Los cubanos, al límite: “¿Cómo es posible que en mi país escuchen a cualquiera, menos al pueblo?”
Muchos cubanos dentro de la isla, lidiando con apagones diarios o la falta de comida y transporte, piden que si Trump va a hacer algo por Cuba, que sea pronto

Cuando el pasado viernes 13 de marzo Yenisey Taboada oyó decir al mandatario cubano Miguel Díaz-Canel que su Gobierno estaba negociando con el de Estados Unidos, se preguntó por qué nunca habían sido capaces de dialogar con su propio pueblo. Es la madre de Duannis León Taboada, un joven de 26 años que se unió a las protestas masivas del 11 de julio de 2021, y terminó pagando una condena de 14 años de cárcel. La madre piensa en cómo el Gobierno, ahora abierto a conversar con la Administración de Donald Trump, sentenció a tanta gente por exigir libertades básicas. “¿Cómo es posible que en mi país sean capaces de sentarse a escuchar y dialogar con cualquiera, menos con nuestros hijos, con nuestros hermanos, con este pueblo que se está, literalmente, muriendo?”.
A las seis de la mañana de este martes se encendieron las bombillas de su casa de Arroyo Naranjo, en La Habana, después de 17 horas sin luz a causa de la caída del Sistema Electroenergético Nacional, que dejó a toda Cuba a oscuras. Siempre es una buena noticia la vuelta de la electricidad, pero Taboada la recibe con poco entusiasmo, como quien sabe que le van a volver a quitar la luz en cualquier momento. “Nosotros llevamos ya ocho meses sufriendo apagones de 15 y hasta 24 horas; esto es un desgaste emocional terrible. También llevamos muchos días sin agua potable, y sin agua no se puede vivir”.
En realidad, Taboada ya no recibe ninguna noticia con fervor. Ha aprendido a domesticar con el tiempo cualquier emoción. Cuando las autoridades cubanas anunciaron hace unos días la excarcelación de 51 presos políticos, sin mencionar que esto fuera parte de ningún tipo de negociaciones con la Casa Blanca y sí por mediación del Vaticano, Taboada trató de no darle paso a ninguna esperanza de que fuese su hijo uno de los liberados. “Es una estrategia, una manipulación por parte de la dictadura cubana. Vuelven las familias a tener una ilusión, a estar desesperadas, a depender de una llamada para ir a recoger a tu preso”, dice. Su hijo no estuvo entre los excarcelados, pero si así fuera, a la madre no le parecería algo justo. “No son 51, son más de 1.000 presos políticos. ¿Y los demás? ¿Cuándo llegará la excarcelación de los demás?”, se pregunta.
Han sucedido no pocas cosas en Cuba en los últimos meses: la captura de Nicolás Maduro, que dejó a la isla sin Venezuela como su principal aliado; la emergencia nacional decretada por Donald Trump, que ha limitado la entrada de combustible a Cuba desde enero; las tantas declaraciones desde Estados Unidos de que el país verá un cambio antes de fin de año; o la apertura a que los cubanos en el exterior puedan oxigenar una economía completamente colapsada. Con Cuba a diario en los titulares de todo el mundo, son los cubanos en la isla los que menos parecieran sentir que algo está cambiando para ellos. Siguen, como hace meses, entre apagones, emprendiendo caminatas kilométricas a falta de transporte o lidiando con poner el próximo plato de comida a la mesa.
“Esto es una tortura, los nervios los tengo muy mal, apenas duermo. A veces me da rabia verme así y no haberme ido de Cuba antes”, dice desde Luyanó, en La Habana, una señora retirada que ha pedido permanecer en anonimato. Al oriente del país la situación es, a veces, mucho peor. En Bayamo, Maydelis Solano lleva más de 30 horas sin electricidad. “El descontento social es grandísimo, y ninguna medida que tomen los dirigentes cubanos va a beneficiar al pueblo. Lamentablemente, estamos viviendo momentos críticos”.
Sin embargo, hay algo que, según Solando, repiten muchos cubanos en la calle, ahora que están al borde de la desesperación: la idea de que, si Trump va a hacer algo por Cuba, si incluso va a tomar el país, que sea ya. “Nuestra esperanza está puesta en el Gobierno de los Estados Unidos. En las calles solo escuchas a las personas decir que quieren que Trump intervenga Cuba ya, lo necesitamos y es nuestra esperanza”.
Hasta ahora, se presumía que esto no era lo que iba a suceder. O sea, que Trump, quien salió de un ataque a Venezuela para entrar a una guerra en Irán, solo pretendía incidir en un cambio económico en la isla. Incluso su secretario de Estado, Marco Rubio, hijo de emigrados cubanos, había dicho en varias ocasiones que antes que cualquier cambio político, Cuba estaba necesitada de un cambio económico. Pero las declaraciones de Trump de las últimas horas dejan entrever que el plan de Washington hacia La Habana podría ser otro. Este lunes, desde el Despacho Oval, Trump aseguró que sería “un gran honor” para él “tomar Cuba”.
Hay quien no pone mucha atención en las declaraciones del republicano, o no piensa que quiera desatar una crisis humanitaria a solo 90 millas de Florida, pero Taboada es de las que cree que, cualquier cosa que vaya a suceder, es preciso que sean los cubanos de a pie quienes menos lo padezcan. “Hoy el pueblo está en espera de que haya un cambio, el pueblo le teme a una guerra, a las bombas, pero necesita que algo pase. Ojalá fuera lo más pacífico posible, pero que sea ya”.
Aún, sin embargo, no quedan claros los planes o puntos de negociación entre Washington y La Habana. En la noche de este lunes, Óscar Pérez-Oliva Fraga, viceprimer ministro y ministro de Comercio Exterior y la Inversión de Cuba, anunció de manera oficial la estrategia del país para que los cubanos residentes en el exterior puedan volver a invertir en el sector de la agricultura, participen como propietarios de empresas y que, en general, contribuyan a dinamizar la economía. No obstante, Marco Rubio salió este martes a decir desde la Casa Blanca que estas medidas “no son suficientes”. “Tienen un sistema político y gubernamental que no pueden arreglar, la economía no funciona, así que tienen que cambiar de manera drástica. Lo que anunciaron el lunes no es lo suficientemente drástico. No va a arreglarlo. Así que tenemos que tomar decisiones importantes sobre el comercio”, sostuvo.
Mientras a nivel de gobiernos Cuba y Estados Unidos negocian de puertas para adentro, de lo que sí está segura la mayoría de los cubanos es que ningún diálogo puede no contemplar transformaciones políticas reales. “Los cubanos no queremos la continuidad de la dictadura en versión próspera y maquillada”, dice Carolina Barrero, directora de Ciudadanía y Libertad, organización que promueve los derechos civiles y políticos en Cuba. Barrero, como otros en estos momentos, exige que cualquier conversación aborde una amnistía para los presos políticos de la isla, una Constitución que garantice la pluralidad política o una ley electoral que conduzca a elecciones libres. “Queremos una Cuba libre y próspera sin los Castro. Queremos cerrar un ciclo de casi setenta años de una dictadura asesina que ha acabado con nuestro país”.
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