Por qué atacar a la UNRWA es atacar la supervivencia de Gaza
Se está limitando el trabajo de la agencia de la ONU, la única capaz de proporcionar servicios muy necesarios a toda la Franja a la escala necesaria

El anuncio del 14 de enero sobre la creación de un nuevo comité técnico palestino para supervisar la reconstrucción de Gaza llega en un momento crítico. Mientras los Estados debaten sobre la gobernanza y la reconstrucción de Gaza, sobre el terreno, la supervivencia básica de 2,1 millones de personas pende de un hilo. Este momento exige una acción inmediata para levantar las restricciones asfixiantes que se están aplicando y que están desmantelando sistemáticamente los medios de supervivencia de los palestinos.
Las condiciones de hambruna en Gaza se han estabilizado moderadamente, pero la catástrofe humanitaria sigue agravándose. Las familias siguen desplazadas sin un refugio adecuado; los niños siguen acostándose con hambre; y la atención sanitaria básica está fuera del alcance de cientos de miles de personas.
Las lluvias invernales han convertido los campamentos de desplazados en mares de barro, lo que agrava el sufrimiento y aumenta considerablemente el riesgo de brotes de enfermedades. Los ataques aéreos y los bombardeos diarios de Israel continúan, con más de 500 palestinos asesinados desde que se anunció el acuerdo de alto el fuego en octubre. Solo este mes, siete complejos escolares de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) en el este de Gaza han sido demolidos por las fuerzas israelíes.
UNRWA sigue siendo el proveedor de servicios más grande y completo en Gaza, actuando de facto como el sector público para más de la mitad de la población. Nuestros 11.000 trabajadores y trabajadoras siguen realizando su labor a pesar de los enormes riesgos, como lo han hecho cada día desde el 7 de octubre de 2023. Brindan atención sanitaria a casi 100.000 personas cada semana y educación a 70.000 niños en instalaciones escolares dañadas de toda Gaza. Nuestras escuelas también sirven de refugio a decenas de miles de familias desplazadas.
Los equipos de UNRWA funcionan, en esencia, como un ayuntamiento: distribuyen agua y recogen residuos sólidos de comunidades enteras, cubriendo las necesidades de más de la mitad de la población. Cuando hablamos de “prestación de servicios”, no se trata de programas abstractos. Nos referimos a las clínicas donde se vacuna a los niños, a las aulas donde los niños y niñas traumatizados encuentran algo de atención y cuidado, y a los puntos de distribución donde se proporciona a las familias sustento básico.
Sin embargo, nuestra capacidad de respuesta sigue viéndose gravemente obstaculizada por barreras sistemáticas. ¿Cómo debemos interpretar el ataque total y completo contra los servicios más básicos que necesita cualquier comunidad para sobrevivir?
Se impide la entrada de nuestros suministros en Gaza. No podemos comunicarnos con las autoridades israelíes —la potencia ocupante que controla todos los pasos fronterizos terrestres, aéreos y marítimos de Gaza— debido a la ley de “no contacto” aprobada por el Parlamento israelí en octubre de 2024.
A nuestro personal internacional, incluido yo mismo, se nos prohíbe entrar en Gaza para apoyar el trabajo de nuestros equipos sobre el terreno.
En ningún lugar es más evidente la inhumanidad de estas restricciones que en la denegación de los derechos básicos de los niños y niñas. A unos 700.000 niños y niñas palestinos de Gaza se les niega sistemáticamente su derecho a la educación. Antes de la guerra, UNRWA educaba a 300.000 de estos niños, lo que representaba dos tercios de toda la matriculación en primaria.
Solo UNRWA tiene la capacidad, la experiencia y el alcance necesarios para reanudar esta labor a gran escala en toda Gaza, pero las mismas restricciones que afectan a nuestras operaciones generales nos impiden hacerlo. Hemos lanzado la campaña Vuelta al aprendizaje para llevar algo de esperanza y normalidad a niños y niñas que solo han conocido la guerra, el desplazamiento y la pérdida durante más de dos años. Pero, en lugar de apoyar esta iniciativa, las restricciones a las que nos enfrentamos hacen que la mayoría de los niños sigan viviendo en calles llenas de escombros. Se trata de un ataque continuo y deliberado contra su futuro.
No somos los únicos que nos enfrentamos a retos inaceptables que desafían las obligaciones más básicas de una potencia ocupante en virtud del derecho internacional. El proceso de registro de las ONG internacionales se ha convertido en un bloqueo de facto, y la gran mayoría del sistema de ayuda existente está ahora al borde del colapso.
Las restricciones sobre los denominados artículos de doble uso han convertido los materiales básicos para la construcción y la vivienda, entre otros suministros esenciales, en contrabando, dejando a las familias expuestas a las inclemencias del tiempo y haciendo imposible la reconstrucción mientras persiste el duro invierno.
Esto nos lleva a una verdad incómoda: estas restricciones no son meramente obstáculos burocráticos. Parecen formar parte de esfuerzos continuos por desmantelar de manera sistemática los medios de supervivencia de la población palestina. Cada restricción, cada obstáculo, cada negación de materiales básicos constituye una prueba más en el caso que Sudáfrica presenta ante el Tribunal Internacional de Justicia (TIJ). Lo mismo ocurre con los ataques contra la única agencia de las Naciones Unidas, UNRWA, que es capaz de proporcionar educación básica y atención sanitaria a gran escala, pero a la que se le impide hacerlo.
UNRWA ha demostrado su capacidad para proporcionar educación continua, atención sanitaria, bienestar social, saneamiento, asistencia humanitaria y otros tipos de apoyo. Goza de la confianza de la población de Gaza, cuyo mundo ha sido borrado desde octubre de 2023. Mantener a UNRWA hasta que haya una paz duradera es una solución pragmática para cualquiera que se preocupe seriamente por el futuro de Gaza. Es esencial para el bienestar y la recuperación de más de dos millones de personas que han sufrido lo inimaginable.
No nos equivoquemos: esto va mucho más allá del futuro de una sola agencia de la ONU. Se trata de defender el orden internacional basado en normas. Cuando los Estados presionan a los trabajadores humanitarios, restringen el acceso humanitario e ignoran las sentencias del TIJ, están atacando a los palestinos y, al mismo tiempo, socavando los cimientos mismos del derecho internacional.
Esto ha trascendido el contexto palestino y se ha convertido en una prueba de fuego para la viabilidad de la acción humanitaria y el derecho internacional en todo el mundo.
Se acabaron las medias tintas y la ambigüedad diplomática. La supervivencia de Gaza está intrínsecamente ligada a la continuidad de la labor de la UNRWA. Defenderla significa defender la humanidad, el derecho internacional y la posibilidad de que, incluso en las circunstancias más oscuras, el mundo siga eligiendo la compasión por encima de la crueldad.
La abrumadora mayoría de los Estados votó en diciembre de 2025 a favor de renovar el mandato de UNRWA en la Asamblea General de la ONU. Pero esa decisión se ve bloqueada por el autor de lo que el TIJ ha determinado que es una ocupación ilegal y lo que la Comisión de Investigación de la ONU ha concluido que constituye un genocidio. La elección ahora debe ser clara: podemos permanecer de brazos cruzados mientras se corta sistemáticamente el hilo vital de Gaza, o podemos actuar de manera colectiva para proteger lo que queda y reconstruir lo que ha sido destruido.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































