La Cámara aprueba una nueva financiación parcial del Gobierno y la extensión de subsidios médicos con inesperado apoyo bipartidista
Los resultados de ambas votaciones suponen otro revés más para la agenda de Trump en el Congreso tras una resolución para prohibir más acciones militares unilaterales en Venezuela


Este jueves ha sido un día amargo para la agenda de Donald Trump en el Congreso. Después de que el Senado llevara adelante una resolución para prohibir legislativamente más acciones militares unilaterales en Venezuela sin la aprobación expresa de los congresistas, la Cámara de Representantes propinó horas después otros dos inesperados reveses consecutivos al presidente republicano. Por un lado, aprobó una nueva financiación parcial del Gobierno —parcial porque aún quedan pendientes de pasar los presupuestos de varios departamentos gubernamentales—. Por otro, dio el visto bueno a la extensión de subsidios médicos implementados durante la pandemia, que se acabaron con el comienzo del nuevo año y estuvieron en el centro del choque que el pasado noviembre causó el cierre de Gobierno más largo de la historia.
Para que ambos votos pasaran, fueron necesarios acuerdos bipartidistas en la primera semana de actividad legislativa de 2026, algo muy poco común en la polarizada era de Trump. Para el voto de la financiación del Gobierno, hubo 397 votos a favor; solo 22 republicanos y 6 demócratas votaron en contra. En la votación de los subsidios para seguros de salud, el margen fue mucho más ajustado —230 a 196—, con 17 republicanos votando junto con los demócratas.
La amplia aprobación de la nueva financiación parcial supone un claro rechazo a los recortes drásticos planteados por la Casa Blanca en su propuesta presupuestaria para este año. El paquete legislativo aprobado este jueves —valorado en alrededor de 180.000 millones de dólares— garantiza fondos para varios departamentos clave, entre ellos Justicia y Comercio, y marca un avance significativo hacia un acuerdo que permita evitar un nuevo cierre de Gobierno antes de la fecha límite del 30 de enero.
Aunque el texto aún debe superar el trámite del Senado, todo apunta a que su aprobación final está bien encaminada. De hecho, la propia Administración adelantó esta semana que Trump firmaría la ley si llega a su despacho. Ahora congresistas de ambos partidos trabajan a contrarreloj para cerrar los otros seis proyectos presupuestarios pendientes para completar el presupuesto gubernamental —incluidos los de Seguridad Nacional y Salud—, considerados los más complejos por las profundas diferencias políticas que suscitan.
Pero el resultado de la votación da razones para el optimismo. En contra de las demandas iniciales del presidente, los responsables de las negociaciones optaron por mantener estables o aplicar recortes mínimos a los presupuestos de varias agencias, e incluso incrementar ligeramente la financiación de otras. El Congreso se negó, por ejemplo, a reducir en un 57% los fondos de la Fundación Nacional de Ciencias, cuya dotación se mantendría sin cambios. El paquete también incluye disposiciones para obligar a varias agencias federales a mantener niveles mínimos de personal tras los despiadados recortes aplicados por el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) de Elon Musk en los primeros meses de la Administración Trump, con el objetivo de garantizar que puedan cumplir sus funciones básicas.
Para algunos conservadores reticentes al aumento del gasto, el apoyo al texto se justifica en parte por el retorno al llamado “orden habitual”: la tramitación individual de los presupuestos de los diferentes departamentos, frente a los grandes paquetes que los englobaban todos o o las prórrogas de urgencia que han dominado los últimos años.
Para los líderes del Comité de Apropiaciones, el encargado de las negociaciones presupuestarias, el acuerdo demuestra que aún es posible legislar mediante el consenso en un Capitolio profundamente polarizado. “El resultado final recuerda que la cooperación —y no el bloqueo partidista— no solo es posible, sino preferible”, defendió su presidente, el republicano Tom Cole.
El otro revés para Trump llegó con la votación sobre los subsidios médicos vinculados a la Ley de Cuidado de Salud Asequible (ACA), más conocida como Obamacare. Diecisiete republicanos se desmarcaron de la dirección de su partido y votaron junto a los demócratas para aprobar una extensión de tres años de los créditos fiscales que ayudaban a millones de personas a costear sus seguros y que expiraron a finales de 2025. Aunque la medida tiene pocas opciones de prosperar en el Senado —donde una propuesta similar fracasó en diciembre—, algunos de sus impulsores confían en que sirva como punto de partida para un acuerdo bipartidista que frene el aumento de las primas, que ya ha elevado el costo de salud para millones de personas, de modo drástico en algunos casos.
Un grupo de senadores de ambos partidos negocia ahora un posible compromiso para la extensión de las ayudas que incluiría nuevos límites de ingresos para acceder a los subsidios y una ampliación del periodo de inscripción. Las conversaciones siguen abiertas, pese a los desacuerdos, sobre cuestiones delicadas como la aplicación de la enmienda Hyde, que restringe el uso de fondos federales para el aborto.
Mientras, los demócratas esperan que la votación en la Cámara obligue a los líderes republicanos a ceder terreno, pese a los duros reproches lanzados desde la oficina del presidente de la Cámara, Mike Johnson, que acusó a la oposición de querer resucitar un sistema de ayudas “plagado de fraude y abusos”.
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