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Las cicatrices en el PP de Ayuso tras la crisis de ‘Los Pocholos’

La renuncia de tres diputados y el cese de un consejero llena de preguntas a un partido sorprendido por su influencia en la Asamblea, el Gobierno y la Ejecutiva

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, durante la rueda de prensa posterior a la reunión del Consejo de Gobierno, en el Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes, a 28 de enero de 2026, en Madrid (España).Alejandro Martínez Vélez - Eur (Europa Press)

Los diputados del PP de Madrid acuden con las orejas tiesas a una reunión a primera hora del jueves. Dos días antes, el martes, tres compañeros de bancada han dimitido en bloque para solidarizarse con Emilio Viciana, destituido el lunes como consejero de Educación del Gobierno de Madrid. Su decisión ilumina una realidad incómoda para Isabel Díaz Ayuso: se ha explicitado, dice un veterano del partido, que en el PP de Madrid anidaba un grupo que privilegiaba sus vínculos personales, creados alrededor del intelectual Antonio Castillo Algarra, frente a las siglas. Peor: quedan al descubierto las costuras de una formación que pasa por ser la organización más en forma del PP en España.

Al llegar a la reunión, en la Asamblea, Díaz Ayuso toma la palabra: “La renovación [de las listas electorales de 2023] conlleva riesgos, pero en líneas generales ha funcionado muy bien”, dice la baronesa para justificar haber aupado a tres desconocidos que luego dejan el escaño. Así, tres días después de que se abriera la herida, el PP la da por cerrada. Sin embargo, queda la cicatriz, las dudas y el malestar interno por el poder y la influencia que acumularon en tan poco tiempo personas sin ninguna trayectoria previa en el partido.

“Es espeluznante haber tenido a esta gente gestionando la Educación sin saber bien quiénes son”, se horroriza una fuente popular que conoce bien las ramificaciones municipales del partido conservador. “Ahora, el teléfono no deja de arder para preguntar quién era esta gente”, añade sobre las personas que más influencia han tenido en la gestión del presupuesto educativo, de 7.000 millones de euros, y que ya no trabajan para el PP: el consejero Viciana; dos directores generales, María Luz Rodríguez Lera y Nicolás Casas; y los diputados Pablo Posse, Mónica Lavín y Carlota Pasarón. “Ya cuando se hicieron las listas electorales no hubo explicaciones”, lamenta sobre un grupo que repartió su capacidad de influencia por el gobierno (Viciana), la Asamblea (los tres diputados) y la propia Ejecutiva de Ayuso en el PP regional (donde Posse y Lavín tenían sendas secretarías).

Después de las elecciones, y tras una luna de miel que casi convirtió a Viciana en el ojito derecho de Ayuso, además de en su compañero en viajes oficiales a Chile o Estados Unidos, empezaron los problemas. Hasta llegar al choque abierto.

Enero de 2026. Miguel Ángel Rodríguez, el poderoso jefe de gabinete de Díaz Ayuso, pasa revista a los consejeros del Gobierno en una cita que dos fuentes sitúan en La Casita, una propiedad del Canal de Isabel II en Manzanares el Real. Ocurra donde ocurra el encuentro, de lo que pasa cuando llega el turno de que se vea con Viciana hay versiones discrepantes. Una describe “una movida” que es decisiva en que un mes después el titular de Educación sea destituido, la culminación -considera quien transmite esta versión- de los supuestos “celos” por la influencia que ejerce Castillo Algarra a través de Viciana: “MAR [el acrónimo por el que se conoce a Rodríguez] azuza la maquinaria de los problemas del consejero, empieza a desgastarle, hasta que consigue cargárselo”.

La otra versión, vinculada al entorno de Rodríguez, simplemente reconoce una conversación, y retrata una relación profesional: “En general, han hablado de la financiación de las universidades y de la ley que estaba planteada, pero nunca han discutido”. Otra fuente, no obstante, señala: “Dicen que el detonante de la destitución es que Viciana no sacara adelante la ley de universidades. Es verdad que eso generaba malestar desde hacía meses, pero es una excusa. Tuvieron una bronca, y ahí MAR convence a Ayuso de que le tienen que cesar. Por la razón que sea, MAR y Castillo han partido peras”.

Lo que es seguro es que la salida de Viciana y de dos directores generales suyos, todos vinculados a Castillo, produce un efecto dominó que nadie anticipa. “Sí, me sorprendió la decisión”, reconoce el portavoz parlamentario del PP, Carlos Díaz Pache, sobre la posterior dimisión de sus tres diputados. Porque el martes, cuando uno de ellos, Pablo Posse, anuncia ante los micrófonos de la comisión de Educación que deja el cargo, como harán luego sus compañeras Mónica Lavín y Carlota Pasarón, dice: “Mi agradecimiento al señor Castillo Algarra, que ha sido difamado en esta comisión en varias ocasiones, de forma creo que injusta, y en prensa también”.

Son palabras que duelen a más de uno en el PP, que en 2023, condicionado por la victoria de Díaz Ayuso en su guerra contra Pablo Casado, y mecido por la perspectiva de lograr la mayoría absoluta, digirió sin problema alguno la renovación total del partido. La baronesa venía de ser elegida como presidenta del PP de Madrid con el 99,12% de los votos. Libre para hacer y deshacer, renovó casi al completo su lista electoral. La misma estrategia se aplicó en las listas municipales. Como resultado, políticos de toda la vida y casadistas declarados perdieron sus sitios de salida frente a recién llegados a la política, como los ahora dimitidos. De hecho, Posse y Lavín seguían figurando el viernes en la web del PP como integrantes de la ejecutiva de Ayuso en el PP de Madrid, encabezando las secretarías de Educación, y Familia y natalidad, respectivamente. Sin embargo, un portavoz precisa que han dejado también esos cargos.

“Es alucinante”, se queja una fuente con predicamento en el partido, “que se carguen a la gente del partido, y que mucha gente esté ahora en su casa o en sitios absurdos, para que luego te metan a tres que no se sabe ni de dónde vienen... y solo porque quieren a gente sumisa y leal, que vea a la Ayuso de ahora, que la vea como una madonna, porque no la conozcan de antes”. “Los que han dimitido se han ido diciendo que lo hacían por coherencia, por lealtad. Lealtad, ¿a qué proyecto? ¡Será al suyo y al del consejero! Desde luego, no al del PP de Madrid. Eso era un tinglado", añade. Otro miembro de la formación madrileña añade: “¡Alguien de fuera te los mete en la Asamblea y te los saca! ¿Estaban aquí en misión especial? ¿Es esto un partido político?”, añade otro.

La versión oficial del PP es que la salida de los tres diputados es “irrelevante”. Así lo transmiten hasta dos estrechos colaboradores de Díaz Ayuso con responsabilidades políticas. Un tercer interlocutor que cuenta con la confianza de la presidenta es incluso más contundente. “Del 70% de renovación de la lista, algunos se conocían y tenían un profesor en común”, dice sobre los dimisionarios. “No hay más”, recalca. “Han trabajado muy bien y tenían futuro. Allá ellos si han decidido poner fin a su actividad política por seguir a un compañero o amigo. Respeto. Y seguimos”, argumenta. “No hay corrientes internas. Ni voces discrepantes. Diputados solos o en grupito [que se vayan] hay decenas de ejemplos. Y estos se van siguiendo a quien estimen. No nos importa. Será por cantera”.

Lealtades

En lo que va de legislatura, han dejado su escaño en la Asamblea 49 diputados, de todos los partidos. Los motivos fueron múltiples, en muchos casos relacionados con la aparición de una oportunidad laboral mejor, no con una discrepancia política. Lo que es seguro es que en este caso no han dimitido tres diputados rasos, porque todos eran portavoces de comisión, lo que les reportaba un jugoso extra económico, además de foco mediático. Todo un símbolo de su peso interno. Tampoco es habitual que las salidas se hagan en bloque. Y mucho menos que ocurran en coordinación con una persona ajena al partido o al Gobierno. Castillo Algarra también dejó su puesto como director artístico del ballet español de la Comunidad de Madrid.

“Yo siempre he pensado”, reprocha un político que trabaja a diario con Díaz Ayuso, “que la lealtad de un diputado, en cualquier Parlamento, debería ser siempre a los ciudadanos, al proyecto político y al grupo parlamentario, en ese orden”.

Del martes en el que dimitieron los diputados al jueves en el que Ayuso se reunió con su grupo parlamentario, pasó de todo: la designación de Mercedes Zarzalejo como consejera de Educación y su toma de posesión; la destitución de dos directores generales vinculados a Viciana y el intento de coser una herida de las que dejan cicatriz.

¿Es esta crisis una señal de debilidad en el PP de Ayuso?, se le pregunta a un veterano de la formación. “Sí. Lo es. Pero pasará. Una vez nombrados los nuevos tres diputados, que ya ha ocurrido, a otra cosa”, responde.

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