Minneapolis clama contra la “impunidad” de la policía migratoria que mató a Alex Pretti
La acera en la que el enfermero estadounidense recibió una decena de balazos a bocajarro se convierte en lugar de peregrinación para los vecinos que protestan por la toma de la ciudad demócrata por parte del Gobierno


Minneapolis amaneció este domingo desierta, con un aire fantasmal y aún incrédula por la versión dada por el Gobierno de Estados Unidos —todo indica que cuajada de falsedades— en defensa de los agentes de la policía migratoria de Donald Trump que la víspera mataron a un enfermero de 37 años mientras estaba en el suelo. También con una mezcla de rabia, indignación y cansancio tras casi un mes de resistencia al despliegue de 3.000 agentes federales que no son bienvenidos en estas calles.
El lugar en el que mataron a Alex Pretti —que el sábado estaba protestando por ese despliegue y se interpuso entre un puñado de uniformados y una mujer a la que estaban rociando con gas mostaza, antes de recibir una decena de disparos a bocajarro— concentró las protestas en las primeras horas de un nuevo día de enfrentamientos. Centenares de personas se fueron acercando desde poco después del amanecer a la avenida Nicolett, una de las arterias de esta urbe del Medio Oeste, para ver con sus propios ojos lo que el mundo entero llevaba 24 horas viendo en los vídeos de los testigos: el escenario de una tragedia que ha inflamado la tensión de una ciudad al límite.
Fue otra demostración de que, pese a las condiciones adversas, con temperaturas de hasta 25 grados bajo cero, vecinos de Minneapolis de todas las edades, niveles económicos y etnias —50.000 de los cuales se manifestaron el viernes pese al frío insondable— no piensan aflojar en su denuncia de la escalada autoritaria de Trump, que los ha puesto en la diana.

En el lugar del crimen, sin rastro este domingo de los agentes federales que sembraron el pánico el día anterior y acordonado por una de esas cintas amarillas de la policía, el clamor contra las “mentiras” de las autoridades federales fue unánime. “¿Nos toman por tontos? Fue un asesinato a sangre fría. ¡Todos hemos visto los vídeos de lo que sucedió!“, exclamó Brad Williams, que, abrigado solo con un pañuelo palestino, contó que había venido directamente al terminar el turno de su trabajo nocturno. “Están yendo a por las ciudades demócratas, y quieren tomar el control del Estado [Minnesota] para manipular las elecciones de noviembre”, agregó, antes de criticar la “impunidad” del Gobierno.
Nero Taylor, un afroamericano armado de un silbato y forrado con chapas de los Panteras Negras, se colocó tras el altar improvisado en memoria de Pretti y habló a la muchedumbre para calmar a un tipo que gritaba a la policía. Recordó que formó parte activa de las protestas de Black Lives Matter en Minneapolis tras el asesinato de George Floyd en 2020, criticó a los “medios tradicionales estadounidenses” por su “tibieza”, y advirtió: “Nos están matando”. Y si Omar, ciudadano estadounidense de origen panameño, explicó que los hispanos de Minneapolis “tienen miedo de salir de sus casas”, Mary Reyelgs, una mujer blanca en la setentena, dijo: “No reconozco a mi país. Ya no es el pedazo de tierra que tanto he amado”.
Enfrente, la tienda de dónuts Glam Doll, mundialmente famosa a su pesar, convertida desde el sábado en sinónimo de la muerte de Pretti, no daba abasto para atender a los clientes, que regalaban comida a la prensa internacional en “señal de agradecimiento”. “Explicadle al mundo lo que está pasando aquí”, pidió una señora al borde de las lágrimas.
Tras la barra, Theresa, una de las trabajadoras, contó que el día anterior habían hecho “horas extras” dando gratis dónuts y café a los manifestantes que llegaron al lugar tras conocer la trágica noticia. Mientras esperaba su pedido, Bill Kass, inspector de restaurantes, contó que esta es una zona con muchos negocios latinos y que creía saber a quién estaban buscando el sábado los agentes del Servicio de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE son sus siglas en inglés) cuando sucedió todo. “Ya nadie está seguro en esta ciudad”, afirmó, sin evitar emocionarse. “Temo que cualquier día vengan a derribar de una patada la puerta de mi casa”.

Pretti es el segundo ciudadano estadounidense en perder la vida en la operación antiinmigración más grande lanzada por la Casa Blanca en el último año. Hace 18 días, la tragedia llevó el nombre de Renee Good, poeta, madre de tres hijos y también de 37 años, a la que mataron cuando estaba al volante de su coche, justo después de decirle al tipo que le disparó tres veces: “Tranquilo, no estoy enfadada contigo”.
En ambos casos, que se suman a otro incidente reciente, en el que un inmigrante venezolano recibió un balazo en una pierna, y a la detención para su posterior deportación de un niño de cinco años llamado Liam Conejo, cuya cara llorosa y asustada se ha convertido en un símbolo de la toma de Minneapolis, Trump y los suyos corrieron a culpar a las víctimas.
En el caso de Pretti, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, al frente del operativo, lo llamó “terrorista doméstico” y dijo que estaba “blandiendo un arma”. El presidente Trump lo definió como un “pistolero” antes de esperar a las conclusiones de la investigación.
Los vídeos del incidente parecen desmentir la versión de que los agentes actuaron en “defensa propia”. 24 horas después de que sucediera todo los ciudadanos de Minneapolis han visto algo así como un millón de veces esas imágenes. Y cuentan una historia que difiere de la versión oficial.
En las grabaciones se ve a Pretti a eso las 9.00 de una mañana soleada, en la carretera de una concurrida calle de la ciudad (que en realidad son dos, Minneapolis y St. Paul, las Twin Cities). En una mano lleva un móvil con el que está grabando a los agentes como decenas de otros ciudadanos que protestan estos días aquí contra el ICE. Lleva, dijeron después las autoridades federales, una pistola de .9mm, porque tiene licencia de armas y en Minnesota es legal portarlas incluso si es a la vista. No la está blandiendo. Cuando media docena de agentes lo rodea y lo tumba hasta inmovilizarlo en el suelo, uno de ellos se la quita, como se adivina en el vídeo que ofrece la perspectiva más nítida. Un segundo después empiezan los disparos. Se escuchan una decena de golpes secos. Algunos de agentes involucrados salen entonces corriendo.
Las autoridades federales impidieron a las fuerzas locales y estatales acceder al lugar de los hechos para que pudieran llevar a cabo una investigación. Por la noche, un juez prohibió a aquellas destruir cualquier prueba. No está claro aún si para entonces ya era demasiado tarde.
A mediodía de este domingo, la multitud que desbordaba el perímetro delimitado por la cinta amarilla enarbolaba carteles de “Fuck ICE” (que le follen al ICE). Michael Cavlan, un enfermero que trabaja como voluntario para ayudar a los manifestantes a tratarse de los efectos de los gases lacrimógenos, el aire que se respira en en esta nueva normalidad en Minneapolis, contó que llegó al lugar poco después de que mataran a uno de los suyos y que los federales no les dejaron intervenir. “No quieren testigos”.
El sábado, el ICE había acordonado la zona e impidió la circulación de los coches en decenas de calles a la redonda. Eso tampoco impidió que centenares de personas caminaran hasta 10 cuadras para acercarse al punto en el que mataron a Pretti. Con las horas, el altar improvisado empezó a crecer, con fotos, velas que se mantenían encendidas a duras penas, mensajes contra Trump, listas de síntomas para reconocer el avance del fascismo y agradecimientos a la víctima por su labor como enfermero de la unidad de cuidados intensivos de un hospital para veteranos.

Por la noche del sábado, tras una vigilia en un parque cercano, llegó la reacción de la familia de la víctima, que definió en un comunicado la versión de la Casa Blanca como “mentiras repugnantes (…), reprobables y asquerosas”. “Alex era un alma bondadosa que quería profundamente a su familia y a sus amigos, así como a los veteranos estadounidenses a quienes cuidaba como enfermero. (…) Claramente, no tenía un arma cuando fue atacado por los matones asesinos y cobardes de ICE”, decía el texto.
Gregory Bovino, comandante en jefe de la Patrulla Fronteriza —y, por tanto, superior del hombre que apretó el gatillo varias veces, al que definió como un veterano con “ocho años de experiencia”— evadió el domingo una y otra vez las preguntas de la presentadora Dana Bash en una entrevista en la CNN. Bovino compareció vestido con el uniforme y las maneras que han hecho de él el rostro de las tácticas más violentas de la cruzada de Trump contra la inmigración, y que han llevado en parte al escritor Stephen King a definir al ICE en X como “la Gestapo estadounidense”.
En su entrevista, Bovino, que el día anterior había afirmado que Pretti estaba listo para “provocar una masacre”, dijo que este había “perpetrado [un acto de] violencia”, pese a que las imágenes, repetidas una y otra vez en la parte derecha de la retransmisión televisiva desmentían sus palabras en directo.
También aseguró que la víctima “obstruyó” una “operación de aplicación de la ley” contra “un inmigrante ilegal”. “No tenía por qué estar en mitad de una escena del crimen. No era un asunto suyo en absoluto”, añadió, ante las preguntas de la periodista, que le recordó que Pretti estaba ejerciendo los derechos que le garantizan la Primera y la Segunda enmiendas: el de manifestación y el de portar un arma. “Llevó una pistola de nueve milímetros, de alta capacidad, a un disturbio. Eso es lo que sabemos. El resto saldrá a la luz a través de la investigación que se está llevando a cabo, y esas preguntas y esos hechos se aclararán pronto”, afirmó Bovino.
Los vecinos que este domingo por la mañana se acercaron al lugar del crimen no esperan demasiado de las mismas autoridades que llevan semanas negándose a reconocer que Renée Good murió asesinada, como recordaron Katie y Rachel, que portaba una bandera estadounidense invertida que decía: “Fuera el ICE”. Ambas amigas, llegadas de Mankato, a una hora y media en coche, tampoco podían contener las lágrimas al recordar que el sábado, en ese mismo lugar, unos agentes migratorios “que actúan sin ley” mataron a un enfermero de 37 años.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.








































