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Mette Lykke, consejera delegada de Too Good To Go: “Tiramos alimentos por valor de un billón de euros al año”

La ejecutiva danesa, al frente de la mayor ‘app’ mundial contra el desperdicio de alimentos, confía en que la nueva ley española contra el desperdicio marque el camino en un mundo donde el 40% de los alimentos producidos acaba en la basura

Mette Lykke, consejera delegada de Too Good To Go, en la sede de la empresa en Copenhague, a finales de enero.Jacob Crawfurd

Su empresa es un llamado unicornio, una de las start-ups más exitosas de Europa. Mette Lykke (Ringkøbing, Dinamarca, 45 años) dirige Too Good To Go, la plataforma que conecta restaurantes y supermercados con consumidores dispuestos a rescatar sus excedentes a precio reducido. Es la de mayor alcance en su categoría: opera en 21 países, tiene 130 millones de usuarios y cuenta con más de 500 millones de comidas salvadas. Lykke considera el despilfarro la gran anomalía de nuestro tiempo: se desperdicia el 40% de los alimentos producidos y ese derroche genera el 10% de las emisiones globales. Lo explica en la sede de su empresa, en Copenhague, satisfecha con la nueva ley contra el desperdicio que entra en vigor este viernes en España.

Pregunta. ¿Qué espera de esta nueva normativa?

Respuesta. España es el tercer país europeo en aprobar una ley de este tipo. Es un cambio estructural: obligará a las grandes superficies a trabajar con organizaciones sociales para donar alimentos y a contar con un plan claro para reducir el despilfarro. En España se desperdician varios millones de toneladas de comida al año. Algo debe cambiar.

P. Le sonará ingenuo, pero no entiendo cómo se puede perder el 40% de los alimentos producidos en el mundo.

R. Es escandaloso y uno de los problemas más absurdos que tenemos. Desde el punto de vista social, producimos suficiente comida para todo el mundo y, aun así, cientos de millones de personas se acuestan con hambre. Y, en términos económicos, tiramos alimentos en buen estado por un valor de un billón de euros al año. Por muchas vueltas que le dé, yo tampoco lo entiendo.

P. Con otras cuestiones climáticas ha habido una gran toma de conciencia. ¿Por qué no con el despilfarro?

R. La cadena es larguísima y en cada tramo pueden salir mal muchas cosas. No hay una solución única ni una sola medida capaz de arreglarlo. En España, alrededor del 40% del desperdicio se produce en los hogares, pero el consumidor nunca es el único responsable. Están los comercios, la restauración, la producción y, por supuesto, los líderes políticos.

“Mis abuelas guardaban hasta media yema de huevo sobrante. Nosotros lo lanzamos a la basura sin dudar”

P. ¿Por qué cuesta tanto reducir el derroche doméstico?

R. Somos demasiado comprensivos con los imprevistos del día a día. Compras algo para cenar y, al final, sales a comer fuera. A tus hijos no les gusta lo que has cocinado, así que lo tiras.

P. Es decir, que tiramos comida con más ligereza que otras cosas.

R. Sí, y eso tiene que ver con su precio. Si comparamos con otras épocas, la comida se ha abaratado, incluso teniendo en cuenta la inflación actual. Mis abuelas, que vivieron la Segunda Guerra Mundial, guardaban hasta media yema de huevo sobrante. Nosotros lo lanzamos a la basura sin dudar. Nuestra misión es recuperar ese respeto por los alimentos y por su valor.

P. Los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU proponían reducir a la mitad el desperdicio alimentario antes de 2030. ¿Estamos a tiempo?

R. No lo veo realista. Algunos países ya han rebajado su nivel de ambición. El problema no es que no lleguemos a ese objetivo, sino que, a escala global, el desperdicio crece.

P. Too Good To Go cumple una década. ¿Cómo explica su éxito?

R. Es una idea con la que ganan todas las partes implicadas, lo que no suele ser habitual en el modelo económico dominante. Gana el consumidor, gana la empresa y gana el planeta. Para el usuario supone un ahorro y la sensación de estar haciendo algo bueno. A la empresa le permite obtener ingresos por productos que, de otro modo, acabarían en la basura.

P. ¿Recuerda su primer trabajo?

R. Perfectamente. Limpié baños a los 12 años. Mi abuelo tenía una tienda de materiales de construcción en la Dinamarca rural y yo quería trabajar. No podían ponerme en la caja con esa edad, pero sí me dejaban limpiar los baños o trabajar en el almacén. Aprendí algo muy básico: hay que presentarse a la hora, trabajar y cumplir. Así se suben los peldaños.

P. Antes de Too Good To Go, creó Endomondo, una aplicación para los entrenamientos deportivos. La vendieron por unos 100 millones de euros. ¿Se planteó retirarse?

R. No, nunca. Para mí, esto no va de hacer dinero. Se trata de dejar algo a los demás, de construir algo que sobreviva a una misma y mejore de verdad la vida de la gente. Le veo sonreír y sé que suena un poco cursi, pero le aseguro que es verdad.

P. En un momento de múltiples crisis, ¿teme que la agenda medioambiental quede relegada a un segundo plano?

R. Sí. En medio de las guerras, la cuestión climática recibe menos atención, pero el problema no se ha ido a ninguna parte. Al contrario: cuanto más tardemos en afrontarlo, peor será. Estoy preocupada, como ciudadana y como madre.

P. Dice soñar con un mundo sin desperdicio alimentario. ¿Es realista?

R. Esa es nuestra visión, pero no le voy a engañar: no sé si llegaremos a ello. Es posible que sea un objetivo casi imposible de obtener. Pero eso es lo que me obliga a seguir insistiendo.

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