Bélgica detiene a un espía militar ruso que ayudaba al Kremlin a conseguir minerales para sus misiles
El supuesto agente del GRU está acusado de apoyar a Moscú a eludir la sanciones de la UE desde su base en Bruselas


Bruselas es, también, una ciudad de espías. La Fiscalía belga ha confirmado la detención del belga de origen ruso Viktor Labin, acusado de ayudar al Kremlin a eludir las sanciones de la UE y lograr exportar a Rusia minerales clave para la construcción de misiles que el ejército de Vladímir Putin utiliza en su guerra contra Ucrania. Labin, empresario, fue identificado en 2024 como un oficial de la inteligencia militar de Rusia (GRU) en una investigación del periódico digital independiente ruso The Insider. Fue detenido el pasado julio, aunque la fiscalía belga solo ha confirmado su detención ahora.
Labin, que operaba desde Bruselas, la capital comunitaria donde tienen su sede las instituciones de la Unión Europea y la OTAN, se enfrenta a cargos por pertenencia a organización criminal y por la importación, exportación, tránsito y transferencia de productos relacionados con la defensa que están en la lista negra de elementos restringidos por as autoridades de la Unión Europea para Rusia. En la lista de productos que ha difundido la fiscalía belga en un comunicado se incluye alúmina de hierro, óxido de itrio y detectores de propagación de explosivos.
El detenido, que gestionaba una empresa especializada en el suministro de equipos a Rusia, comparecerá esta semana en un tribunal belga. Uno de sus hijos, Ruslan, que trabajaba con Viktor Labin en Moscú y que es el gestor de otra empresa vinculada a la de su padre que suministra material militar a contratistas rusos, está bajo una orden de detención internacional emitida por Bélgica.
En enero de 2024, el medio The Insider destapó a Labin y a su empresa en una investigación a fondo de cómo Rusia logra eludir las restricciones impuestas por la UE para estrangular su economía de guerra. Según esa investigación, Labin actuaba como un “operador de campo” de Bruselas y transportaba a Rusia tecnologías europeas que sirven para construir armamento (entre otras cosas, misiles como el hipersónico Kinzhal) a través de una empresa pantalla registrada en Turquía.
El periódico independiente exploró además los orígenes del belga de origen ruso y le identificó como un oficial del GRU. Rastreó su formación en la academia militar gestionada por la inteligencia militar y encontró datos de que estuvo registrado oficialmente en Moscú, en la prestigiosa residencia de la academia del servicio de espionaje, y, después, en un complejo de viviendas donde se alojan los espías militares. Esos datos y la manera de proceder de la agencia militar ya ha permitido otras veces destapar y rastrear a varios miembros de esa agencia rusa, particularmente apreciada por Putin.
El Departamento Central de Inteligencia (GU oficialmente, aunque se le sigue conociendo como GRU, sus siglas antiguas), con miles de funcionarios, unidades de fuerzas especiales y espías, se ha convertido en una de las herramientas más usadas por Rusia en su guerra híbrida. Informes de varios servicios secretos occidentales señalan que el GRU se ocupa de un buen número de tareas, desde ataques cibernéticos y operaciones de desinformación y propaganda a la recolección de información; también realiza operaciones más sensibles, como la eliminación de personas consideradas dañinas o enemigas. Agentes del GRU fueron los responsables del envenenamiento en el Reino Unido del exespía ruso Serguéi Skripal y de sabotajes de todo tipo en Europa.
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