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Los tentáculos de ‘Los Pocholos’ se extienden a los recortes de las leyes LGTBI+ de Madrid

La exportavoz del PP de asuntos sociales y familia, Mónica Lavín, una de las ‘alumnas aventajadas’ del conocido como ‘Rasputín’ de Ayuso, quien a pesar de ser gay ha mostrado sus opiniones lgtbifóbicas

La exdiputada del PP en la Asamblea de Madrid Mónica Lavín (en el medio) es aplaudida en la cámara madrileña el 18 de diciembre de 2025. Ricardo Rubio / Europa Press
Pablo León
Madrid -

Las leyes LGTBI+ de Madrid fueron aprobadas en 2016. Se trataba de dos normas ―una para luchar contra la discriminación del colectivo en general y otra específica para las personas trans e intersex― que el Partido Popular, entonces liderado por Cristina Cifuentes, llevó adelante. La actual presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, ya era diputada y, como la mayoría del PP, apoyó una y, con su abstención, permitió que saliera la otra. Sin embargo, a finales de 2023, la misma Díaz Ayuso, que recién estrenaba mayoría absoluta en la cámara madrileña, planteó el recorte de esa legislación. La diputada Mónica Lavín, que había entrado en el parlamento madrileño en las elecciones celebradas ese año, y que ejercía como portavoz de Familia y Asuntos sociales, fue la encargada de defender el recorte de derechos. Lavín era parte de Los Pocholos, un clan de jóvenes treintañeros que rendían pleitesía a Antonio Castillo Algarra, que llegaron a la política de la mano de Ayuso, y que han salido en bloque de las instituciones madrileñas hace dos semanas.

Los pocholos han formado parte del equipo que ha impulsado los cambios en Educación y en Cultura. Asumimos que también han tenido algo que ver con el recorte de las normas LGTBI+”, apunta la diputada Marisa Escalante (Más Madrid). Ella fue la primera en mencionarlos en la Asamblea ante la bancada popular. El mote se lo habían puesto los conservadores. Al escucharlo en el parlamento regional, los escaños del PP enmudecieron: “Los diputados del PP siempre hacen mofas cuando intervengo. Sin embargo, ese día se quedaron callados y algo inquietos”, recuerda Escalante. “La verdad es que no sabemos hasta dónde ha podido llegar su influencia”, agrega. Desde el PP nacional, por su parte, derivan el asunto a la delegación madrileña de los conservadores y estos no han contestado a las preguntas de este periódico.

De los tres diputados y dos directores generales que dimitieron en el PP madrileño ―sin contar al consejero de Educación Emilio Viciana, cuyo cese provocó la estampida de Los Pocholos―, Mónica Lavín es descrita como la más cercana a Algarra. “Desde la primera vez que nos miramos, nos dimos cuenta de que estábamos hechos el uno para el otro. Y desde entonces, no nos hemos separado”, describía el propio mentor sobre la relación con su pupila, según una exalumna de la academia en la que el dramaturgo captaba y adoctrinaba a sus acólitos. “Lavín era una niña”, agrega esta fuente que pide anonimato.

En sus opiniones, aparte de una visión romantizada de la historia de España, de nostalgia con tintes reaccionarios, y odas a la libertad, Algarra habla de “ideología de género” y destila lgtbifobia. “El homosexual es un ser monstruoso: como en esta época de manipulación del lenguaje se vive en el miedo a las palabras, aclaro que lo contrario de lo monstruoso no es lo hermoso (cuyo contrario es lo “feo”), sino lo normal”, escribía el jefe de Los Pocholos en 2019.

Ese texto fue recomendado por Díaz Ayuso: “Leer 100%”, “para reflexionar”, publicó entonces la actual presidenta en sus redes sociales. Algarra no niega su homosexualidad. Ha tenido ―o tiene― una pareja masculina: “Se llamaba ―o se llama― Alberto. No tenía cargo específico en la academia [de Algarra], pero ayudaba dando clases para oposiciones de alto rango”, afirma un ex trabajador del centro del dramaturgo. El dramaturgo sí que reniega de la lucha LGTBI+, por considerarla “colectivista”. Además, exhibe transfobia. Sus acólitos también. “La ley trans de Madrid atiende a los que han padecido excesos ideológicos”, justificaba Lavín el asedio a la legislación.

“Una persona homosexual que escribe un artículo calificando la homosexualidad de monstruosidad evidencia que no es feliz”, apunta la también diputada regional Carla Antonelli (Más Madrid). “Es una persona con homofobia claramente interiorizada; un amargado al que le molesta la felicidad de los demás. No me extrañaría que estuviese implicado en el intento de derogación de las leyes trans y LGTBI+. Piensa que Lavín, que era una de su secta, fue la responsable de defender esos recortes legislativos”, ahonda la también senadora, la primera mujer trans en ocupar ese cargo al igual que el de diputada.

Antonelli ha confrontado en la Asamblea de Madrid “con todos los pocholos que había en el PP" ―Pablo Posse (portavoz de Educación), Carlota Pasarón (portavoz de Juventud), Emilio Viciana (consejero de Educación)―, pero especialmente con Lavín. “Yo la llamaba la Anita Bryant madrileña”, afirma en referencia a la activista reaccionaria estadounidense de finales de los setenta y principios de los ochenta. “Le dije que iba a pasar a la historia por su transfobia”.

“Lo que están impulsando no es solo odio, es el germen de un genocidio y de un exterminio por género. No vamos a volver a los márgenes”, le espetó Antonelli a Lavín en febrero de 2025, cuando aún se debatía sobre el recorte en la ley trans regional. Las reformas que planteaba el PP madrileño a esa norma obligaban a los menores trans a tener un informe médico favorable para iniciar la terapia de confirmación de género; eliminaba la inversión de la carga de la prueba, que obliga al acusado de discriminar a una persona trans a demostrar su inocencia; y derogaba el derecho a la autodeterminación de género. Además, se eliminaban parte de las atenciones a las personas trans en centros educativos o en la Administración y desaparecía también parte del articulado con respecto a los delitos de odio.

La reforma de la otra ley madrileña contra la lgtbifobia estaba en sintonía con lo mencionado. Sin embargo, el Gobierno de Pedro Sánchez llevó la norma al Constitucional, ―que dio la razón al Ejecutivo central―, y el PP de Madrid rebajó las modificaciones.

“Es curioso porque muchas de las leyes impulsadas por el pocholismo no las presentaba el Gobierno de Ayuso, sino el Grupo parlamentario popular, lo que evitaba que pasaran una serie de controles”, apunta el diputado socialista Santi Rivero, que describe como “chapuzas” muchas de sus propuestas. “¿Hasta qué punto Ayuso, que venía de un partido que aprobó las leyes LGTBI+ de la región, vira tanto su opinión por la influencia de un hombre homosexual resentido incluso consigo mismo?”, se pregunta Rivero.

Para el socialista, “todos los diputados de la bancada del PP son cómplices de lo que han hecho [los pocholos] porque han tragado, han aplaudido y han vitoreado a Mónica Lavín cuando estaba denigrando a las personas trans aquí en la Asamblea”. Y agrega: “Han estado infectando con su ideología ultra áreas que son fundamentales para los niños trans en los colegios, para la atención a las personas LGTBI+ en la Comunidad, además de fomentar eso que llaman la batalla cultural. Ahora, ¿van a derogar las leyes que este señor ha impulsado? Porque su obra sigue ahí”.

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