Un año de logros históricos y retos para la salud mundial
2025 puso de relieve la resiliencia de la comunidad sanitaria mundial y el poder de la colaboración. No obstante, persisten las desigualdades y los recortes de financiación, lo que mantiene en riesgo a las poblaciones más vulnerables

El balance de la salud mundial en 2025 arroja avances notables, pero también importantes dificultades. El multilateralismo, la ciencia y la solidaridad se vieron sometidos a una prueba sin precedentes, y de ello se desprendió una verdad esencial: no podremos avanzar sin cooperación internacional. Esta cooperación es, de hecho, imprescindible si aspiramos a proteger y promover la salud de todas las personas, en todos los lugares, en 2026 y en los años posteriores.
Probablemente, el hito más significativo del año fue la adopción del Acuerdo sobre Pandemias por parte de nuestros Estados miembros, un paso decisivo para que el mundo esté mejor preparado frente a futuras pandemias. A ello se sumó la entrada en vigor de las enmiendas al Reglamento Sanitario Internacional, entre las que figura un nuevo nivel de alerta de “emergencia pandémica”, concebido para reforzar la cooperación mundial. Asimismo, con el fin de financiar de forma sostenible la labor de la OMS, los Gobiernos dieron una muestra histórica de respaldo al aumentar sus contribuciones al presupuesto básico. En su conjunto, estas decisiones ponen de relieve lo que puede lograr el multilateralismo cuando los países eligen la colaboración en lugar de la división.
En la actualidad, los países están negociando el sistema de Acceso a Patógenos y Participación en Beneficios previsto en el Acuerdo sobre Pandemias, cuyo objetivo es garantizar el intercambio rápido de patógenos y de datos de secuencias genéticas, así como el acceso equitativo a las vacunas, los medios de diagnóstico y los tratamientos. Confiamos en que este proceso concluya en mayo, de modo que pueda iniciarse la entrada en vigor del Acuerdo en su conjunto como instrumento de derecho internacional.
La ciencia importa. Los datos importan. Y la confianza importa.
Más allá de la preparación frente a las pandemias, la OMS impulsó la salud pública en diversos ámbitos a lo largo del año. Constatamos la seguridad y el efecto de las vacunas en la reducción de la mortalidad; publicamos orientaciones sobre innovaciones como el lenacapavir inyectable para prevenir el VIH y los análogos del GLP-1 para tratar la obesidad; respondimos a crisis humanitarias, desde Gaza y Sudán hasta Ucrania; apoyamos a los países para avanzar hacia la cobertura universal de salud mediante soluciones adaptadas a cada contexto y una financiación sostenible; y fuimos testigos de la adopción, por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas, de una declaración política histórica destinada a hacer frente a las enfermedades no transmisibles y a los problemas de salud mental, que constituyen las amenazas más letales y extendidas para la salud de nuestro tiempo.
La ciencia importa. Los datos importan. Y la confianza importa.
Por ese motivo, la OMS y sus asociados trabajaron incansablemente el año para reforzar la seguridad, la eficacia y el uso de las vacunas, y nos comprometemos a que esta siga siendo una prioridad en 2026. La vacunación continúa siendo una de las intervenciones de salud pública más eficaces de la historia y salva la vida de millones de personas cada año. Su impacto es incuestionable: desde el año 2000, las muertes por sarampión se han reducido en un 88%, las vacunas antipalúdicas ya se están administrando en 24 países africanos y se ha vacunado a 86 millones de niñas contra el virus del papiloma humano para prevenir el cáncer de cuello uterino.
En 2025, la OMS reafirmó la seguridad de las vacunas y puso de relieve la importancia de la vacunación sistemática para proteger a los niños frente a enfermedades muy contagiosas como el sarampión, la poliomielitis, la hepatitis B y la difteria. En el primer cuarto de siglo, la mortalidad mundial de menores de cinco años se ha reducido en más de la mitad, al pasar de 11 millones de muertes anuales a 4,8 millones, en gran medida gracias a las vacunas. La vacunación no es un lujo, sino un servicio esencial de atención de salud y una piedra angular de la cobertura universal que resulta indispensable para que los niños puedan crecer y llegar sanos a la edad adulta.
Durante el pasado año, la OMS también validó avances significativos en la eliminación de enfermedades. Maldivas se convirtió en el primer país en lograr la triple eliminación de la transmisión materno infantil del VIH, la sífilis y la hepatitis B. Asimismo, Burundi, Egipto y Fiyi eliminaron el tracoma; Guinea y Kenia eliminaron la enfermedad del sueño; el Níger se convirtió en el primer país africano en eliminar la oncocercosis; Brasil eliminó la transmisión materno infantil del VIH; y se certificó que Georgia, Surinam y Timor Oriental son países sin paludismo. Confiamos en que este año se alcancen nuevos avances en este ámbito.
En 2025 se registraron también progresos importantes frente a la obesidad, uno de los problemas de salud de crecimiento más rápido en el mundo. Más de mil millones de personas padecen esta enfermedad crónica, que presenta recaídas, agrava otras enfermedades no transmisibles y empeora el pronóstico de las enfermedades infecciosas. La OMS publicó sus primeras directrices sobre el tratamiento de la obesidad con análogos del GLP-1 y formuló recomendaciones condicionales que reconocen que la obesidad requiere una atención integral a lo largo de toda la vida. Sabemos que la medicación no basta para hacer frente a la crisis asociada a este problema de salud, pero su uso responsable, equitativo y basado en las pruebas disponibles puede reducir el sufrimiento y mejorar la calidad de vida.
Por otra parte, los rápidos avances en tecnologías digitales, como la inteligencia artificial, la robótica, la genómica y las ciencias avanzadas de los datos, están transformando la atención de salud. En 2026, la OMS seguirá respaldando a los países para integrar estas innovaciones en sus sistemas de salud y convertirlas en soluciones que puedan ampliarse. Iniciativas como el autocontrol digital de la tensión arterial por parte de las embarazadas demuestran que la innovación puede reforzar la atención primaria y ampliar el acceso a ella, especialmente en zonas rurales y remotas.
Más de una de cada cuatro personas afronta dificultades económicas como consecuencia del gasto en atención de salud, y 4.600 millones de personas siguen sin acceso a los servicios básicos
La cobertura universal de salud continúa siendo nuestro objetivo común. Desde el año 2000, alrededor de un tercio de la población mundial ha mejorado su acceso a los servicios de salud y a la protección económica; sin embargo, los avances en este ámbito se han estancado. Más de una de cada cuatro personas afronta dificultades económicas como consecuencia del gasto en atención de salud, y 4.600 millones de personas siguen sin acceso a los servicios básicos. Sin embargo, esta situación no es un destino inevitable: podemos y debemos trabajar para revertirla.
En cuanto a las crisis, la OMS prestó apoyo en 48 emergencias que afectaron a 79 países, con lo cual atendió a más de 30 millones de personas. Todo ello se produjo en un contexto marcado por los riesgos crecientes sobre el terreno y los recortes drásticos de la asistencia exterior para la salud, que podrían prolongarse en 2026. La labor de la OMS abarcó desde campañas de vacunación contra el cólera en Sudán hasta la evacuación de heridos y enfermos graves desde Gaza para recibir tratamiento en el extranjero. Seguiremos trabajando junto con nuestros asociados para aliviar el sufrimiento de las personas afectadas por las crisis. Aun así, los conflictos armados continúan vulnerando el derecho internacional y causando graves daños también a los centros de salud. Conviene recordar que la atención sanitaria debe ser respetada en todo momento.
En 2026, debemos dar prioridad a nuestra salud colectiva a fin de garantizar la cobertura universal y la salud de todas las personas
Este año hemos constatado la resiliencia de la comunidad mundial de la salud y la fuerza de la colaboración. La adopción del Acuerdo sobre Pandemias y los avances en la eliminación de enfermedades reflejan nuestra capacidad de progresar. Sin embargo, las desigualdades persisten, los recortes de la financiación continúan y las poblaciones más vulnerables del mundo siguen expuestas a riesgos considerables.
En 2026, debemos dar prioridad a nuestra salud colectiva a fin de garantizar la cobertura universal y la salud de todas las personas. Ese es el propósito que guía a nuestra Organización desde 1948: lograr que todas las personas alcancen el grado máximo de salud posible, no como un privilegio reservado a unos pocos, sino como un derecho para todos.
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