Reforma: el callejón de los opositores
El espacio en que cómodamente los opositores se guarecieron durante meses ha terminado esta semana

Y a pesar de todo, la presidenta Claudia Sheinbaum puso a la oposición contra las cuerdas.
El tortuoso camino de la iniciativa de reforma electoral podría tener un desenlace inesperado. Un desencanto propio del parto de los montes todavía no es un hecho. No solo porque la mandataria asegura tener un plan B, sino porque falta ver quién capitaliza esta movida política.
Sheinbaum presentó al fin su reforma electoral. Lo hizo en medio del desdén de los aliados de Morena, y tras una exhibición de dudas y dilaciones nada propias del movimiento que el sexenio anterior tramitaba leyes sin moverles una coma y despreciando todo diálogo.
Por tales antecedentes, sobre todo por la renuencia de los partidos del Trabajo y Verde Ecologista —con quienes Morena armó la mayoría legislativa para cambiar la Constitución—, el proceso y la iniciativa son vistos como demostración de los límites políticos de Sheinbaum.
Incluso el término fracaso ronda a la presidenta. Ella empero parece confiada en que a su proyecto, o al meollo del mismo, no lo condena el mero hecho de no contar de saque con los votos del PT y PVEM, partidos recelosos porque la nueva ley implica supresión de privilegios.
La carta que al respecto ha jugado la mandataria es propagandística y en ella no le va mal. Este viernes, para no ir más lejos, la encuesta de Enkoll para EL PAÍS y W Radio muestran que el discurso en que la presidenta basa su iniciativa tiene muy amplio apoyo.
El Movimiento de Regeneración Nacional ha hecho de la promesa de la austeridad una reserva de apoyo popular que, siete años después de ser Gobierno y a pesar de escándalos por la incongruencia entre oferta y práctica, parece estar muy lejos de agotar su rendimiento político.
Enkoll confirma lo que encuestadoras como El Financiero registraban semanas atrás. Que con la reforma electoral hay dos realidades; en el llamado círculo rojo, la presidenta semana a semana perdía terreno, mientras entre la población en general crecía el apoyo a su idea.
Con números arriba de 80%, los encuestados por Enkoll dicen sí a la propuesta de bajar sueldos en el Instituto Electoral Electoral, elegir legisladores plurinominales por voto directo, reducir financiamiento público a partidos y eliminar reelección y nepotismo.
¿Quién en México puede decirse sorprendido por el apoyo ciudadano a medidas que prometan restringir a los partidos, gobernantes y legisladores? Con una imagen pública lejana a escándalos personales, Sheinbaum buscará sacar raja del descrédito de la clase política.
Cuando días atrás la presidenta asumió que no conseguiría a priori los votos del PVEM y PT para la ley que busca trastocar el monopolio de las dirigencias partidistas sobre candidaturas plurinominales y bajar puestos y presupuestos, decidió que era hora de irse a la calle.
Sus palabras, eso de que ella cumple al enviar la iniciativa prometida en campaña y el advertir que será el pueblo el que atestigüe quién rechaza reducción de costos y plurinominales que hagan campaña, no caen en el vacío, y eso compromete incluso más allá de su coalición.
Desde agosto, la reforma electoral fue tema interno de la alianza de partidos que en 2024 compitió para hacerse del poder Ejecutivo, el Legislativo y un buen número de gubernaturas y alcaldías. Fueron meses en que la oposición quedó al margen.
Esa marginalidad les resultaba un terreno seguro a Acción Nacional, Movimiento Ciudadano y el Revolucionario Institucional. Si la alianza oficialista entró en crisis, era mejor no interrumpirla. PAN, MC y PRI se conformaron con un vouyerismo oportunista.
Incapaces de contener al obradorismo, cada una de esas organizaciones actuaba como quien no puede creer su suerte: el oficialismo se desgastaba ya no solo por escándalos de corrupción, negligencia, despilfarro y prepotencia; ahora los dividía la presidenta.
Los partidos de la oposición, agazapados detrás del Verde, organismo con más escándalos por abusos y violaciones a la ley electoral, y del PT, que no ha dudado, salvo en esta iniciativa, en secundar todas las políticas de Morena que machacan criaturas e ideas opositoras.
Para su desgracia, el espacio en que cómodamente los opositores se guarecieron durante meses ha terminado esta semana. Porque la iniciativa no nació muerta, o, para decirlo más propiamente, en caso de morir no lo hará sin antes exhibir a aliados y oposición.
En cosa de días la opinión pública verá quién en la oposición es capaz de convencer sobre los riesgos regresivos de la propuesta de Claudia Sheinbaum sin quedar exhibido como alguien que busca mantener una democracia muy cara al organizar elecciones y fondear partidos.
Quién logra apoyo ciudadano al denunciar en medio de un crecimiento económico mediocre, que con su reforma Sheinbaum pretende ahorrar con menor gasto, menor exposición vía spots y menos escaños y regidurías, condiciones todas que operan a favor de esos en el poder.
Durante meses la oposición vivió entrampada. Sin espacio para creer que los foros que se organizaron desde Palacio Nacional se tomarían en cuenta, prefirió pagar por ver, no apresurar un debate que podría ser visto como convalidación de lo que finalmente Claudia enviara.
Lo que no vieron es que en paralelo el discurso de la presidenta, en mañaneras y en mítines de fin de semana, fue calando. Ocho de cada diez hoy está a favor de lo que plantea la reforma. No se puede ir en contra de eso sin arriesgar un crédito que de por sí no les sobra.
El que de entrada parece haberlo entendido mejor es Movimiento Ciudadano. Al día siguiente de la recepción de la iniciativa en la Cámara de Diputados, MC dio a conocer su propia propuesta, presentada con el título de Más democracia, menos gasto.
Dicho de otra forma llegó la hora a los diferentes a Morena de poner sobre la mesa ideas y sugerencias, lineamientos con los que escapen de la camisa de fuerza que la presidenta les acaba de imponer en nombre de la austeridad y de mayor participación democrática.
A López Obrador siempre se le criticó que en vez de lidiar con los problemas que la realidad iba presentando, decidiera emprender reformas legales o cambios en instituciones que parecían innecesarios, inoportunos y hasta perniciosos.
Andrés Manuel desoyó las críticas e incluso cuando no tuvo los votos en el Congreso, se lanzó al debate para imponer sus políticas. La oposición muchas veces se conformó con saber que la aritmética no le daba al presidente, antes que dar cada debate por sus méritos.
PVEM y PT se han pronunciado en contra de la reforma de Claudia. Todo un cambio de status para la alianza en el gobierno que tiene que definir cómo va a jugar en las elecciones del 2027, comicios en los que los aliados desoyen las críticas antinepotistas de la presidenta.
Sheinbaum y el diputado Ricardo Monreal han sido cuidadosos en no cargar las tintas a sus aliados. Ambos hoy utilizan una retórica que no maximiza una eventual represalia de Morena en caso de que sus socios den la espalda a la iniciativa presidencial.
Monreal, coordinador de los guindas en San Lázaro, acatará las instrucciones de Palacio de una movida que hoy pinta para una victoria moral de la mandataria: encarecerá negociaciones electorales con sus aliados, antes que descafeinar su reforma.
Es poco realista pensar que este momento será aprovechado por la fuerza mayoritaria para deshacerse de esa rémora que es el Verde y para cortar su larga coincidencia con el PT. Pero la relación cambiará si Claudia gana este debate, mientras verdes y petistas se devaluan.
Y si los aliados están en un incómodo lugar desdeñando una reforma que es apoyada por más del 80 por ciento de la población, peor está la oposición, que si bien puede denunciar que es previsible que la población apoye preguntas sobre recortes, nada o muy poco ha hecho por establecer los ejes en torno a los cuales ha de discutirse.
Lo anterior incluye que si la iniciativa de Sheinbaum se queda corta, o es perniciosa, debe explicar cuál es su ambiciosa idea, la reforma de su autoría que ha de ilusionar a todos y forzar a la presidenta a incorporarla o pagar por no escucharla.
El balón de la reforma electoral cayó en la cancha de la oposición. La presidenta aprovechará cada ocasión para exhibir el apoyo a los recortes. En las próximas semanas o la oposición posiciona críticas demoledoras y/o una alternativa, o Claudia les gana así no se apruebe su propuesta. Los tiene contra la pared.
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