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Luisa María Alcalde acepta su salida de Morena y asume la Consejería Jurídica

La dirigente se acoge a la invitación de la presidenta Sheinbaum y deja prematuramente la cabeza de la agrupación guinda, lo que abre una nueva etapa en el partido oficialista

Luisa María Alcalde en Ciudad de México, el 16 de abril.Mario Jasso (Cuartoscuro)

El tiempo de Luisa María Alcalde al frente del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) se ha cumplido. La dirigente ha hecho pública su decisión de aceptar la invitación de la presidenta Claudia Sheinbaum para dejar la dirigencia del partido año y medio después de asumir el cargo, y saltar a la Consejería Jurídica. Su decisión pone fin a una breve pero significativa tensión en la cúpula del poder y confirma el relevo en la agrupación oficialista en un momento clave de reconfiguración interna.

“Con profundo orgullo y agradecimiento, acepto la honrosa encomienda de la presidenta Claudia Sheinbaum para integrarme a su equipo como consejera jurídica”, ha publicado Alcalde, en un mensaje en redes sociales que cierra el episodio. Horas antes había pedido “un ratito” para tomar una decisión. La frase, aparentemente menor, tuvo detrás la resistencia inicial de la joven política para soltar las riendas del partido.

Alcalde deja la dirigencia en medio del desgaste interno, de resultados por debajo de las expectativas y de la dificultad para ordenar las disputas locales. La presidenta Sheinbaum ha sacudido con esta maniobra las entrañas del partido que la llevó al poder para un reacomodo estratégico del oficialismo. La Consejería Jurídica, ocupada hasta el 30 de abril por Esthela Damián Peralta, quien, según lo dicho por la presidenta, buscará la gubernatura de Guerrero, no es una posición secundaria. Desde ahí se diseña, revisa y afina la arquitectura legal del Ejecutivo: iniciativas de ley, decretos, controversias constitucionales. Es un espacio clave para dar viabilidad jurídica a las decisiones políticas de la presidencia.

El movimiento despeja el camino para una nueva dirigencia que apunta a Ariadna Montiel, la actual titular de la Secretaría del Bienestar, quien se perfila para asumir la nueva dirigencia de Morena, un secreto a voces en los círculos internos del partido. Aunque Sheinbaum ha sostenido que aún no hay un nombre que se encamine como el relevo y que será el partido quien se encargue del proceso. Montiel, una de las operadoras territoriales más cercanas al proyecto presidencial, encarna la apuesta por reforzar la estructura electoral de cara a los comicios intermedios de 2027, el termómetro de las elecciones presidenciales de 2030. Su eventual llegada responde a la urgencia de disciplina y eficacia organizativa.

La salida de Alcalde, sin embargo, no es solo un relevo administrativo. Es también el cierre de una etapa marcada por tensiones internas, resultados cuestionados y una presión cuesta arriba por redefinir el rumbo del partido de cara a las elecciones intermedias en las que se disputará la mitad del territorio: 17 gubernaturas, la renovación del Congreso y la elección de cientos de cargos locales. En ese contexto, la invitación de Sheinbaum se ha leído en los círculos políticos como una salida decorosa que evite un mensaje de fractura en la unidad del movimiento.

“Aquí no estamos por los cargos, estamos por encargos”, ha sostenido Alcalde en su mensaje de despedida a la militancia guinda. A esto le ha seguido un compendio de su año y medio al frente del movimiento. Lo que sigue es un trámite administrativo, convocar a asamblea al Consejo Nacional para elegir a la nueva dirigencia. “[Estoy] convencida de que quien resulte electo sabrá conducir al movimiento para obtener los triunfos electorales que permitan seguir con la transformación de nuestro país”, ha zanjado Alcalde en su mensaje de despedida como dirigente de Morena.

El episodio previo a la decisión de Alcalde ha sido criticado por los morenistas. La hasta hoy dirigente de Morena expresó abiertamente que necesitaba tiempo para evaluar la propuesta presidencial. “Como le dije a ella [a la presidenta]: ‘deme un ratito para pensarlo, ya la buscaré para poder plantearle mi decisión’”, soltó Alcalde horas antes de anunciar su resolución. Fuentes del movimiento consultadas por EL PAÍS describieron el gesto como un desafío. En un sistema político donde las invitaciones presidenciales no se deliberan: se acatan, el hecho resultó inédito. Bajo el liderazgo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, hubiera sido inimaginable.

En los pasillos morenistas, la permanencia de Alcalde en la dirigencia era “insostenible”. Su salida, señalan, debía concretarse este mismo mes. No porque la renuncia de Damián Peralta a la Consejería Jurídica sea efectiva el 30 de abril, sino porque la operación territorial requiere del cambio inmediato. Citlalli Hernández, nombrada hace unos días como la encargada de la estratégica Comisión de Elecciones y Alianzas —la primera intervención de Sheinbaum en el partido— ha comenzado una operación cicatriz con los aliados, el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México, tras el desgaste en la relación con Alcalde en la dirigencia, y requiere el cambio completo. Las fichas en Morena se mueven estrepitosamente.

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