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Mandarín y becas universitarias: así teje China su influencia en África a través de la educación

El gigante asiático fortalece su presencia en el continente gracias a la enseñanza de idiomas, mientras crece el número de estudiantes africanos en universidades chinas, siendo el segundo destino académico para los jóvenes africanos, solo por detrás de Francia

Una de las clases del Discovery Chinese Cultural Training Center, en una fotografía cedida por el centro.Discovery Chinese Cultural Training Center

Damaris Mutinga es una mujer keniana que desde que era niña tenía el sueño de trabajar en el sector del ferrocarril. De adulta descubrió que una de las puertas para lograrlo era aprendiendo mandarín, ya que gran parte de las empresas del sector provenían de ese país. Tras acabar sus estudios universitarios, la keniana Faith Mworia aprovechó una beca y se fue a China para aprender el idioma. Años después, ha hecho de su pasión su oficio; tiene su propia academia en Nairobi, donde enseña a sus compatriotas los secretos de la lengua y la cultura china. A miles de kilómetros del continente, Elizabeth O., una joven ugandesa de 24 años, estudia su segundo año de máster en Pekín gracias a una beca del Gobierno chino.

Sus historias reflejan una tendencia que ha ido tomando forma en los últimos años. A través de becas, programas universitarios y la expansión del aprendizaje del mandarín, China ha convertido la educación en una de las vías para fortalecer su presencia en África y estrechar lazos con el continente. En un momento de creciente competencia internacional por la influencia en la región, formar a quienes ocuparán puestos clave en gobiernos, empresas y universidades se ha convertido en una apuesta más de inversión, con la que Pekín ha tomado la delantera.

“Hasta 2025, China había establecido 77 Institutos Confucio y Aulas Confucio en 47 países africanos, y formado a más de un millón y medio de estudiantes”, según datos recogidos en el artículo El aprendizaje mutuo entre las civilizaciones china y africana inyecta un nuevo impulso a la unidad y el fortalecimiento autónomo del Sur Global, publicado este enero. En apenas tres lustros, el gigante asiático ha pasado de ser un destino marginal para estudiantes africanos a convertirse en el nuevo polo educativo. Más de 80.000 africanos cursaban estudios en universidades chinas antes de la pandemia, y diversas estimaciones sitúan hoy la cifra por encima de los 100.000. Hace apenas dos décadas, eran menos de 2.000. Un aumento que coincide con su ascenso como principal socio comercial desde hace años y la expansión de su presencia económica en sectores estratégicos africanos, desde ferrocarriles y puertos hasta minas o proyectos de telecomunicaciones y energéticos.

Aprendizaje de mandarín

Aunque los expertos consultados opinan que el aprendizaje del mandarín sigue representando un porcentaje menor en comparación con el de otras lenguas extranjeras, coinciden en que en los últimos años ha aumentado el interés por este idioma en el continente, impulsado por factores culturales, económicos y geopolíticos.

“Existe la sensación de que China está ascendiendo a nivel global, como una potencia económica en auge y quizá también política, que en cierto modo sustituye un poco ese atractivo global que tenía el inglés, durante mucho tiempo asociado con el éxito y la internacionalización. Eso sigue siendo así, pero quizá el chino también esté empezando a ocupar ese espacio”, explica por videollamada Lutz Marten, catedrático de Lingüística General y Africana en la Universidad SOAS de Londres.

“Muchísimos estudiantes en todo el mundo, incluidos en África, piensan que aprender chino es una buena inversión de futuro, porque podría resultar útil para las perspectivas laborales. Que realmente sea así es otra cuestión”, añade.

Para Mworia, directora y fundadora del Discovery Chinese Cultural Training Center y presidenta de la Asociación de Profesores de Lengua China de Kenia, 2020 fue un año clave. Cuando la escuela abrió sus puertas en 2011, apenas contaban con 50 alumnos por curso. “Desde 2020 hemos registrado cifras mucho mayores, con alrededor de 300 estudiantes al año”, recuerda. “Los principales grupos son niños de 7 a 14 años y jóvenes de 17 a 26. Pero también tenemos trabajadores de empresas chinas que quieren mejorar la comunicación”.

Los principales grupos son niños de 7 a 14 años y jóvenes de 17 a 26. Pero también tenemos trabajadores de empresas chinas que quieren mejorar la comunicación
Faith Mworia, directora de Discovery Chinese Cultural Training Center

No todos los trabajadores africanos necesitan hablar mandarín, pero sí es importante para quienes están más cerca de la dirección, como administradores, asistentes personales, gerentes o traductores, ya que suelen encargarse de transmitir información entre los jefes chinos —que a veces no dominan bien el inglés— y los empleados locales, añade Mworia.

Mutinga, que fue alumna de la academia, habla mandarín el 90% de su jornada laboral en Kenya Railways, algo que le encanta. “Los chinos están aquí como expatriados. Yo soy el canal para que puedan comunicarse con los trabajadores locales”, explica en una entrevista por videollamada.

Institutos Confucio en África

Para Bob Wekesa, profesor en la Universidad de Witwatersrand en Johanesburgo, miembro de la red Chinos en África/Africanos en China e investigador asociado de la iniciativa Africa-China en la Universidad de Georgetown, la introducción del mandarín en África se plantea en términos de “oferta y demanda”.

Por el lado de la oferta, desde 2004 el Gobierno chino, a través de los Institutos Confucio, comenzó a promover activamente la enseñanza del idioma. El primero en el continente se abrió en 2005 en la Universidad de Nairobi, en un momento en que China expandía su presencia en África mediante inversiones en infraestructuras, negocios y cooperación política, especialmente tras la creación del Foro de Cooperación China-África, la plataforma institucional que articula la relación bilateral y que reúne cada tres años a líderes chinos y africanos.

Por el de la demanda, continúa Wekesa, varios Gobiernos y universidades africanas consideraron útil que sus ciudadanos aprendieran mandarín para mejorar las relaciones con China, una potencia económica cada vez más influyente. Nairobi funcionó como prueba y, con el tiempo, los institutos se expandieron.

Estos centros han sido objeto de críticas, sobre todo en Europa y EE UU, que aludían a un posible control de la enseñanza y promoción de la narrativa del Gobierno chino. “[Las posturas críticas sostienen que] podría implicar una especie de blanqueamiento o influencia ideológica sobre África, ya que la enseñanza del mandarín vendría acompañada de cierta ideología china, que incluye valores como el respeto al sistema de partido único o determinadas concepciones sociales”, menciona Wekesa.

Para Ishen Wu, investigadora sénior de la Cátedra Saatchi de Diplomacia Africana y Política Exterior en la Universidad de Johanesburgo, “este tipo de centros están cubriendo un vacío: el de las relaciones entre las personas, el entendimiento cultural y el aprendizaje del idioma, ámbitos que aún van muy por detrás de la política y de las relaciones comerciales entre gobiernos”.

Es una oportunidad de difundir la forma de pensar china. Es una competencia por el soft power. El famoso ‘ganarse los corazones y las mentes’. Y tienen los recursos para hacerlo. Vivimos en un orden mundial muy competitivo y África es el campo de juego
Bob Wekesa, profesor universitario

Marten, de SOAS, cree que también hay una cuestión geopolítica en la popularidad del mandarín, fruto de cierto “desencanto con Occidente”. “Entonces China se ve como una especie de alternativa”, explica. “Es una oportunidad de difundir la forma de pensar china. Es una competencia por el soft power, el famoso ‘ganarse los corazones y las mentes’. Tienen los recursos para hacerlo. Vivimos en un orden mundial muy competitivo y África es el campo de juego”, añade Wekesa.

Estudiantes africanos en China

A miles de kilómetros de África, las universidades chinas se han convertido en otra pieza más de la arquitectura de influencia que Pekín ha tejido en la región a través de la educación. China es ya el segundo destino académico para estudiantes africanos fuera del continente, solo por detrás de Francia.

Las becas del Gobierno chino cubren los gastos de matrícula, alojamiento y seguro médico, y proporcionan una asignación mensual de entre 230 y 450 euros

Desde la llegada del presidente Xi Jinping al poder, en 2012, China ha ampliado los compromisos educativos con África a través de miles de becas gubernamentales para africanos. En 2015, prometió durante la cumbre del foro bilateral 30.000 becas gubernamentales para africanos; tres años después, se amplió el programa con 50.000 nuevas becas y 50.000 plazas de formación técnica y seminarios para funcionarios y profesionales africanos. En 2024 anunció 60.000 oportunidades adicionales de capacitación, que incluyen estudios universitarios, formación técnica y programas para cuadros administrativos.

Estudiar en China suele resultar considerablemente más barato que hacerlo en universidades occidentales, incluso si no se dispone de una beca completa. Las tasas anuales en una universidad pública china para carreras como Medicina en inglés rondan los 3.800 y 6.500 euros

La ugandesa Elizabeth O., de 24 años, está cursando su segundo año de máster en Comercio Internacional en la Universidad de Lengua y Cultura de Pekín. Estudia en inglés. En una conversación con este diario explica que eligió China “por su manera de hacer negocios” y porque “no escatiman en recursos”. “Es importante aprender de los mejores en el juego”, subraya.

Estudiar en China suele resultar considerablemente más barato que hacerlo en universidades occidentales, incluso si no se dispone de una beca completa. Las tasas anuales en una universidad pública china para carreras como Medicina en inglés (una de las más populares entre los estudiantes africanos) rondan los 3.800 y 6.500 euros.

Además, las becas del Gobierno chino cubren los gastos de matrícula, alojamiento y seguro médico, y proporcionan una asignación mensual de entre 230 y 450 euros, dependiendo del nivel de estudios. Elizabeth está becada por el Gobierno y, en su caso, la subvención también cubre un vuelo de ida y vuelta. Asegura que la integración en el campus ha sido “más sencilla de lo que esperaba”, aunque señala que “como chica negra, pedir ayuda en la calle ha sido más complicado”. Su plan es regresar a Uganda una vez finalice sus estudios, pero no descarta quedarse más tiempo trabajando en China si surge la oportunidad.

En estudios académicos chinos y documentos oficiales se suele describir a estos graduados como “puentes humanos” entre ambas regiones y se les considera una generación de profesionales capaces de facilitar la cooperación entre China y África.

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