‘Teherán’, una serie israelí de espías sobre el conflicto con Irán que guarda más de una sorpresa
Las tres temporadas, que se pueden ver en Apple TV, muestran una visión compleja y nada maniquea de la guerra entre los dos países y del mundo de los espías

Quienes se acerquen a las tres temporadas completas de la serie israelí Teherán (ocho capítulos por entrega, disponibles en Apple TV) se van a llevar más de una sorpresa. La serie, que ha pasado ciertamente desapercibida en España incluso tras el estallido de la guerra (es la cuarta opción entre los usuarios de la plataforma, detrás de Terapia sin filtro o Hijack) alberga ciertas peculiaridades que merecen una lectura más pausada.
La producción es israelí, cierto, y fue calificada por las autoridades iraníes como “antiiraní y promiscua”, pero desde el principio mostró una vocación distinta, de relato en el que los personajes de uno y otro bando no están en ningún caso en un lado claro de la frontera entre el bien y el mal. Son espías, hacen su trabajo, sirven a su amo, se entregan a su país. La actriz israelí Niv Sultan es Tamar Rabinyan, una hacker del Mossad infiltrada en Irán para desbaratar su programa nuclear. Su némesis es Faraz Kamali, todopoderoso jefe de la inteligencia iraní interpretado por un excelente Shaun Toub (actor estadounidense de origen iraní conocido por Homeland o Cometas en el cielo); el guion y la caracterización llenan de matices al personaje. El elenco, que mezcla actores de origen iraní con otros israelíes, se completa con la presencia de estrellas internacionales. En la segunda temporada fue Glenn Close y en la tercera Hugh Laurie, ambos en papeles turbios y a ratos desconcertantes.

El guionista y cocreador es Moshe Zonder, autor de todos los capítulos de la primera temporada de Fauda (otra visión polémica y dura de la televisión israelí). Así analizaba, a raíz del estreno de esta temporada, algunas de las particularidades de la serie: “La esencia del programa es que lidia con el tema de la identidad, la nacionalidad, la inmigración y las raíces familiares. Indaga cómo nos conectamos con ellos y nuestra obligación hacia ellos y qué podemos obtener de ellos. Esto es relevante en todo el mundo”. Zonder fue durante años periodista de investigación, una huella que se nota en Teherán.
Pero es Niv Sultan quien da la clave cuando asegura: “No existe un enemigo claro. No se trata de un lado contra el otro. Es realmente sobre la gente. Por primera vez, estamos mostrando un punto de vista diferente de este conflicto”. En efecto, el enemigo fuera y dentro de tus propias filas, expresado con profundidad y sin maniqueísmos. En un momento dado de la tercera temporada, incluso, se rompe un tabú y se ve cómo la jefa de operaciones del Mossad (una rígida y temible Sarah von Schwarze) envía a uno de sus sicarios contra la protagonista, una agente y heroína valiente y despiadada, pero también díscola.

La serie relata el empeño de Israel de llegar adonde haga falta con tal de destruir el programa nuclear iraní, cuyo desarrollo amenaza su existencia. Pero aquí nadie justifica las barrabasadas cometidas durante las misiones, que solo dejan huella en el alma de los espías. Así se veía también en Oficina de infiltrados, la estupenda serie francesa que puso sus mejores esfuerzos narrativos en una mirada acertada, compleja y emocionante sobre la trama iraní. Los iraníes, por su parte, se defienden con las mismas armas, pero además se les muestra como una sociedad plural y compleja. Especial atención a esa red de mujeres apartadas que se ayudan unas a otras en la clandestinidad.
La historia se rueda en Atenas, un lugar que convenció al equipo por sus similitudes con Teherán. Las partes más significativas de la capital iraní (monumentos o edificios emblemáticos) se añaden con efectos especiales. El director Daniel Syrkin y la productora Dana Eden completan los nombres más destacados de la producción. Eden fue hallada muerta en febrero en la habitación de un hotel de Atenas, donde supervisaba el rodaje de la cuarta temporada. Tenía 51 años. La policía descarta la intervención de terceros, aunque el caso no se ha llegado a aclarar y ha desatado todo tipo de especulaciones.
La realidad se cuela por todas las rendijas de la serie. En la segunda temporada, las protestas de los jóvenes y la represión eran parte esencial del relato. También la muerte de algún alto dirigente militar del régimen de los ayatolás. Sin embargo, la realidad ha vuelto a superar a la más certera de las ficciones. Veremos qué depara la siguiente temporada.
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