colocado en el exterior el Ministerio de Hacienda, presionan la cotización a la baja. En diciembre, el Ejecutivo ingresó al país buena parte de los 6.000 millones de dólares entregados por Pimco, y el pasado 13 de enero emitió nueva deuda en dólares por casi 5.000 millones. La divisa ha cotizado algunos días por debajo de los 3.700 pesos, niveles no vistos desde 2021; y se deprecia un 0,5% solo durante la última semana, tras el último endeudamiento, según datos del Banco de la República.
Mojica, de Bancolombia, calcula que “el peso cotiza actualmente entre 200 y 270 pesos por debajo de su nivel fundamental”. El ruido global refuerza la incomodidad. Un informe elaborado por Howard Du, de Bank of America Global Research, encontró que los grandes ciclos de debilidad del dólar rara vez se agotan en un solo año: “Cuatro de cinco antecedentes muestran una segunda caída, cercana al 8% en promedio”, se lee en su informe. Si 2026 se parece en algo al año anterior, el golpe al ingreso exportador está lejos de haber terminado.
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