Los hondureños de Nueva Orleans se debaten entre votar o esconderse ante la amenaza del ICE
En Luisiana, la comunidad extranjera más grande es de Honduras. En los últimos días, los latinos se han recluido por el anuncio de que la ciudad será el próximo objetivo de la cruzada migratoria de Trump


Últimamente, la vida de Edwin ha sido una cuenta atrás que acaba el 1 de diciembre. Ya le ha avisado a su jefe que ese día dejará de trabajar por un rato, se esconderá y mantendrá a su familia con lo que haya podido ahorrar con turnos extralargos como jornalero en construcción en Nueva Orleans y zonas cercanas. Al igual que miles más, Edwin, migrante hondureño indocumentado que llegó al país hace seis años, teme por el arribo de cientos de agentes migratorios de Donald Trump a la ciudad, que, según reportes, comenzarán una gran operación este lunes. Un día antes, el prospecto de votar en las elecciones presidenciales de Honduras, para las cuales se ha apuntado como observador, lo divide por dentro: quiere participar en el proceso electoral de su país de origen, pero exponerse a caer en las garras de los agentes, lo asusta.
“Tampoco voy a trabajar el domingo por ese compromiso. Pero vamos a ver cómo está la situación el sábado y el mismo domingo en la mañana”, cuenta por teléfono. Desde hace semanas, se conoce la infortunada coincidencia, que, para la histórica comunidad hondureña de Luisiana, acudir a las urnas podría ser caminar directo a la boca del lobo. Cuando se acabó el despliegue de agentes migratorios federales en Charlotte (Carolina del Norte), el jueves pasado, se comenzó a reportar que 250 agentes al mando del controversial jefe de la Patrulla Fronteriza, Gregory Bovino, se desplazarían al sur, al área metropolitana de Nueva Orleans, un enclave demócrata en un Estado muy republicano y la zona donde se concentran la mayor cantidad de los migrantes de Luisiana.
La comunidad que reconstruyó la ciudad tras Katrina
En el Estado, los hondureños, no los mexicanos o cubanos, son el grupo migrante más grande. Una curiosa anomalía a nivel nacional. Son cerca de 50.000 ciudadanos de Honduras, casi el 20% del total en el Estado, que desde hace décadas se han asentado y echado profundas raíces en la zona.
La comunidad se formó a inicios del siglo XX, a lomos de los lazos comerciales del puerto con el país centroamericano, gracias a grandes empresas agrícolas estadounidenses. Para los años sesenta, la presencia hondureña ya era notable. En las décadas siguientes, nuevas olas de migración gravitaron hacia Nueva Orleans naturalmente, primero por la inestabilidad política y económica en Honduras y luego, tras el huracán Mitch en 1998. Otro huracán, Katrina en 2005, también resultó en la llegada de miles de migrantes, que fueron la fuerza de trabajo que han reconstruido la ciudad tras la devastación del ciclón que dejó al 80% de la ciudad bajo agua. Desde entonces, la población latina se ha duplicado, siempre con los hondureños por delante.
No es casualidad entonces que Edwin y su familia —esposa y dos hijas, de 17 y 3 años, esta última nacida en Estados Unidos— se han sentido en casa en Metairie, una ciudad no incorporada aledaña a Nueva Orleans. Pero este año la cosa ha cambiado y la tranquilidad con la que vivían se siente distante. “Ha estado la migra bastante. Hemos andado tomando precauciones como no ir a cargar en la mañana a la gasolinera, sino en la tarde cuando salimos del trabajo. Cuando vamos a descansar, porque trabajamos en los áticos que se ponen muy calientes, buscamos dónde hacernos detrás de las casas y no enfrente como antes”, explica.
Las precauciones que se toman son pequeñas primero y se van agrandando a medida que la sensación de riesgo crece. Desde que se enteraron de que los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y de la Patrulla Fronteriza planeaban dirigirse a Luisiana, los cambios de hábitos y rutinas se han acelerado. “Normalmente, todos llegábamos a una bodega, y de ahí salíamos en el carro de la compañía, en la traila. Pero ahora cada quien estamos yendo a los trabajos en nuestros propios carros, para evitar ir tanto grupo en un carro o las trocas que tienen las publicidades de la compañía”, cuenta Edwin. “Vivo en un área de departamentos en el que quizá el 99,9% somos latinos. Entonces, este fin de semana decidimos que nos vamos a cambiar a otra zona donde hay menos latinos”.
Por ahora, sin embargo, lo único que le queda a Edwin es resguardarse. A partir del primer día de diciembre, se espera que los agentes migratorios estén patrullando las calles, por eso ha intentado trabajar lo más posible antes de eso. De hecho, los negocios en las zonas con muchos latinos ya están resintiendo la falta de clientes que están pasando más tiempo puertas adentro. Para los que igual salen, en la comunidad se están repartiendo silbatos para alertar de la presencia del ICE y cartillas con los derechos de las personas escritos, para que los puedan exigir en caso de ser detenidos.

Dos razones para un puesto de votación vacío
El único centro electoral que se instalará en Luisiana podría terminar vacío este domingo por un par de motivos. Por un lado, está el temor migratorio, que se intentó aplacar al no ubicar el puesto de votación en el consulado hondureño en el centro de Nueva Orleans, pues este está localizado en el mismo edificio que las oficinas del ICE en la ciudad.
Por otro lado, según denuncia la Fundación 15 de Septiembre, no se han autorizado miles de ciudadanos hondureños habilitados para votar en Estados Unidos y apenas se han enviado una pequeña porción de las papeletas necesarias. “El dato lo había dado el Registro de las Personas junto a la Cancillería: que estos últimos cuatro años se enrolaron 400.000, lo cual los hace aptos para poder votar. Pero lamentablemente, las autoridades del Consejo Nacional Electoral han anunciado que solo han enviado 18.000 papeletas. Lo cual quiere decir que las diez ciudades donde eran distribuidos los centros de votación tendrán un alcance máximo de 1.500 papeletas por ciudad”, dice Juan Flores, presidente de esta asociación de hondureños en Estados Unidos.
Flores se muestra confiado de que los hondureños acudan a votar en Estados Unidos, pero eso puede ser más un reflejo de su activismo político y electoral que una lectura transparente del contexto. Si bien las autoridades migratorias no han dicho que van a apuntar a los puestos de votación, el presidente Donald Trump sí se ha pronunciado acerca de las elecciones en Honduras con comentarios a favor del candidato derechista Tifo Asfura. Incluso ha llegado a decir que indultará al expresidente conservador Juan Orlando Hernández, del mismo partido que Asfrura y preso por narcotráfico. Esto deja claro que el Gobierno, incluido el ICE, sabe muy bien el contexto de este fin de semana.
Y aunque los hondureños quieran ejercer su voto, en muchos casos el miedo mayor es volver a un país que abandonaron por la falta de un futuro claro allí. “Yo pienso que [votar] es lo mejor. Es la última oportunidad para el pueblo de que haya un cambio que se mire. Pero uno no quiere regresar aún porque habemos [sic] muchos que no hemos logrado lo que esperamos para poder volver”, dice Edwin, que de una manera u otra, el domingo se podría jugar su futuro.
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