Nombramiento bajo sospecha en la Fed
La inaudita campaña de presión contra el banco central para bajar tipos contamina el nombramiento de Kevin Warsh como próximo presidente


Después de meses de acoso al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, en los que ha puesto en peligro la independencia sin la cual los bancos centrales no tienen credibilidad para operar, Donald Trump anunció este viernes en redes sociales que ha elegido al financiero Kevin Warsh como nuevo presidente de la Fed. El nombramiento es una prerrogativa del presidente de Estados Unidos y tiene que ser confirmado por el Senado. Hasta aquí, el procedimiento. El problema es que la actitud volcánica y vengativa de Trump ha contaminado lo que debería ser un nombramiento normal para sustituir a Powell, que lleva ocho años en el cargo.
Los últimos ataques a la independencia de la Reserva Federal, a la que Trump exige que baje los tipos de interés y la responsabiliza del alza de precios que está creando malestar en el electorado, habían despertado el nerviosismo en Wall Street, acelerando la caída del dólar. Pero también habían hecho saltar las alarmas en el Partido Republicano. El perfil de Kevin Warsh encaja con lo que Trump necesita ahora mismo, aunque no le guste: un banquero con prestigio y experiencia en la Fed, donde tuvo un papel clave en los peores momentos de Lehman Brothers, y que gracias a ello tiene ello tiene excelentes conexiones tanto en Wall Street, donde trabajó, como en el Capitolio.
La confirmación de Warsh en el Senado, sin embargo, no está garantizada si se concretan las dudas de algunos republicanos. El Departamento de Justicia inició una investigación contra Powell por unas obras públicas, para satisfacer el estilo mafioso de Trump, en lo que es una maniobra de presión intolerable. Al menos un senador ha dicho que no confirmará a Warsh hasta que se haya resuelto esa investigación.
Los mercados recibieron la noticia más con alivio que con celebración. Es una incógnita qué actitud adoptará Warsh cuando esté al mando del banco central más poderoso del mundo. Pero sería fantasioso pensar que el ansia de Trump por dar órdenes a la Fed y destruir su independencia se frenará aquí. Trump quiere manejar la política monetaria como las relaciones internacionales o la política de inmigración. Warsh es una elección de perfil menos técnico y más ejecutivo que Powell, pero para funcionar necesitará un trabajo de búsqueda de consensos tan difícil como el de su predecesor. Otros cargos de la arquitectura constitucional norteamericana que están obligados a mostrar independencia, como la fiscal general, no han hecho ningún esfuerzo por desmentir que estén al servicio de los caprichos del presidente. Quitarse esa sospecha de encima será el verdadero trabajo de Warsh.
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