Punta Arenas, puerta de entrada a la Patagonia, un destino de sabores y naturaleza: “Tiene una mística que produce tranquilidad”
La ciudad mezcla frío, viento, glaciares, bosques prístinos, historia, gastronomía, una zona franca y navegaciones en el Estrecho de Magallanes, entre delfines australes y ballenas jorobadas


Matías Díaz, de 28 años, es arqueólogo y guía turístico en Torres del Paine y tiene el privilegio de trabajar en medio de la naturaleza. Nació en Punta Arenas, en la Región de Magallanes y Antártica chilena, con una infancia marcada por la vida en el campo en Bahía Carrera, recogiendo calafate (un fruto silvestre) con su abuela y primos para hacer mermeladas. Aun así, aunque es de profesión de guía, esta es la primera vez que él las hace de turista en el lugar que lo vio crecer. Va a bordo de un catamarán, de Solo Expediciones, maravillado por lo que ve, navegando por el Parque Marino Francisco Coloane, la primera reserva marina del país sudamericano, en el Estrecho de Magallanes. Tiene binoculares para observar aves, una de sus pasiones, y su cámara al cuello, listo para fotografiar con un gran lente a las ballenas jorobadas que se dejan de ver, varias veces, durante el trayecto. Es una travesía de unas 10 horas, que arranca a las 4.00 de la madrugada, precisamente, desde Bahía Carrera: se ve el amanecer entre fiordos, canales, cascadas y bosques prístinos, pasando por el Cabo Froward, el punto más austral de la masa continental de América, hasta llegar al Glaciar Sarmiento, en plena Cordillera Darwin.
“A veces nos olvidamos de todo lo que tenemos en Punta Arenas, donde hay una ruta gastronómica que lleva nuestros platos y recetas locales al mundo, que van desde el cordero al palo hasta la cazuela de luche (un alga), con una oferta gastronómica que se ha ampliado. Y, hace unos 15 años, el turismo va hacia intereses especiales, como avistamiento de aves y de ballenas, y de la búsqueda de hongos en los bosques”, dice Díaz, quien desde 2023, junto a un grupo de amigos, organizan, al inicio del otoño, el Festival Micelio Austral, dedicado al mundo fungi. En su última versión, efectuada en la Universidad de Magallanes, el pasado 18 de abril, fueron más de 5.000 personas a sus talleres y caminatas por la península de Brunswick, donde está la Reserva Nacional Magallanes.

Parte del sello y el encanto de Punta Arenas, ubicada a unos 2.200 kilómetros de Santiago, es el viento y el frío, que se capea con buen un café o un mate frente a un fogón mirando el Estrecho de Magallanes. Hoy se proyecta como un lugar de destino turístico por su historia, sus museos, como el emblemático Museo Salesiano Maggiorino Borgatello, el tercero más antiguo de Chile; sus tour de caminatas -algunas bajo la lluvia para observar su peculiar arquitectura- y una ruta gastronómica de platos locales y sofisticados, pero, en especial, por sus bellezas naturales. Aunque ha sido usada como un lugar de paso para llegar a las Torres del Paine, sobre todo desde que en 2019 se abrió un vuelo directo desde Santiago hasta Puerto Natales, ha desarrollado un polo turístico, y con panoramas y lugares para recorrer por varios días. En 2025 y 2026, el puerto de Punta Arenas batió un récord nacional, pues atracaron en el Muelle Arturo Prat más de 100 cruceros.
Una muestra son los casi 10,1 millones de visitantes que al año tiene la zona franca, de 51 hectáreas, entre ellos turistas de la Patagonia argentina, y otros que pasan por Punta Arenas rumbo a la Antártica, de Europa, Estados Unidos y Asia. Es el polo de comercio y uno de los principales destinos turísticos de la ciudad. También, es de los centros comerciales más concurridos de las regiones Chile, sin contar a la Región Metropolitana de Santiago, y uno de los más antiguos del país sudamericano: en 2027 cumplirá 50 años.
A finales de 2025, la zona franca de Punta Arenas inauguró el Mercado Zonaustral, con 18 emprendedores gastronómicos locales. Eugenio Prieto, gerente general de Zona Austral, señala que se trata de un espacio en que su carta destaca por los productos magallánicos, “con recetas locales, como el guanaco y el salmón. Es donde todos los visitantes se encuentran con la gastronomía magallánica”.

Daniela Rodríguez, gerenta de la Cámara de Turismo de Magallanes Austro Chile, dice que Punta Arenas, “además de ser puerta de entrada a múltiples destinos, es una opción es gastronomía, historia, patrimonio y naturaleza. Y ofrece a turistas de diferentes perfiles una diversidad enorme de panoramas que están disponibles durante todo el año”.
Si las actividades para observar ballenas y pingüinos son estacionales, Rodríguez señala que las navegaciones por el Estrecho de Magallanes para avistamiento de delfines, lobos marinos y aves, y las caminatas por distintos senderos y parques, se mantienen.
Sabor y nostalgia
Punta Arenas cuenta con una ruta gastronómica novedosa, también disponible todo el año, aunque caiga nieve. Uno de sus restaurantes tradicionales es La Luna, fundado en 2001 y que tiene una particularidad: en su segundo piso tiene a la vista los recuerdos intactos del Café del Cerro, un local emblemático en Santiago en los años de la resistencia a la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), donde pasaron más de 500 cantantes, acogió al movimiento Canto Nuevo y Los Prisioneros tuvieron una controvertida presentación en 1986. Su dueño era Mario Navarro y hoy su hijo Emiliano gestiona La Luna.
También hay restaurantes como Aima, que arrancó en julio de 2025 y que tiene una propuesta sofisticada, con una cocina a la vista y una barra de fuegos. O The Endurance Restaurant, ubicado dentro del hotel José Noguiera, en el Palacio Sara Braun, Monumento Nacional desde 1981. Está en el corazón de Punta Arenas y tanto su decoración como sus platos evocan al osado explorador Ernest Shackleton, que en agosto de 1914 partió a bordo del Endurance hacia al Atlántico Sur y el barco quedó atrapado en el hielo: 22 náufragos británicos fueron rescatados en enero de 1915 por la Armada chilena, a cargo del piloto Luis Pardo.
En enero pasado la actriz Nicole Kidman visitó Punta Arenas, poco antes de viajar a la Antártica, alojó en el Hotel Cabo de Hornos, frente a la plaza de la ciudad, que fue recientemente remodelado: en 2024 se inauguró una nueva torre y una zona con un amplio restaurante que tiene como sello los productos locales. La ruta de alojamiento en la zona es diversa. Se suma el hotel boutique La yegua loca, emplazado en una casona típica de la Patagonia de 1929, de madera y con un gran ventanal. Tanto sus habitaciones como el restaurante, donde cenaron hace tres meses Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones, y el bar, son con vista al Estrecho de Magallanes.

Delfines australes y un fogón
Cristián Argel, de Turismo Kayak Agua Fresca, es uno de los pioneros en el desarrollo de este rubro en la ciudad. “Antes en Punta Arenas era vista como un lugar de paso, pero hoy se transformó en un destino”, dice. Es testigo de su evolución como atractivo tanto de visitantes locales como internacionales. Cerca de un fogón, en una fría mañana, y con un cielo que solo tiene esta zona austral de Chile, cuenta que hay rutas para navegar en el Estrecho de Magallanes y observar delfines australes, que siguen a las lanchas con saltitos inolvidables. Son embarcaciones pequeñas, que bajan la velocidad y se detienen para cuidar a los delfines. Agrega las visitas para ver pingüinos y la Estancia Olga Teresa, donde está la condorera más grande de Sudamérica, en Río Verde, a 70 kilómetros de la capital de la región de Magallanes.
Una ruta fundamental es el Parque Estrecho de Magallanes, a 52 kilómetros de la ciudad, de 250 hectáreas. Rico en biodiversidad, se camina dentro del Bosque Magallánico y es posible observar especies Nothofagus, como el coigüe de Magallanes, lenga y ñirre y, ciertamente, calafate, un emblema de la zona. Además de aves, como el carpintero negro y el pilpilén austral, entre muchas más. Tiene cuatro senderos largos, para hacer un trekking suave y otros más intensos y seis miradores. Uno de ellos es el Tierra del Fuego, que mira al Estrecho.
En el interior del Parque está el Fuerte Bulnes, Monumento Histórico desde 1968, y que cuenta la historia de la región de Magallanes. En los años 40 se levantó una reproducción, de acuerdo con los planos originales, de la capilla, el cuartel y la cárcel, construidos con madera local. Es el primer asentamiento chileno en la zona, cuando el expresidente Manuel Bulnes (1841-1851), ordenó, en 1843, la toma de posesión del Estrecho de Magallanes en nombre de Chile.

Nikolas Cordonnier, guardaparques, es un fanático de la zona y de su trabajo en medio de la naturaleza, tal como Matías Díaz. “La gente mira a Torres del Paine, pero Punta Arenas tiene su propio encanto, con muchos destinos aledaños y desconocidos". Entre esas rutas menciona a la Reserva Laguna Parrillar y la Reserva Forestal de Magallanes. “Son muy accesibles. Hay diversas especies de flora y fauna locales, muchas de ellas nativas”.
Es un día soleado, y Cordonnier, desde el Mirador Tierra del Fuego, respira profundo y dice: “Estamos donde termina América, al medio del Estrecho de Magallanes. Este es un lugar donde uno realmente se siente al final de todo. No cambiaría la paz que hay que acá, una magia, un algo que uno no puede describir. Pero tiene que ver siempre con el hecho de estar aislado, con una mística que produce tranquilidad. Es como una paz diferente”.
Y agrega, sonriendo: “Lo más peligroso que hay acá son los pumas, aunque toparse con uno es difícil”.








































