Ir al contenido
_
_
_
_
Claudia Sheinbaum
Columna

La tapadera

Resulta evidente que Sheinbaum cada día dedica más tiempo a defender, justificar, explicar y dar la cara por los excesos, abusos y arbitrariedades de sus “compañeros del movimiento”

Como si no tuviera cosas importantes que resolver, es evidente que la presidenta cada día dedica más tiempo a defender, justificar, tapar, explicar y dar la cara por los excesos, abusos y arbitrariedades de sus “compañeros del movimiento”. La presidenta se ha convertido en una tapadera. Con A.

No hay semana en la que no tenga qué explicar por qué fulanito es señalado de actos de corrupción y no procederán contra él; o por qué zutanita ocupa determinado puesto cuando no tiene los méritos necesarios; o por qué razones aquel hombre señalado como saqueador ocupa un puesto de relevancia en alguna secretaría o aquel legislador es acusado de abuso sexual pero no se lo han probado. La presidenta sale por todos, que para eso tiene capital político para gastar.

La clase política morenista se caracteriza por su rapacidad, la devoción por el lujo y el cinismo justificatorio de aquella frase de su líder: “Sí, pero el PRI robó más” que incluye, por supuesto, el hecho de que ellos también roban. No tienen llenadera. A los llamados presidenciales para comportarse con austeridad y decoro la respuesta, invariable, ha sido el derroche y la desfachatez. No deja de sorprender esa actitud, pues los mayores líderes de ese movimiento se les reconoce el manejo discreto y austero en su vida personal. López Obrador será un mitómano fanático con delirios de grandeza, pero no se puede negar su frugalidad personal (aunque no es el caso de los hijos).

Por su lado, Sheinbaum ha dado muestras de un carácter templado y de sencillez en su imagen pública. Para su desgracia, sus compañeros han decidido despacharse con la cuchara grande y cuando no es un alarde de nepotismo, es otro de ineptitud y despilfarro. Es tal el desorden que priva en la administración pública del país, en los tres poderes, que la presidenta tiene que salir a exculpar a sus titulares, mostrando así la falsa independencia de los poderes. No importa si se trata de un funcionario rehabitado responsable de la muerte de cuarenta personas calcinadas en su puesto anterior, del legislador acusado de corrupción o los negocios turbios de los familiares del líder. Todos encuentran cobijo en la defensa presidencial.

El caso de la Suprema Corte de Justicia es escandaloso y grotesco. Como es de todos conocido, el presidente de la Corte y algunos de sus miembros se sienten herederos de los pueblos indígenas, la personificación de la pobreza y la humildad. Pero tan solo a unos meses de haber llegado al puesto, ya se repartieron camionetas con costos de millones de pesos. La presidenta inopinadamente salió a dar explicaciones de ese dispendio con números que no cuadran. El asunto se volvió más burdo cuando se supo que algunas de las unidades tenían placas de Morelos para ¡no pagar la tenencia de la Ciudad de México! Es como si en vez de gasolina les pusieran huachicol para pagar menos. Son capaces. Clara Bugada tiene la oportunidad de hacer un respetuoso llamado a la SCJN para que sean ejemplo y paguen los impuestos correspondientes a la ciudad en que viven, pues castigan a quien evade pagar sus obligaciones fiscales, pero le dan la vuelta al pago de placas de circulación. Patético.

La presidenta acaba metida en todos los líos. Ella contesta por cualquiera o, peor aún, interpreta todo como un ataque personal a su figura. Para los que dicen que Sheinbaum le copia en todo a López Obrador este es un punto de diferencia. López Obrador dijo que solamente respondería por él y por su hijo que en ese entonces era menor de edad. Doña Claudia, no. Ella es tapadera de todos.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_