Priorízate
La demanda de ayuda profesional para lidiar con el malestar de estar vivo se dispara en enero, pero la enfermedad mental es otra cosa


Me han traído los Reyes Magos un bono de dos sesiones de psicoterapia en línea a canjear durante 2026 en un portal de bienestar integral que acredita un 4,8 sobre 5 en las reseñas de Google. “Así no tienes excusa”, va y me escribe en el tarjetón de regalo el paje de Sus Majestades que pensó que semejante puñetazo en el estómago era mi perfecto presente de Año Nuevo. Y podría serlo, no le quito mérito al dichoso elfo. Es alguien que me quiere, me conoce como si me hubiera parido y goza de esa confianza limítrofe con el asco de los amigos, amigos, que le faculta para poder soltarme a la jeta que mi ansia viva y mi querencia a meter la cabeza bajo el ala y esperar que los problemas se resuelvan solos quizá no es la mejor estrategia para ir por la vida. Y eso es lo que hizo. Al principio, me quedé muda, debatiéndome entre las ganas de darle un abrazo de muchas gracias y las de preguntarle quién se ha creído para meterse en mis asuntos. No fue hasta ayer, al volver a la realidad tras el espejismo de las vacaciones y volver a sentir temblar el suelo bajo mis flamantes botas de rebajas, cuando comprobé que no era la única en tal tesitura.
Resulta que el portal de marras tiene la agenda completa hasta marzo y me ha puesto en lista de espera para el próximo hueco, porque haberlos, habralos, y a no tardar mucho, dicen. La demanda de ayuda profesional para lidiar con el malestar de estar vivo se ha puesto de moda, se dispara en enero y se va desinflando, como la de los gimnasios y los nutricionistas, según se va comprobando que no basta con pagar la cuota y hacer acto de presencia para bajar de peso o subir en seguridad en uno mismo. En lo que a mí respecta, confieso mi escepticismo. “Priorízate”, reza el mantra de muchos terapeutas, como si fuera tan sencillo. Si yo me idolatro: lo difícil es priorizarse sin volverse una egoísta de libro ni olvidar que los demás existen. Por eso, y aunque tengo manga ancha para agarrarme a cualquier clavo, por ardiente que sea, para bregar con una misma y con el mundo, creo que la enfermedad mental es otra cosa y que su atención no debiera depender de ningún bono regalo ni tener lista de espera. Mientras tanto, por si acaso, he fijado el mío a la nevera para que no me caduque. No sería la primera vez que me pasa.
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