Marxita el alma
Urge el retiro inmediato de todos y cada uno de los panfletos emanados del delirio venezolano del hoy desempleado factótum de la Dirección General de Materiales Educativos


Uno de los Hermanos Marx entra a la mitad del foro y le arranca un gajo a la epopeya tragicómica como si fuese un tenor que imita la modulación gutural de un bajo y para volver a entonar la partitura exquisita del íntimo decoro, mientras Manuel M. Ponce despierta con sus yemas las primeras notas de un lieder conmovedor titulado por hoy Marxita el alma (con el tiempo quedará sólo en Marchita).
El hermano más gordo de los Marx arranca con Marchita el alma/Triste el pensamiento/Mustia la faz y herido el corazón cuando en la pantalla a sus espaldas se proyecta el video (quizá titulado Mecánica Nacional) donde observamos la facha de un bípedo implume que recuerda al simio de la estepa solitaria haciéndose el mártir por un pasillo patético y burocrático. El famélico funcionario de pómulos pronunciados parece haber ensayado en el baño la fallida heroicidad de espetarle a los policías que han venido en su búsqueda para que desaloje la ratonera de la que acaba de ser despedido, cesado o esfumado.
“Anímese oficial —le dice al gendarme con voz de Benito Juárez—. Soy un obradorista y le vienen a poner esposas a quien diseñó los libros de texto”. Atravesando la existencia mísera/Sin esperanza de alcanzar su amor canta el gordo Marx cuando todo espectador se entera que lo que vierte la pantalla es una escena tragicómica emanada de la pútrida y petrificada Secretaría de Educación Pública del gobierno de México que —¡Por fin!— decidió cesar de su cargo al personaje no sólo responsable del patético pantanal de los reprobados y reprobables Libros de Texto (gran negocio y soberbia estulticia) con la que el ahora cesado había impuesto el estiércol del adoctrinamiento, abierto intento ideológico convencido del maniqueísmo trasnochado con el que se defendió Playa Girón.
Mientras el piano prosigue su melodioso biombo y el gordo Marx intenta un Do de pecho (recordando al hijo que se le murió de hambre, su renuencia al trabajo remunerado y su dependencia enconchada en la billetera de su amigo Engels) la pantalla proyecta una nueva versión del camarote de los Hermanos Marx: los policías y un funcionario acompañan al payaso recién cesado a un elevador que se llena con sus bultos y de pronto, ¡Viva México! cuando detienen las puerta para que entre al ascensor una dama con mangos enchilados en vaso desechable y una trabajadora sonriente que carga un pastel con cubierta de gelatina o betún rojo.
El ridículo in crescendo se entrelaza con la liede de Manuel M. Ponce mientras el mandril ahora desempleado repite ya psicótico el plural mayestático de que “Adelante compañero… si somos obradoristas” como reto a que lo esposen los policías (que quizá se quedaron con el antojo de los mangos o el pastel) y el gordo Marx remata Marxita el alma con un sentido bemol de Yo quise hablarle/ Y decirle mucho mucho… /Pero al intentarlo/ Mi labio enmudeció/ Nada le dije porque nada pude…
El teatrito termina con el recién cesado que se niega a abandonar su puesto u oficina hasta que le entreguen un documento oficial donde quizá se lee la mentada de madre correspondiente, pero miles de niños y padres de familia mexicanos celebran por adelantado el Día del Amor y de la Amistad, aliviados de la pinche pesadilla llena de erratas y despropósitos con los que el Cesado de la SEP mancilló el saber y el conocimiento, la imaginación y la memoria, la creatividad libre y el sentido común.
Urge el retiro inmediato de todos y cada uno de los panfletos emanados del delirio venezolano del hoy desempleado factótum de la Dirección General de Materiales Educativos y formulemos hoy mismo una sustitución emergente para lo que resta del período escolar mientras que el ahora despedido paladín sea enviado como nuevo embajador en Venezuela… a la espera del debido escrutinio de las cuentas con las que se pagaron los millones de ejemplares de pacotilla y quizá también la radiografía minuciosa de la Tesis Doctoral que intentó esconder con candados en papel y en línea (aunque hay copias que se le escaparon).
Marxita el alma que en un viernes de agosto de 2021 fue cesado de manera muy ofensiva y fulminante el entonces Ministro para Asuntos Culturales de la Embajada de México, a la sazón Agregado Cultural en España y Director del Instituto de México en Madrid. Fue despedido de manera artera y canalla por un brote psicótico de un demente impune que vomitó en redes y pasillos mentiras imperdonables y nocivas ese mismo jueves, pero también abonó a su cese la inevitable y respetuosa (y en el fondo inofensiva) prosa con la que el diplomático fugaz (inevitablemente escritor) había publicado en la prensa de ese pinche jueves una columna titulada “Por placer” como llamado a la cordura y sosiego ante la irracional declaración del hoy Cesado de la SEP (en ese entonces intento de bibliotecario que asaltó la dirección general de una de las bibliotecas más grandes de México como corsario al abordaje avalado por su nula decencia y obsesión ideológica), quién afirmó públicamente y sin vergüenza que “Leer por placer es un vicio de consumo capitalista”.
A pesar de que la burra burocracia tardó dos semanas en entregar al efímero diplomático el papelito oficial de su despido, el cesado Agregado Cultural limpió su escritorio al lunes siguiente y salió por la Puerta Grande de la Embajada de México con dos cajas de cartón en brazos de sus hijos y literalmente pasó a mejor vida… mientras que el engreído y confundido sonsonete del sonetista empoderado fue hasta hoy celebrado en Pyongyang, aplaudido a una mano en el mausoleo de Santa Clara y soplado como vaho que empañó el ataúd transparente (recién bombardeado) de un simio en Caracas.
El hoy cesado textófilo de cuarta, editor con erratas, diseñador improvisado y maníaco mamón vuelve quizá a la penuria del proletariado, lejos del sueldo y su poder, pero con ganas de “defender los principios en la calle” y a mí ya me urge el recreo del lunes próximo donde miles de niñas y niños libres, maestros desencantados y padres o madres aliviadas podamos deshojar los millones de ejemplares de una podrida flor marchita para abono o reciclaje de una nueva canción que nos permita pasar página.
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