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Jordi González: “Me ha costado un coma de tres semanas y una enfermedad muy jodida aprender a decir que no”

Hace un año, el presentador se debatía entre la vida y la muerte. Tras recuperarse, volvió al trabajo y asegura que no tiene planes de jubilarse

Jordi González (Barcelona, 64 años) se debatía entre la vida y la muerte a comienzos de 2025. El presentador ingresó en un hospital de Medellín, en Colombia, con una bronconeumonía bilateral agravada por una crisis renal. Estuvo en la UCI durante 9 semanas, tres de ellas en coma, mientras intentaban dar con la bacteria que le provocó la infección. “Llegaron a decir que había que avisar a mi familia para que se despidieran de mí”, recuerda González. “Al final me salvaron. Cuando supe que estaba sano y salvo, me dije: ‘Ya está, ahora cuando vuelva a hablar y vuelva a ser yo, voy a dedicar el tiempo a hacer las cosas que no pude hacer porque trabajo mucho. Voy a gastarme todo el dinero”. Pero eso tendrá que esperar, porque le ofrecieron presentar el programa Col·lapse en TV3 y aceptó sin dudarlo. Dice que es feliz trabajando y, pese a los rumores, asegura que no tiene planes de jubilarse.

Pregunta. No se jubila, aunque muchos medios han publicado que se retira de la televisión o que tiene planes de hacerlo.

Respuesta. Me voy a jubilar, igual que tú algún día. Pero, por ahora, no tengo fecha. Yo solo dije en una entrevista que Col·lapse es el programa con el que me gustaría concluir una carrera de 40 años, que me gustaría que fuera el epílogo. Y dije: “Tanto si dura tres meses como si dura tres años”. Me había puesto como fecha de jubilación hace un año, cuando salí del coma. Entonces me dije: “Ya está, he visto que morir no es tan raro, así que voy a dejar de trabajar”.

P. Pero volvió a trabajar.

R. Llegó la propuesta de TV3, de la que me enamoré al momento. Decía Joan Miró que lo que más trabajo le costaba a él era no trabajar. A mí no me supone ningún esfuerzo el trabajo, lo estoy pasando bien.

P. ¿Qué cosas le gustaría hacer cuando se jubile?

R. Hace 16 años compré un apartamento en Ipanema, en Río de Janeiro, con la intención de disfrutarlo en mi jubilación. Luego, después de la pandemia, compré un piso en Medellín, en una zona privilegiada de ese valle y con unas vistas maravillosas, también con la intención de pasar temporadas allí. Todo eso está en stand by. También me gustaría vivir unos meses al año en Buenos Aires porque mi abuela era porteña. Hay tantas cosas que quiero hacer y no puedo hacer por trabajo, pero sería un cretino si me quejara.

P. Entonces lo de gastarse todo el dinero tendrá que esperar.

R. Bueno, gasto bastante. No tengo hijos ni los tendré y no tengo ningún interés en dejar nada. Ojo, tampoco tengo tanto dinero. Ha habido una pandemia y he ido gastando. Hacienda también se ha ocupado de que no gane tanto [risas].

P. ¿Tiene miedo al vacío?

R. No. Hay gente que lo tiene, pero yo estoy seguro de que no echaría de menos este trabajo. Cuando he parado, no he echado de menos el trabajo ni un solo día.

P. Andreu Buenafuente ha tenido que parar por salud. ¿Alguna vez le ocurrió?

R. No. Quizá porque nunca he querido casarme con mi trabajo.

P. Pero sí que está casado con su trabajo. Lleva 40 años en pantalla.

R. Digamos que vivo en pareja con mi trabajo y nos llevamos bien. Pero para mí no es un sacerdocio.

P. Se dice que después de estar tan cerca de la muerte se valora más la vida. ¿Es un cliché?

R. En mi caso he reordenado prioridades.

P. ¿Cuáles son sus nuevas prioridades?

R. García Márquez dijo que lo único que había aprendido a los 40 era a decir que no cuando no es no. A mí me ha costado un coma de tres semanas y una enfermedad muy jodida aprender a decir que no. Pero ya, por fin, sé decirlo. Ya no voy a bodas y ya no hago nada por compromiso o por quedar bien. También he apartado a la gente que no me aporta nada. A mí no me queda tanto tiempo para perder.

P. En realidad a nadie le queda tanto tiempo.

R. Efectivamente.

P. ¿Ha hecho balance de su vida?

R. El gran balance, la gran conclusión de todo esto, es que no me apetece mucho morirme porque hay más gente que me quiere de la que yo me imaginaba. Por ellos, no puedo morirme por las buenas. Hubiera sido muy prematuro morirme hace un año. A veces uno cree que está un poco solo y no es verdad. Esta revelación tremenda me vino cuando recuperé la voz y volví a caminar y volví a levantarme y a sentarme solo en la taza del inodoro.

P. ¿Tiene amigos en este negocio?

R. Sí, pero no muchos. Y los que tengo no salen en pantalla.

P. Lleva toda la vida en la televisión y ha conseguido que nadie hable de su vida privada. ¿Cómo lo ha logrado?

R. Hace 40 años, pensé: “Si me propongo no vender nada, me van a respetar un poco más que si mercadeo con mi vida”. Ha salido bien esta operación de no ganar dinero con entrevistas. He tenido pocos ídolos, el primero fue Tintín y el segundo, Serrat. Yo me fijaba en Serrat y decía: “Joder, este tío es Dios y qué respeto le tiene la prensa”. Jamás ha mercadeado con su vida. No deja de hacer nada, pero se hace respetar.

P. ¿Cuál diría que ha sido su mayor éxito?

R. Poner en escena a un montón de gente con talento que ya está haciendo su carrera: Marc Giró, Santi Villas, Marta Torné, Lorena Castell, Torito, Valérie Tasso, Chelo García-Cortes, Mayka Navarro, Pilar Eyre… Puedo presumir de intuición.

P. Vivió la edad dorada de la tele, pero ya no se gana como antes. ¿Cómo lo lleva?

R. Antes se ganaba muchísimo dinero en la tele. Lo de ahora lo llevo con resignación. No pasa nada. Vinieron las crisis del 2005 y 2008 y ahí bajaron los sueldos del 20 al 50%. Un día, Paolo Vasile [ex CEO de Mediaset] me dijo: “Jordi, ¿tú me ayudarías a pasar esta crisis sin despedir a nadie? Pues vamos a quitarte un 20%”. Qué le iba a decir. La gente que entró después del 2008 ya ganaba una décima parte de lo que ganábamos nosotros, la aristocracia. Pero la aristocracia ya había empezado a vender cubertería. Siempre me han pagado muy bien.

P. Se habla mucho de la muerte de la televisión convencional. ¿Está tan muerta como dicen?

R. Yo escucho más radio. Claro que se habla de la muerte de la tele convencional. Pero hay algo que va a salvarla de la desaparición: la compañía que le hacemos a la gente. La tele, como la radio, acompaña. A mí la gente me habla como si fuera un mueble más de su casa. Eso nos va a salvar de la obsolescencia programada.

P. Trabajó durante 24 años en Mediaset. ¿Qué lectura hace de la crisis de audiencias de Telecinco?

R. Todo lo que se pone de moda pasa de moda. Me gustaría, por la parte que me toca, que es la del afecto que siento por muchos compañeros, que remonten.

P. ¿A quién le gustaría entrevistar?

R. A María Corina Machado. Es insólito lo que estamos viendo.

P. ¿Qué le preguntaría?

R. Le preguntaría: “¿Usted tiene algún buen amigo? ¿Usted escucha a alguien más que no sea usted misma?”

P. ¿Y de España?

R. Me gustaría entrevistar a la futura reina de España. Esa niña se está preparando desde que es pequeña para ser reina, algo que ella no ha elegido. Le preguntaría si le apetece. A Isabel II, la reina de Inglaterra, nadie le preguntó si le apetecía e hizo un reinado ejemplar.

P. Pero la gente tan joven no suele dar buenas entrevistas. No suelen tener mucho que contar.

R. Eso no es verdad. La gente joven tiene opiniones sobre casi todo.

P. Ha hecho de todo: talk shows, telerrealidad, debates políticos… ¿Le queda algo pendiente?

R. Sí. Lo he pedido muchas veces y nadie me ha hecho puto caso: presentar un informativo. Igual que ningún periódico me ha pedido una columna.

P. Tomo nota... ¿Y algo que no volvería a hacer?

R. Lo pasaba muy mal haciendo programas de testimonios. No tengo nada en contra, pero a mí me costaba porque no me gusta que la gente llore en la tele.

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