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RED DE REDES
Columna
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El chavismo se abraza a X

El regreso del Gobierno venezolano al redil de Musk y la entrega de la medalla del Nobel a Trump muestra hasta dónde llega el control de la Casa Blanca sobre el país

El 9 de agosto de 2024 Nicolás Maduro se acababa de proclamar ganador de las elecciones presidenciales sin mostrar ninguna prueba que acreditara la pretendida victoria ante el candidato opositor, Edmundo González Urrutia. El régimen que encabezaba respondió a la presión internacional y a las protestas sociales en las calles de Venezuela con una brutal oleada de represión. La fórmula empleada para la persecución fue la habitual: detenciones de adversarios políticos, acoso e intimidación. El aparato gubernamental, con dominio absoluto de cada resquicio del Estado y de los medios públicos de propaganda, necesitaba también el control de la conversación en redes sociales. Ese día Maduro anunció, a través de X, la prohibición de la plataforma de Elon Musk. “¡Fuera X por 10 días! [...]. Que se acaben los planes en redes para sembrar violencia, odio y de atacar a Venezuela desde el exterior”, lanzó.

Al final, el cierre de una de las comunidades virtuales más utilizadas para informar a la vez que esparcir noticias falsas, duró casi un año y medio. Hasta la semana pasada, cuando la cúpula del chavismo, encabezada por Delcy Rodríguez, retiró el veto y volvió a desembarcar en la red. La presidenta encargada ungida por Donald Trump tras el ataque militar del pasado 3 de enero se había hecho eco del anuncio de su antiguo jefe y ahora recurre de nuevo a X, que había sido reemplazado por canales como Instagram o TikTok, para dirigirse a los venezolanos. “Retomamos contacto por esta vía. Venezuela sigue de pie, con fortaleza y conciencia histórica”, escribió. Al cabo de unas horas contaba cómo le había ido su llamada con Trump en unos términos antes inimaginables. “Sostuve una larga y cortés conversación telefónica con el presidente de los Estados Unidos, desarrollada en un marco de respeto mutuo, en la que abordamos una agenda de trabajo bilateral en beneficio de nuestros pueblos, así como asuntos pendientes entre nuestros gobiernos”.

La vuelta al redil de Musk, quien se mostró partidario de que el secretario de Estado, Marco Rubio, asuma la presidencia de Venezuela, es significativa no solo porque muestra hasta dónde llega el control de la Casa Blanca en las decisiones de la clase dirigente revolucionaria, sino que exhibe el cortocircuito tanto del chavismo como de parte de la oposición. Unos y otros están empeñados en demostrar al mundo que ellos son los ganadores de una obra cuya tramoya, en realidad, está controlada por Trump.

“Con la unidad de todo un pueblo, Venezuela enviará al basurero de la historia a los que clamaron por una invasión y la muerte de los venezolanos”, afirma Diosdado Cabello, ministro del Interior y referente de la militancia chavista. En las antìpodas, una figura como Juan Guaidó atinó a decir: “Tardó, pero llegó”. “Las transiciones son complejas y requieren sacrificio”, reconoció el dirigente opositor, que en 2019 desafió a Maduro y hoy está refugiado en Florida, antes de pedir la liberación de “todos los presos políticos”, el reconocimiento de Edmundo González como presidente legítimo y “seguridad jurídica y personal para todos”.

De las tres peticiones, solo se ha cumplido por el momento una parte de la primera. Pero a la excarcelación parcial de detenidos por motivos políticos no seguirá ni el reconocimiento del candidato abanderado de María Corina Machado ni, al menos en lo inmediato, un mecanismo que permita el regreso de los dirigentes exiliados con garantías.

Sin esas condiciones esenciales es aún un espejismo hablar de transición. Trump, el jugador más poderoso de esta partida, ha demostrado no estar tanto interesado en la democracia sino en los intereses de Estados Unidos para traducirlos en beneficio electoral. La medalla del Nobel de la Paz que le entregó Machado con el legítimo propósito de ganarse su simpatía tras verse marginada es otra muestra de la avería de significantes y significados que el magnate republicano ha desencadenado en el tablero mundial.

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Sobre la firma

Francesco Manetto
Es jefe de sección de España de EL PAÍS. De vuelta después de casi una década en América Latina, donde fue editor y corresponsal. En México cubrió parte del mandato de López Obrador y en la Región Andina se centró en el posconflicto colombiano y en la crisis venezolana. Empezó en el diario en 2006 tras cursar el Máster de Periodismo.
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