De Teherán a Marbella, un viaje entre la crueldad y la corrupción
Dos series potentes (una de espionaje, la otra de mafias) coinciden en las plataformas y nos enseñan las sombras menos obvias de la sociedad


Teherán es una de las series más potentes que pueden verse actualmente y lo es por varios motivos. En primer lugar, porque nos habla de un conflicto, el de Irán e Israel, visto desde una perspectiva poco frecuente: el de los entresijos de los servicios secretos de ambos países y lo hace sin recurrir a las mixtificaciones tan habituales en los tiempos que vivimos. Verla es confirmar la crueldad de las guerras. Claro que eso lo dijo mucho mejor Albert Camus: “La intolerancia, la estupidez y el fanatismo pueden combatirse por separado, pero cuando se juntan, no hay esperanza”, frase que, lamentablemente, podría ser la perfecta definición del autosatisfecho zafio que ocupa el despacho oval.
Tres temporadas disponibles en Apple TV +, de una serie creada por Moshe Zonder, responsable también de Fauda, y que cuenta con dos inesperados secundarios de lujo: Glenn Close y Hugh Laurie, el inolvidable Dr. House. Que dos actores como Close y Laurie acepten papeles menores en una serie habla del poderío, o de la influencia, de Israel en el ámbito audiovisual, algo que en Nueva York y en Hollywood saben desde hace tiempo. Un dato: los fundadores de Columbia Pictures, Metro Goldwyn Mayer (MGM), Warner Bros y Universal Pictures fueron judíos. Hay que reconocer que, al menos en la serie Teherán, se guarda una cierta equidistancia entre el Mossad y la Guardia Revolucionaria iraní. Quizá pueda deberse a no cerrar mercados más que a una cuestión moral, dicho sea con todo el respeto, pues se sabe que ya se está preparando una cuarta temporada, lo que indica que todo va bien, al menos para la productora.
Y si de cuestiones morales hablamos, resulta ineludible citar la segunda temporada de Marbella. Expediente judicial (Movistar Plus+), y lo es por su ausencia de la misma y porque la localidad malagueña, por obra y gracia de algunos de sus responsables municipales que tanto juego dieron en su día a las revistas del corazón, se ha convertido en un sinónimo de refugio de mafiosos internacionales.
Creada por Alberto Marini y Dani de la Torre, con un excelente Hugo Silva compartiendo protagonismo con Natalia de Molina, nos habla de un hipotético paraíso terrenal reconvertido por especuladores inmobiliarios, traficantes de drogas y jueces corruptos en un infierno, también terrenal, al que una infatigable fiscal antidroga tratará de combatir con limitados recursos y mucha fuerza de voluntad. Real como la vida misma.
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