Advertencia de agasajo
Los intelectuales y sabihondos nos deben un buen ensayo sobre el mestizaje del mazapán


En México ha nacido un nuevo milagro para mi obesidad tan a menudo amenazada por dietas polimorfas. Se trata de la nueva presentación en forma de salsa de un sólido llamado Pulparindo que explica no pocos logros académicos y conquistas emocionales a lo largo de mi biografía. Durante lustros se trataba de una barrita alimenticia y espiritual (mucho más antojadiza que las llamadas “energéticas”) cuya fusión milimétrica de dulce de tamarindo con una ponderada dosis de mezcla de chiles picositos logra un efecto curativo, esotérico y tropical en el intelecto y potencial anímico no sólo de niños y niñas inquietas, sino incluso en adultos entregados al estudio de la física nuclear o la alta astronomía (sin discriminar a astrólogos de ocasión).
Pulparindo viene ahora en la dinámica presentación de un tubo exprimible (similar al de las pasta dental) que facilita escanciar el manjar sobre ensaladas (que disfrazan en sí la glotonería) o sobre bandejas de papas fritas o bien sobre frutas selectas que elevan exponencialmente su sentido bíblico aliñadas con el glorioso Pulparindo. El milagro lo debemos a la Distribuidora de La Rosa, S.A. de C. V. que lleva décadas definiendo el biorritmo de millones de mexicanos con sus extraordinarios mazapanes a base de cacahuate prensado por manos impolutas en antiguos conventos de clausura.
Muy lejos del mazapán de almendra —sello y significado de Toledo en España— que tanta gloria esparce en México bajo la marca que lleva como nombre precisamente las sílabas cervantinas de aquella ciudad tan guanajuatense en La Mancha, el mazapán de La Rosa sudaba las horas negras en las mochilas de estudiantes hasta el empalagoso momento del recreo en que se podía untar no sólo con la lengua hacia el paladar, sino con la yema de los dedos sobre la cuadrícula de un cuaderno. Los intelectuales y sabihondos nos deben un buen ensayo sobre el mestizaje del mazapán donde se entrelace el cacahuate polveado azteca y la figurita almendrada del mazapán peninsular como otra explicación para el nacimiento de la Nueva España y sus sucesivas transformaciones trascendentales, allende el mole, la garnacha y el nenepil.
La nueva salsa Pulparindo puede incluso adherirse a los labios por la boquilla del tubo y en mi caso asumir el milagro como un nuevo dentífrico, desodorante bajo las axilas o crema refrescante para pies cansados. Esto es una advertencia del agasajo que pienso administrar en todas las futuras madrugadas de insomnio lector, minería de memoria, forja de prosa o simple y sencillamente ocio degustativo. Por supuesto, las autoridades en salud del gobierno mexicano impusieron etiquetas donde también advierten (como incentivo adicional al mero antojo) que el milagroso Pulparindo contiene exceso de azúcares y exceso de sodio, quizá sin meditar que es como un raro pleonasmo que no ofrecen otras culturas. Si acaso el mandarín encanto de lo agridulce sobre carne de pato o cerdo se acerquen al delirio mexica del tamarindo dulce en su picante amasiato con los chiles, pero elevemos el lábaro patrio con júbilo de triunfo con las oportunidades insólitas que a partir de ahora nos ofrece el mismo Pulparindo de nuestra infancia y adolescencia como añadido secreto para cualquier bebida, bálsamo inesperado para carnes asadas, travesura en postres y parsimonioso piquete de papila gustativa en momentos de inevitable desasosiego o decepción.
Todo lo anterior para advertir el agasajo antidiabético para lidiar con todo el ácido y agrio desmadre que inunda al Mundo: Más o Mencho prefiero rociar unas palomitas de maíz con la nueva salsa a ver llorar a un general del ejército por las bajas en combate contra el narcotráfico y Trúmpame Ésta que prefiero engolosinarme con tamarindo enchilado que seguir soportando al Ignaro Anaranjado que habiendo presumido obliterar el aparato nuclear de Irán prepara hoy mismo un bombardeo con el pretexto de obliterar el aparato nuclear iraní… y todas las infamias que contiene la Lista de Epstein (habiendo culpables que descienden de la Lista de Schindler) y todo ese Infierno de potentados pederastas poderosamente peligrosos se van directamente al carajo cuando el cañonazo de Pulparindo me llena venas y neuronas en una suerte de éxtasis psicotrópico que me recuerda las desesperadas ansias en la química sanguínea cuando viviendo en Madrid durante la pasada década apenas lograba bogar la realidad madrileña sin mis Pulparindos, Cachuates Japoneses, Miguelitos en polvo y líquido (como bálsamo prehispánico de Fierabrás que funde también chilito con azúcar) y otras golosinas mexicanas que llegaban a veces como maná por encargo… sin negar que ahora que he vuelto al Valle de Anáhuac se me antoja echarle Pulparindo en salsa a ciertas paellas, un leve aliño en mis Callos a la Madrileña y mejorar por mucho eso que llaman en bares peninsulares “Patatas Bravas” que no serán tales hasta que le echen Valentina de a deveras y Pulparindo en dosis debidas…como quien prefiere lidiar con el dulce fuego en la saliva en vez de unirse al color de la realidad tan desabrida.
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