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La revolucionaria visión del director del museo yoruba de Lagos: el expolio de los tesoros africanos robados no termina con la restitución

Qudus Onikeku lanza una mirada nueva sobre la devolución de los objetos expoliados por los colonizadores, que incluye compensaciones y una reflexión sobre a quién pertenecen y qué significado tienen ahora

Fachada del Randle Centre for Yoruba Culture and History de Lagos (Nigeria)DEMIE (Randle Centre)

“Esu ha matado a un pájaro hoy con una piedra que tiró ayer”. El proverbio yoruba menciona a una de las divinidades más antiguas de su panteón, la que ordena el cosmos desde el inicio de los tiempos. La justicia que imparte no sería inmediata porque las deidades u orishas habitan eternamente el mundo de los vivos presentes y las almas de nuestros ancestros, según la fe yoruba, que impregna culturas de África Occidental (en especial, los actuales Benín y Nigeria), del Caribe y parte de América del Sur.

Ese planteamiento está también presente en las palabras del director del Randle Centre for Yoruba Culture and History (Centro John Randle para la Cultura e Historia Yoruba), el nigeriano Qudus Onikeku, cuando habla de una futura restitución de los objetivos rituales y obras de arte africanas expoliadas por los colonizadores.

Para él, el tiempo tampoco es lineal sino cíclico y el espacio no es exclusivamente físico. El responsable sugiere por tanto que Europa sitúe la compensación justamente al momento de “tirar la piedra”, es decir, que no basta con devolver los tesoros al Sur Global, sino reconocer la propiedad de los objetos y hacer retroactivos sus beneficios.

“Si en los últimos 100 años, esta pieza no te ha hecho gastar dinero sino ganarlo, cuando la devuelves no estás haciendo ningún tipo de reparación. No estamos siendo serios”, dice el responsable, subrayando que hace falta dinero para crear espacios como el museo en el que transcurre esta entrevista, realizada a finales del año pasado en Lagos.

La visión de Onikeku, a imagen de este museo inaugurado en 2023, va mucho más allá. “No creo en la restitución de los tesoros robados y se acabó. Las máscaras antiguas valen por lo que representan a partir de lo que hace quien las porta. Son una forma de comunicación de nuestro pueblo”.

Si en los últimos 100 años, esta pieza no te ha hecho gastar dinero sino ganarlo, cuando la devuelves no estás haciendo ningún tipo de reparación
Qudus Onikeku, director del Randle Centre de Lagos

Miles de objetos robados por militares, misioneros, científicos y otras autoridades coloniales se encuentran expuestos o almacenados en museos europeos, donde han perdido el significado espiritual que tenían en los lugares de los que fueron arrancados. Desde hace algunos años, Francia, Alemania, España u Holanda han puesto en marcha procesos de restitución que ya han hecho que algunas de estas obras únicas retornen a África, aunque los procesos son largos y engorrosos.

Pero “¿qué se devuelve exactamente? ¿las estatuillas antiguas? Ya se sacaron de su contexto y cuando las restituyes ¿adónde las repatrias?”, se pregunta Onikeku, el director del museo, antes de responder: “El mundo del que las sacaron ya está destruido”.

“Nos enfrentamos actualmente a varios problemas, ya que el rey de entonces era el propietario de todas esas piezas, y en Nigeria ya no somos un reino. Ahora somos un Gobierno federal que tiene un Gobierno estatal y jefes de comunidades que mantienen estructuras tradicionales. Entonces, ¿quién recibiría los objetos?”, lanza Onikeku.

Un museo vivo

En el fondo, la conversación que el responsable quiere poner sobre la mesa es que el debate político deja de lado el más importante: “Cuáles son las funciones que cumplieron esas piezas y cómo nos aseguramos de que sigan teniendo una”.

Según el director del museo, mientras se decide quién sería la autoridad responsable de estos tesoros restituidos, urge “devolver la propiedad”, que, según él, no tiene que ver necesariamente con la posesión. La propiedad “está relacionada con la función que desempeñan estos objetos aquí. Eso es lo que los hace valiosos y no que estén en París o Berlín”, asegura.

¿Qué se devuelve exactamente? ¿las estatuillas antiguas? Ya se sacaron de su contexto y cuando las restituyes ¿adónde las repatrias? El mundo del que las sacaron ya está destruido
Qudus Onikeku

Para ello, según considera, los artistas contemporáneos africanos podrían “repensar o reconstruir algunos de aquellos objetos que un día cumplieron una función, trasladándolos a este nuevo contexto porque el anterior no se puede recuperar”.

El nuevo contexto es, para el director del Randle Centre, como una nueva música que, cuando cambia, hace que “el baile también cambie”. Incluso en los ejemplos, Onikeku no puede dejar de lado su faceta de coreógrafo y bailarín que le ha llevado a cosechar numerosos premios internacionales y que sigue desarrollando a través de la reconocida compañía de danza The QDance Center, de la que es fundador y director. Su sede está muy cerca del museo yoruba, en el mismo barrio popular de Onikan, una zona que aspira a convertirse en el epicentro cultural de la ciudad.

Pero con una forma de ver y sentir la cultura totalmente nueva. Por ejemplo, en el Randle Centre, un impresionante edificio cuyo arquitecto principal es el nigeriano Seun Oduwole, no se quiere que el visitante sea un mero espectador pasivo. Recorrer sus salas es una experiencia totalmente diferente a la que se vive en los museos europeos y el público se adentra en el mundo del folclore yoruba, segunda etnia de Nigeria, de una manera activa, transgresora, ruidosa y colorida.

En sus salas se puede interactuar con tótems y pantallas, convertirse en un Egungun (la manifestación del espíritu de los ancestros) que baila con el rostro tapado, mientras se conocen los mitos fundacionales que comienzan con las dos mitades de calabaza que encajan y forman la esfera que alberga nuestro mundo. En la visita también se percibe cómo la herencia yoruba está presente hoy en las pasarelas de la moda o de qué manera los ritmos tradicionales impregnan el afrobeat del gran icono contemporáneo Fela Kuti. Todo ello se aleja de las ideas recibidas en países occidentales sobre culturas como la yoruba.

“Todos conocemos la historia de los museos, es muy occidental. En este caso, no estamos hablando del pasado de otras personas, sino de nuestra historia, para que nuestros hijos y la diáspora puedan identificarse y arraigarse. Por eso la posición tiene que ser diferente, con un espacio de referencia, al que no solo se viene a ver cosas”, asegura el director.

“Aquí son los propios pueblos originarios quienes nos van a ayudar a hacer un museo diferente, que no se base en el concepto de exposición universal que todos conocemos”, apunta Onikeku.

Esta visión aspira a una descolonización de la mirada, en la que los cuerpos y los volúmenes vivos participan en las expresiones de la herencia yoruba. Según Qudus Onikeku, “este es un trabajo que se hace para toda la humanidad”. “Porque aún no sabemos lo que pierde la ‘biblioteca humana’ cada vez que otra cultura se hunde en el mar”, concluye.

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