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SCJN
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

SCJN: el triste adiós

La Corte vivía a gusto en su castillo de la pureza, un lugar infranqueable por los mortales que nunca entendieron qué pasaba ahí

Suprema Corte de Justicia de la Nación, en Ciudad de México el 29 de agosto de 2025.
Juan Ignacio Zavala

Esta semana se acabó la Suprema Corte de Justicia de la Nación, tal y como la conocimos los mexicanos en las últimas tres décadas. Para unos es el adiós a la división de poderes, para otros el renacer de un nuevo sistema de justicia. La nueva SCJN es resultado de tómbolas y acordeones, una marca de la casa de este Gobierno: la ocurrencia, la desmesura, el rencor y la falta de planeación.

El adiós a la vieja Corte estuvo a cargo de la presidenta de la SCJN. Fue también el final de un liderazgo triste como el de la ministra presidenta. Norma Piña no era la persona para liderar la Corte en estos tiempos turbulentos; nunca entendió que tenía que hacer política, que ser la titular de uno de los poderes de la Nación es también un cargo político. El discurso final de Piña es un fiel reflejo de lo que fue su liderazgo: un informe burocrático, gris y lejano. Una proyección de la burbuja en que vivió la cúpula de la SCJN hasta el último día, hasta el último discurso sus palabras fueron distantes.

Jamás pensaron en comunicarse con la gente de manera diferente. Su sabiduría jurídica, su lenguaje técnico era manejado como escudo protector para impedir que nos asomáramos a sus decisiones. Sus ganas de vivir ocultos, de estar fuera del escrutinio, les apartó de la sociedad. Se entiende que eso podría ser hace treinta o cuarenta años, pero hace tiempo que eso es imposible. La SCJN vivía a gusto en su castillo de la pureza, un lugar infranqueable por los mortales que nunca entendieron qué pasaba ahí. Hasta que AMLO, en su furia delirante y destructora, definió a ese poder sin gran sorpresa: corruptos, mañosos, vendidos, representantes de los intereses ajenos al pueblo. En la Corte, lo vieron como un ignorante –que lo es- y consideraron poco digno defenderse. Salido del estercolero judicial, Arturo Zaldívar encabezó las afrentas contra la que fuera su casa, en su lugar quedó la señora Piña que nunca se enteró de que el apoyo social que se le daba era para defenderse, no para esconderse. El liderazgo de Norma Piña fue más un deseo que una realidad.

El último informe de Piña, su discurso del adiós, todavía subrayó la necedad en la que vivían: nosotros no tenemos que dar explicaciones a nadie “por nosotros hablan nuestras sentencias”. Una frase muy bonita con la que se llenaban la boca en la Corte, pero que no sirve para nada en la conversación pública. Porque sus sentencias las entendía pocos y eran o los favorecidos o los afectados. Esa frase, para ellos gloriosa, fue formulada así en el discurso de despedida: “No respondimos con estridencias, respondimos con sentencias, no apelamos nunca a la confrontación, apelamos a la razón, al diálogo y al derecho…” Los resultados de esas acciones están a la vista. Se fueron todos y ni siquiera hicieron algo grande para salir, tomaron sus cosas y parece que salieron por la ventana. Triste para ser el fin de una época que, ciertamente más temprano que tarde será echada de menos a pesar de la abulia de quienes cerraron la puerta. Fue decepcionante para los miles de trabajadores del Poder Judicial que se la jugaron duro frente al autoritarismo oficial y no tuvieron representación en la batalla.

Las generalizaciones son injustas, pero a veces inevitables. Por supuesto Gutiérrez Ortiz Mena, Alcántara, Láynez hicieron de su dignidad personal un escudo de batalla. Hubo quienes honraron su cargo, también quienes prefirieron ser parte de una oficina del gobierno y como nunca falta un Iscariote, el papel se lo asignó el señor Pérez Dayán.

En su apuesta por ser reconocidos por una élite obtuvieron lo que buscaban, que también esa élite los despidiera. Nadie más. Ni un lamento en estos días. Una gris despedida para los que, según ellos, serían “juzgados por sus sentencias”.

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Sobre la firma

Juan Ignacio Zavala
Consultor en comunicación política y analista de la vida política mexicana. Ha participado en diversos medios de comunicación como polemista y comentarista. Ha sido responsable de comunicación de instancias como el PAN, la presidencia de la República y la FGR. Es autor de varias novelas, entre ellas 'Polarizados, una guerra'. íntima".
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