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España, un referente para el asilo LGTBIQ+ con problemas: “Hoy tenemos garantías, pero puede cambiar en cualquier momento”

Aunque los refugiados del colectivo celebran que llegar al país de la UE “fue como respirar aire fresco”, también denuncian obstáculos estructurales, lgtbifobia y racismo

Exilio LGTBI
Andrés Ortiz

Matteo Iberico (Perú, 30 años) se sobresalta al recordar lo que le dijo la abogada que lo asiste en su proceso de solicitud de asilo en España: “Matteo, es que en tu país no matan a la gente trans”. Se molesta al relatar las veces que en citas médicas el personal se ha referido a él en femenino o usando su dead name (su nombre antes de la transición); cuando le gritan “maricón” en la calle. “La violencia por ser trans y por ser migrante es muy notoria”, asegura por teléfono desde Sevilla, donde vive. A veces siente que está “viviendo lo que vivía en Perú”, de donde tuvo que salir tras ser amenazado por su identidad de género y su orientación sexual. Una de cada diez personas a las que se concede refugio en territorio español huye de la represión por ser una persona LGTBIQ+, según datos del Ministerio del Interior.

Como Iberico, miles de personas LGTBIQ+ ven en España “un referente de libertad”. El país de la UE cuenta con amplia legislación para proteger los derechos LGTBIQ+, desde el matrimonio igualitario, aprobado hace dos décadas, hasta la ley para la igualdad real y efectiva de las personas LGTBIQ+, en pleno desarrollo. Según el Rainbow Map, elaborado por la Asociación Internacional LGTBI+ (ILGA), España es el quinto mejor país de Europa para ser parte del colectivo. Cumple casi un 78% de los requisitos estudiados, muy por encima de la media europea (51,13%).

Matteo Iberico en Sevilla.

Iberico se dio cuenta de que le gustaban las mujeres cuando tenía cinco años. Le gustaba vestirse de niño y pidió a su madre que le comprara el uniforme que usaban ellos. Se enamoraba de sus compañeras y de sus profesoras. Su familia reaccionó con catequesis, bautizo y primera comunión. En plena adolescencia, cuando tenía 14, recibió bofetadas de su padre y sus tíos cuando dijo que le gustaban las mujeres. Lo echaron de casa. Fue la primera vez que pensó en suicidarse.

En la universidad conoció “las transmasculinidades” y comenzó su transición. Intentó cambiarse el nombre y sexo en su documento de identidad, pero la normativa peruana no reconoce la autodeterminación de género, sino que exige para ello una cirugía de reasignación total. A duras penas consiguió un trabajo mal pagado y del que después lo despidieron. En la calle lo insultaban, lo acosaban, lo seguían en las noches hasta su casa, lo llamaban para amenazarlo. Quitarse la vida pasó nuevamente por su cabeza. Siguió el consejo de una amiga y viajó a España con el dinero que le quedaba.

De lugar de represión a referente LGTBIQ+

España fue durante décadas un lugar de represión y condena de la diversidad sexoafectiva e identitaria. La dictadura franquista persiguió a miles de personas, amparada por la Ley de Vagos y Maleantes, que permaneció vigente hasta 1995. El número de personas afectadas durante casi 40 años de represión es difícil de calcular: hay estimaciones de que fueron más de 5.000, según investigaciones de historiadores como Ramón Martínez o Gracia Trujillo. En medio siglo, el país ha pasado de ser un infierno a convertirse en “un referente de libertad”, apunta el activista cubano Yoelkis Torres. Llegó a España el año pasado, acogido en un programa de protección especial de Amnistía Internacional tras sufrir seis años de detenciones arbitrarias, maltratos y amenazas de parte del régimen cubano.

La brecha, sin embargo, entre el reconocimiento legal y la realidad es grande. Tanto Iberico como Torres se han chocado con un sistema de asilo sesgado, rígido y desbordado; con homofobia y xenofobia en el espacio público y discriminación en el acceso a vivienda o salud. Berta Güell, investigadora especializada en migraciones de la Universidad Autónoma de Barcelona, explica que la violencia se recrudece en tres situaciones: durante la solicitud de asilo, al ingresar al sistema estatal de acogida y en el proceso de integración a la sociedad.

Ni siquiera hay cifras claras sobre el número de personas que solicitan protección internacional por orientación sexual o identidad de género, ya que la Oficina de Asilo del Ministerio del Interior no recopila ese dato. Existe el dato de cuántas resoluciones han sido favorables por esta razón: 806 personas en 2023, los últimos datos disponibles; un 11,01% de las 7.327 aprobadas.

De Ekaterimburgo a Alicante: “Vivir sin miedo no tiene precio”

Mariana Motienko junto a su familia cerca de su casa, en Alicante.

Mariana Motienka (Rusia, 37 años), llegó a España desde Ekaterimburgo en agosto de 2023 con su mujer, Elena, y su hijo, Lev, huyendo de la persecución que sufrían en su país como lesbianas. “Vivimos muchos años con miedo y llegar a España fue como respirar aire fresco”, asegura por teléfono desde Alicante, donde vive con su familia

Acoplarse no ha sido fácil. Recuerda “uno de los momentos más difíciles” como refugiada LGTBIQ+, cuando le denegaron a su familia mudarse a un piso de acogida compartido porque otro residente se negó a convivir con una pareja homosexual. “Fue el mismo día de la mudanza, después de cuatro meses de vivir en un albergue. Fue una humillación”.

En cualquier caso, Mariana insiste en que llegar a España ha cambiado su vida “profundamente” por ser un país donde se siente protegida: “Hay leyes que funcionan, organizaciones a las que se puede acudir”. Y agrega: “La posibilidad de ir por la calle de la mano de Elena sin sentir miedo, la posibilidad de hablar abiertamente de quién soy sin esconderme... eso no tiene precio”.

Códigos “demasiado occidentales”

Todos los solicitantes de asilo en España se someten a un examen de credibilidad que evalúa su historia. Una ley de 2009, que por primera vez reguló el asilo en España para las personas LGTBIQ+, exige que el relato sea coherente, que no sea contradictorio o inverosímil y que sea suficiente para probar la persecución. Aunque el Eurobarómetro de la Discriminación de la Comisión Europea de 2023 indica que casi el 90% de los españoles cree que las personas LGTBIQ+ deberían tener los mismos derechos que las personas heterosexuales; muchas discriminaciones son sutiles y se producen a nivel social: entre vecinos, familia, en el espacio público, escuelas o trabajo.

Ahora Iberico aguarda la evaluación de su solicitud de asilo (presentada con su dead name y un sexo que no es el suyo). Teme que al no haber sido activista en Perú, “no haya tanta posibilidad de aceptación”. Güell explica que el sistema tiende a favorecer a perfiles “activistas, que han tenido una actividad politizada y visible”.

Al estar basado en la Convención sobre el Estatuto de Refugiados de 1951, donde el perfil de refugiado es “un hombre blanco, cisgénero, heterosexual, refugiado político”, operan códigos culturales “demasiado occidentales” que sesgan el procedimiento y desconocen la realidad de una persona LGTBIQ+ migrante. “Se espera que los testimonios sean explícitos, lineales y sin contradicciones. No se puede entender que haya estrategias de ocultamiento para evitar la discriminación”, advierte. A continuación matiza que ha habido avances formativos del personal laboral en las delegaciones de asilo y actualizaciones de los protocolos para incorporar la diversidad.

El activista cubano Torres también se inquieta al pensar que su solicitud pueda ser denegada. “España no reconoce que en Cuba hay una dictadura, y le están negando asilo a los cubanos”, asegura. Además, en su país son legales el matrimonio igualitario, la adopción homoparental y hay acceso gratuito a cirugías de reasignación de sexo y tratamientos hormonales. La Constitución prohíbe la discriminación y el Código Penal sanciona con cárcel los delitos de odio. “Es una fachada”, lamenta Torres, “los derechos están escritos, pero no hay garantías”, afirma. “Si reclamas una ley de identidad de género, o atención médica para las personas LGTBIQ+ encarceladas, el Gobierno te declara contrarrevolucionario y te persigue”.

Según el Informe sobre personas refugiadas en España y Europa del CEAR del año pasado, de 3.082 solicitudes de asilo formalizadas de Cuba en 2024, solo 30 recibieron el estatuto de refugiado y 1.127 fueron rechazadas o archivadas, mientras que el resto no se han resuelto.

“Pesa mucho el marco legal del país de origen”, señala Güell. Entonces, si el solicitante es de un país como Irán, donde la homosexualidad se castiga con pena de muerte, “tiene muchos números de que se conceda”. Es más complicado si proviene de países que cuentan con legislación favorable, como Cuba, pero donde igual existe discriminación: “Eso no se tiene en cuenta”.

Torres recuerda cuando en España un médico le dijo que debía vacunarse más por ser homosexual y migrante. “Supuestamente, iba a contagiar a los españoles de enfermedades que ya se habían erradicado aquí y que el tipo decía que resurgían por la migración”. “La homofobia y la xenofobia están presentes en muchos espacios”, remacha

El primer asilado gay

El colombiano John Jairo, de 61 años, el primer gay asilado en España, fotografiado en Valencia en marzo.

También hay, claro, quienes logran integrarse plenamente. “¿Integrado? 100%”, dice John Jairo Romero (Colombia, 61 años), la primera persona a quien España otorgó asilo al reconocer que estaba en peligro por ser homosexual. Fue en 2004. Hace más de 20 años que vive en Cullera y desde allí ha continuado comprometido con el activismo que lo obligó a salir de su país.

Trabaja atendiendo un camping y está armando un colectivo latinoamericano para incidir más directamente en el activismo LGTBIQ+ migratorio e interseccional. Le alarma el clima político actual por situaciones como la de Torre Pacheco. “Me preocupa perder derechos por los que hemos luchado durante años”, dice. “También los derechos de los migrantes. La xenofobia crece. Puede que pronto se endurezcan las condiciones para solicitar protección internacional. Hoy tenemos garantías, pero eso puede cambiar en cualquier momento”.

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Sobre la firma

Andrés Ortiz
Colombiano. Escribe en Última Hora y colabora con otras secciones. Estuvo en Colombia Visible, proyecto de Caracol Radio enfocado en periodismo de soluciones, y en La Silla Vacía. Estudió Ciencia Política y Lenguas y Cultura en la Universidad de Los Andes en Bogotá. Cursa el máster en Periodismo UAM–EL PAÍS.
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