La estación de números V32: revive en Irán un misterioso sistema de espionaje de la Guerra Fría
Estas emisoras de onda corta sirven para mantener una comunicación casi intrazable cuando tumban internet. Cuba es el país con más tradición en esta tecnología


El 28 de febrero, Israel y Estados Unidos atacaron Irán. Unas horas después, Irán cortó internet en todo el país, hasta hoy. Pero ese día ocurrió también algo poco común: una estación de números empezó a emitir en farsi una serie de cifras. Eso es toda la emisión, que comienza con un aviso: “¡Atención!”. Y luego “dos, seis, nueve, cero, cuatro...”. Se repite varias veces al día en horarios fijos y se puede escuchar a miles de kilómetros. El origen de esa emisión en farsi, el idioma que se habla en Irán, parece ser el centro de Europa y el destino podría ser algún lugar dentro del país donde agentes u operativos tendrán un libro especial de códigos para convertir esos números en texto. Pero nadie confirma nada ni hay comunicados públicos sobre quién es o no es el emisor de este mensaje, adelantado por el Financial Times. A esta estación que emite la enigmática señal de número en farsi se la ha llamado V32.
⚠️ Update: #Iran's internet blackout is now entering its 18th day after 408 hours without international connectivity for the general public. Chosen users are granted privileged access, while the remainder are left with a limited domestic intranet under increasingly tight control.
— NetBlocks (@netblocks.org) 17 March 2026 at 08:37
[image or embed]
Las estaciones de números tuvieron su gran momento en la Guerra Fría, pero nunca han desaparecido. En la era de internet tienen dos grandes ventajas: funcionan cuando se cae todo y son intrazables si no te pillan con el libro de códigos en la mano. “Durante la Guerra Fría se usaban sobre todo para enviar instrucciones cifradas a agentes en el extranjero o en entornos hostiles”, dice David Marugán, consultor especializado en seguridad y radiocomunicaciones. “Ese uso esencial no ha cambiado. Hoy hay menos estaciones visibles que en el pico de la Guerra Fría, pero siguen existiendo decenas y siguen teniendo sentido porque el mundo digital está mucho más vigilado, trazado y controlado. No es un método resucitado: nunca se abandonó”, añade.
El conflicto en Irán y el posible ataque contra Cuba de EE UU han devuelto a la actualidad este método. Su objetivo es mantener la comunicación con individuos dentro de un país sin que puedan ser trazados: “Una explicación es que sea un plan de seguridad preparado de antemano y que ahora se haya activado porque otros medios de comunicación ya no están disponibles”, dice Tony Ingesson, profesor especialista en inteligencia de la Universidad de Lund (Suecia).

La eliminación técnica de estos mensajes es también muy compleja. “Es complicado neutralizarla por completo”, dice Marugán. Puede usarse un transmisor que genera ruido o una interferencia deliberada (jammer) sobre la misma frecuencia para dificultar la recepción del mensaje. “Eso puede degradar mucho la escucha en la zona objetivo, pero no necesariamente elimina la emisión por completo ni impide que el operador cambie de frecuencia o adopte otras contramedidas, de horario, potencia, modulación o incluso de emplazamiento”, añade Marugán. La forma realmente eficaz de eliminar una estación es localizar físicamente el transmisor y desmantelarlo legalmente, lo que depende de encontrarlo y lograr la colaboración del Gobierno de ese país, algo extremadamente difícil.
“En el caso de V32, todo apunta a que se ha empleado el conocido bubble jammer iraní, un tipo de interferidor asociado desde hace años a la censura de emisiones dirigidas a audiencia en persa como las estaciones Radio Farda, Voice of America en persa, BBC Persia o Iran International”, explica Marugán.
Otro riesgo es la captura de sus receptores con el libro de códigos en la mano, lo que tampoco es fácil. “El receptor suele apuntar el mensaje en papel y luego usa una clave, también en papel, para descifrarlo. Cuando ya lo ha transcrito, quema tanto el mensaje como la clave. Todo se hace con boli y papel, con lo que, a diferencia de cualquier dispositivo digital, no queda rastro”, dice Ingesson.
A pesar de estas ventajas en momentos críticos, no son un método útil para una comunicación fluida con un operativo. Es solo unidireccional, lo que es una ventaja y un inconveniente a la vez. Es más difícil detectar a los posibles espías en un territorio: “Cualquiera puede escuchar la señal, pero el receptor no transmite nada de vuelta, así que no deja tráfico, totalmente pasivo y es técnicamente imposible localizar a quienes la reciben”, dice Marugán. Pero eso hace que esos mismos agentes necesiten otros canales para responder, si fuera necesario. “Tiene que haber otro canal para que el agente o la fuente pueda responder: reuniones cara a cara, puntos muertos donde dejar mensajes, otro transmisor de radio en una frecuencia distinta”, explica Ingesson.
Aunque es posible que por el ataque contra Irán haya revivido esta herramienta, ese país no es uno donde estas estaciones se hayan usado principalmente, advierte Marugán: “Cuba es el país con más tradición en estaciones de números”. Los agentes rusos detenidos en EE UU en 2010 escuchaban estaciones de números que emitían desde Cuba. Aquí puede oírse un ejemplo reciente de la emisora HM01 desde Cuba, una de las más célebres en el mundillo de la inteligencia.
La conexión ruso-cubana es una de las principales usuarias de estaciones de números en la historia, según Ingesson: “Las estaciones de números suelen estar asociadas hoy en día a muy pocos operadores, sobre todo Rusia y Cuba. Pero también hay una estación polaca y Ucrania tenía una hasta la invasión a gran escala de 2022″. “También hay un transmisor de este tipo en Taiwán”, advierte.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































