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Morena
Opinión

Morena ‘en Excel’

El sello de la presidenta Sheinbaum ha gravitado hacia el partido oficialista con los riesgos que ello implica

Ariadna Montiel y Claudia Sheinbaum en Palacio Nacional, en octubre de 2024.Graciela López Herrera (Graciela López Herrera)

Claudia Sheinbaum había mantenido distancia de la conducción de su partido. Hasta ayer.

Ayer, la presidenta tomó las riendas. Al frente de Morena, todo indica, impondrá a una mujer de toda su confianza, Ariadna Montiel, a quien ha calificado como “la mejor organizadora de México”. En la negociación de las candidaturas quedará Citlalli Hernández, una mujer con amplio pedigrí de izquierda y principios afines a los de la presidenta.

El control del partido se complementa con una serie de acciones que, a cuentagotas, han ido debilitando a los cuadros menos leales a la presidenta. Figuras como Adán Augusto López, Andrés Manuel López Beltrán, Alejandro Gertz Manero y el propio Marcelo Ebrard han sido obligados a dar pasos hacia atrás.

La presidenta tiene racha y las señales apuntan a que ahora busca ponerle su sello al partido: Morena ‘en Excel’.

Me permito utilizar la frase ‘en Excel’, con la que en su momento mi compañero de páginas, Jorge Zepeda Patterson, calificó a Sheinbaum, porque me parece un término que resume excelsamente la dirección en la que ahora se destina al partido.

A ojos de Sheinbaum la conducción del partido necesitaba mayor sistematización, orden y eficiencia. Y no hay nadie mejor para imponérselo que Ariadna Montiel, quien ya lo ha hecho antes como líder de los Servidores de la Nación, la burocracia paralela de Sheinbaum.

La presidenta gusta de rodearse de personas enfocadas, ordenadas y constantes. Valora la estructura, la productividad y tiene poca tolerancia a los errores. De hecho, si algo une a los cuadros que Sheinbaum ha impulsado es, precisamente, su disciplina y método.

Para los estándares de Sheinbaum, Luisa María Alcalde no había dado buenos resultados. Las elecciones de Durango y Veracruz fueron un desastre para el partido. Sus desavenencias con los aliados costaron que de facto se perdiera la mayoría calificada. Y peor aún, si las encuestas no se equivocan, la próxima elección local de Coahuila será una debacle.

Ahora, el reto para Sheinbaum y sus alfiles será lograr que la estructura y el método no terminen por extirpar el corazón del partido.

Cuando las métricas de afiliación, militancia o número de comités se convierten en el método principal para medir el éxito de un partido, los incentivos cambian. Los partidos dejan de ser organismos vivos que atraen a organizadores genuinos y comienzan a gravitar hacia el corporativismo y la organización profesional. Esto, a su vez, atrae a un tipo distinto de político: el cacique, la persona que busca un puesto de representación popular como modo de vida, no como vocación.

A diferencia de una institución pública, un partido no es una corporación homogénea a la que se le puedan dar órdenes fijas. Es un grupo de personas que se motivan inspiradas por liderazgos o por un deseo de cambiar al país.

El dilema es que las herramientas de la administración pueden purgar o desmotivar precisamente a los movilizadores más valiosos. Aquellos que están aliados al partido de manera auténtica y que rara vez tienen la capacidad para competir con políticos profesionales en el cumplimiento de metas.

Un partido eficiente que pierde su capacidad de inspirar termina dependiendo cada vez más del aparato del Estado y cada vez menos de sus bases.

Es por ello que, detrás de los partidos más exitosos, más que hojas de cálculo, hay ideales compartidos, hay deseos y entusiasmo. El riesgo que corre Morena es que se convierta en un partido muy bueno para ganar elecciones, pero muy poco inspirador para sus bases.

Así, el verdadero desafío de Sheinbaum como nueva lideresa indirecta del partido no será técnico, sino político. Será lograr mantener viva la energía que llevó a Morena al poder mientras le imprime el orden que ella considera necesario.

Si la presidenta logra ese equilibrio, consolidará su liderazgo sobre Morena de manera duradera. Si no, habrá ganado el control del partido justo cuando este empiece a vaciarse por dentro.

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