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Red de redes
Opinión

¡No es la inmigración, estúpido!

Con el caos en Rodalies, las redes se quedan sin su culpable predilecto

Hay quien pasa toda una vida periodística anhelando usar un aforismo célebre. No sería mi caso, pero admito que provoca cierta satisfacción titular un artículo con un juego de palabras que evoca al prestigioso periodismo económico: “¡Es la economía, estúpido!”. No me atrevo a buscar en la hemeroteca la de veces que alguien ha sentido el mismo cosquilleo creyéndose especial.

Cosas del oficio aparte, en este caso la reconversión en titular de la manida frase viene a cuento por el desastre en Rodalies. Quien no viva en Cataluña, difícilmente se hará cargo del desamparo en el que viven estos días centenares de miles de trabajadores que necesitan del transporte público para salir adelante. Algo teóricamente tan sencillo como viajar de Malgrat de Mar a Barcelona, a 63 kilómetros, es una odisea. Cada mañana surge la incerteza de si hay tren. Y si lo hay, no se sabe hasta cuándo funciona, ni con qué horario. Y si no, a ver cómo tira el bus y con qué frecuencia circula.

Algunos se lo toman con filosofía. “¿El Rodalies de Schrödinger ya se ha dicho?”, bromea una usuaria de X. El resto del repaso rápido a la red social deja una retahíla de quejas agrias y amargas que podrían resumirse en dos ideas troncales: la red ferroviaria funcionaría mejor si la gestionase Cataluña o, directamente, lo que necesita Cataluña es la independencia. Aunque lo más triste, como escribe otro de los tuiteros anónimos, es que “con todo este desaguisado de Rodalies habrá gente que perderá el trabajo”.

Por todo ello, en esta semana de caos e incertidumbre, es imposible no pensar en el espantajo que agita desde hace años la extrema derecha con mucho éxito en las redes: la inmigración como origen de todos los problemas. Pero en el despropósito de Rodalies (con casi 400.000 viajeros a diario), se han quedado sin su culpable predilecto. Si no puedes coger el tren no será porque un inmigrante te lo impida. Lo cierto es que tampoco parece que sea la inmigración lo que haga inviable comprarse un piso. Ni siquiera se les podría culpar de los horarios imposibles que destruyen la conciliación. O del hecho de que la mayoría de personas únicamente ambicionen descansar un poco, como cuenta Ana Morales en su libro Estado civil: cansada (Roca editorial).

“Si el problema con Rodalies hubiese sido la inmigración, Aliança Catalana, @orriolsderiopoll y su pandilla… habrían escrito tuits desde el primer segundo. [En este caso] han tardado cuatro días los muy impresentables”, afea un usuario de X que cita el comunicado del partido xenófobo sobre el desastre ferroviario catalán. El escrito de la organización colgado en la red social es del 24 de enero. El accidente de tren de Gelida, que costó la vida a un maquinista y ha derivado en un caos sin precedentes, ocurrió la noche del día 20.

Tampoco el perfil en X de su lideresa, Sílvia Orriols, versada en epatar con pequeños clips de sus intervenciones parlamentarias para señalar las contradicciones de la izquierda, ha corrido para abordar el asunto. Algunos tuits y retuits tardíos, hasta que el domingo Orriols difundió un vídeo en el que se queja de la casta política, del pago de impuestos, de la ayuda a la cooperación y de la solidaridad fiscal. Ni siquiera menciona la independencia de Cataluña, una consigna cada vez más descafeinada en su discurso.

Es angustioso levantarse cada día con la incertidumbre de si funcionarán los trenes, y con la única certeza de un nuevo disgusto a cuenta de Rodalies. Quienes tenemos la suerte de no movernos en tren, podemos atrevernos a buscar la (maldita) parte positiva: en este caso, las redes han dejado de azuzar el odio y el racismo. La inmigración ha dejado de ser la baza política nuclear, y se ha empezado a hablar de financiación, recursos públicos, cambio climático... Sin que las fronteras y los migrantes sean el origen de todos nuestros males.

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