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La Super Bowl 2026, el mayor escaparate del mundo: anuncios con famosos a 16 millones de dólares por minuto y 1.480 millones de alitas de pollo

El partido, que el año pasado fue visto por un récord de casi 128 millones de personas, tiene un enorme impacto económico y social

La cantante Sabrina Carpenter, en un anuncio de la LX Super Bowl.

La Super Bowl es todo un evento, un universo al completo, que va mucho más allá del propio partido —este año, entre los New England Patriots y Seattle Seahawks— y se extiende desde días antes (con eventos, cenas y fiestas), durante las horas del mismo, pero también en sus pausas (de ahí el famoso intermedio) y hasta sus momentos publicitarios. Poner un anuncio durante el tiempo del partido no es menor. Son muchas las películas que deciden mostrar su metraje por primera vez ahí (este año, por ejemplo, lo hará la esperada Proyecto Hail Mary, con Ryan Gosling), los famosos que se alían con ciertas marcas —aparecerán desde George Clooney a Sabrina Carpenter, pasando por Elsa Pataky y Chris Hemsworth, Sofía Vergara, Emma Stone o Bradley Cooper— y, sobre todo, los guionistas que se dejan todo su ingenio para que el producto llegue a miles de personas.

Este 2026, y con permiso de la esperadísima y en parte polémica actuación de Bad Bunny, los anuncios de comida, cerveza, cosmética, coches, casas de apuestas, chocolates, compañías telefónicas y casi cualquier producto imaginable estarán presentes en las pantallas del Levi’s Stadium (que ya tiene el anuncio incorporado en el nombre), pero sobre todo en las casas de los millones de espectadores que siguen el juego. Y eso cuesta: este año es el más caro de la historia, y por un anuncio de 30 segundos se pagan ya ocho millones de dólares.

El año pasado, cuando los Philadelphia Eagles ganaron sin pestañear a los Kansas City Chiefs, las audiencias se dispararon: la retransmisión fue seguida por una media de 127,7 millones de telespectadores. Era, por tanto, el cuarto año consecutivo en que la audiencia superaba los 100 millones de espectadores. Fue un récord histórico, nunca antes marcado en los registros. Las cifras crecen año tras año, mostrando que el partido final de la Liga Nacional de Fútbol genera un interés que sigue en aumento. Porque el anterior, el de 2024, cuando la superestrella Taylor Swift apareció en el campo para animar a los Chiefs, el equipo de su pareja, Travis Kelce —que, esa vez, sí ganaron, contra los 49ers de San Francisco—, ya llegó a los 123 millones. Durante las cuatro horas y media del partido, uno de los más largos de la historia, 202,4 millones de espectadores llegaron a conectar en algún momento con la emisión.

Kendrick Lamar durante un momento de su espectáculo en el estadio de los Saints.

En 2025, la actuación de Kendrick Lamar en el descanso, el famoso mediotiempo, fue seguida por unos 133,5 millones de espectadores, convirtiéndose en la más vista de la historia, un 3% más que la de Usher en 2024 (que vieron 129,3 millones de espectadores). Este 2026, la del puertorriqueño Bad Bunny, el artista más escuchado del pasado año, puede llegar a superarla.

Este año, como ha dado a conocer la cadena NBC, que retransmitirá el partido, quienes sigan el juego por su cadena de televisión convencional verán unos anuncios algo diferentes de quienes lo hagan por su plataforma de streaming, Peacock. Según ha explicado Mark Marshall, portavoz de NBCUniversal, a Bloomberg, aproximadamente el 10% de los anuncios serán de negocios locales, y en Peacock les han hecho una cierta rebaja. “Es una buena forma de que los profesionales del marketing entren en el juego sin pagar el precio completo y, aun así, alcancen una audiencia nacional”, reflexionaba.

El impacto de la Super Bowl es a todos los niveles: deportivo, económico, social, cultural y, también, gastronómico. Otra curiosa cifra anual es la del consumo de alitas de pollo, uno de los snacks más populares en este tipo de eventos, en los que familias y amigos se reúnen para ver el partido... y para comer, ya que se calcula que consumen más de 2.000 calorías en esas tres o cuatro horas que dura el juego. Este año, según el Consejo Nacional del Pollo de Estados Unidos, se comerán alrededor de 1.480 millones de alitas, según Forbes, lo que supone 10 millones más que el año pasado. “El fútbol significa comida”, explicaba un portavoz del Consejo al medio económico. “Especialmente cuando se trata de la Super Bowl, donde las alitas de pollo son las reinas. Para los aficionados al fútbol americano que buscan añadir proteínas a sus aperitivos a un precio asequible, las alitas son las reinas de los menús de la Super Bowl”.

Alguna compañía de alitas de pollo buscará su hueco en los anuncios, pero no solo. Si el año pasado Harry se reencontró con Sally, con Meg Ryan y Billy Crystal reuniéndose 35 años después del clásico Cuando Harry encontró a Sally (1989) para anunciar mayonesa, este año, por el momento, no hay ningún anuncio que haya llamado tanto la atención del espectador. Pocoyó, el muñeco animado azul ídolo de los pequeños, ha bailado reguetón. Melissa McCarthy, anunciando maquillaje, se convierte en protagonista de una telenovela y hasta trata de hablar español con su médico latino (con una aparición especial de Itatí Cantoral como la famosa villana Soraya Montenegro de la telenovela María la del Barrio). Serena Williams trata de seguir convenciendo de las bondades de los fármacos adelgazantes.

Además de la nominada al Oscar Bugonia, Yorgos Lanthimos, su director, se pone al frente de dos anuncios: uno con George Clooney de una plataforma para pedir comida a domicilio y otro con su habitual musa, Emma Stone, desesperada por poder registrar su nombre en Internet (precisamente para anunciar una página de diseño web). Como tantos otros, el anuncio tiene una primera versión que calienta motores, una segunda más larga en la web y una definitiva que se verá el domingo. Sabrina Carpenter, harta de chicos y deseando un hombre, según dice, construye uno a base de Pringles. Chris Hemsworth teme, ante una escéptica Elsa Pataky, que Alexa le asesine. Kendall Jenner se ríe de su supuesta mala suerte con sus novios pero de sus buenas apuestas deportivas. Los Backstreet Boys sorprenden a clientes de una tienda de móviles versionando uno de sus hits noventeros, Tell Me Why. Por competencia feroz, hasta el oso de Coca-Cola se cambia a Pepsi. Y todavía no ha llegado el domingo.

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