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León Larregui: “No me considero un ‘rockstar’. En el día a día, soy papá, cocino y lavo platos”

El músico mexicano y vocalista de Zoé habla en entrevista del proceso creativo de su cuarto álbum, ‘Manifiesto de un tremendo delirio’; de las causas sociales que defiende, o de su personalidad dentro y fuera de los escenarios

León Larregui (Cuernavaca, 52 años) camina en un calle de París con un abrigo beige, pantalón negro y la mirada seria. Se detiene en un semáforo peatonal y al otro lado observa a una mujer que también espera. Con el cambio de luz ella desaparece y él avanza en su deambular parisino. De fondo suena una canción con la voz de Larregui, cuyo título en un inicio daría nombre al próximo álbum del músico, Bruma. Es el segundo sencillo del material que finalmente se llamará ‘Manifiesto de un tremendo delirio’ y que será lanzado el 26 de marzo. El recorrido parisino es parte de las imágenes granuladas del video de Bruma, que se asemejan a las de una cámara antigua.

A más de 300 kilómetros de distancia, en Bruselas, una tarde de principios de enero León Larregui atiende a EL PAÍS a través de una llamada por Zoom. Acaba de dejar a su hijo en una clase de música y explica que su vida actual transcurre entre la capital belga, París y México, su país natal. Habla del proceso creativo del nuevo álbum, de la búsqueda de “luz” a través de la música, de los mensajes sociales que defiende, y de su personalidad dentro y fuera de los escenarios.

Pregunta. ¿Cómo surgió Bruma?, ¿en qué se inspiró?

Respuesta. Este disco es medio melancolicón y habla de un momento de mi vida. Tardé dos años haciéndolo y habla de cómo viví esos años, un poco difícil, pero fue la forma de procesar todas las cosas que estaba viviendo. Bruma es de los últimos tracks que compuse. En realidad no tenía ni siquiera planes de hacer un disco, más bien fue una necesidad de supervivencia hacer un disco, hacer canciones. Y esta canción, en el orden del disco, pues es la número uno. Creo que es de mis favoritas de este disco.

P. ¿Cómo fue el proceso creativo del álbum Manifiesto de un tremendo delirio? Vuelve a trabajar con Adanowsky como productor.

R. Me dieron ganas de volver a trabajar con el equipo con el que hice Solstis (2012) —su primer álbum como solista—, que fue Adanowsky, Rob Coudert, Jack Lahana y Vincent Policarpe. Junté a este a dream team y me ayudaron a armar y a darle forma a este nuevo disco. El título tuvo varias evoluciones, de hecho, el segundo título que estuve sabroseándome era Bruma precisamente, y al final ya lo convertí en otra cosa, que es un manifiesto tal cual. Cada canción termina siendo un punto del manifiesto, las 13 canciones. Y “un tremendo delirio” porque fue un momento duro de mi vida: me acababa de separar de mi pareja —Margaret Turck, la madre de su hijo de 10 años.

“La música fue lo que me salvó. La imagen que es parte del álbum es una maleta, entonces, también representa que estuve dos años viviendo en una maleta, entre Airbnb y hoteles. Es muy personal el disco, como todos los que hago. Habla de las cosas que sufrí, las cosas que estuve batallando, las que pude sanar, los procesos, las tristezas, las alegrías”.

P. ¿Cómo se queda después de este proceso?

R. Hay una especie de proceso de sanación o simplemente de sacar lo personal, la experiencia. Al componer música siempre ha sido algo que tiene que ver con el procesamiento de las emociones y busco una forma de resolver, de encontrar la luz dentro del proceso de crear la canción. Con las letras puedo hablar de cómo me siento y después también de cómo encuentro la solución. Al final, es el proceso personal que hago para salir, para evolucionar o para poder avanzar cuando hay atorones de este tipo, emociones fuertes o cosas tristes, o cosas muy felices, o también como la forma de procesar esto de la forma más elocuente y sana.

P. En otra faceta de sus canciones plantea mensajes sociales, como en el primer sencillo del álbum, Cometas, destinado a recaudar fondos para reconstruir un hospital infantil en Gaza, o en la canción que dedicó al movimiento #YoSoy132 en México en 2012, Resistolux. ¿Cuál es su visión social?

R. Yo creo que cuando hay que hablar de algo que nos incumbe a todos hay que levantar la voz, y en este caso no podría quedarme callado. En Cometas lo hice muy sutil para no meterme en problemas. En realidad sí habla de la tiranía, que es una una cuestión que pudre a la gente con mucho poder, no a todos, pero a la mayoría, como lo que está pasando específicamente en Gaza con los niños y el genocidio en general. En el caso de Gaza es tan delicada (la situación) que incluso la canción no la quise sacar como un sencillo, primero la saqué yo, por mis huevos. Copié el link de Dropbox y lo compartí. Pero obviamente no estaba en las plataformas. Ya después la sacó la disquera a regañadientes, bueno, más bien al que regañaron fue a mí, pero no quise hacer mucha bulla tampoco. Por suerte salió esta ONG (Iron kids of the world) que me empezó a compartir imágenes que terminaron siendo parte del video y ellos mismos armaron toda la campaña para ayudar a reconstruir este hospital.

P. ¿Se considera un rockstar?

R. —Se ríe—. Pues no. Creo que la gente me ha convertido en eso, pero yo no. Siempre he sido el mismo personaje desde antes de hacer música, así como rebelde y escandaloso. Obviamente la gente se imagina muchas cosas de mí que no existen, te van construyendo un personaje a través de las cosas que ven, escuchan, lo que yo mismo digo de repente. Pero eso no quiere decir que yo sea así todos los días. De repente puede que sí, pero en el día a día pues estoy de papá, trayendo a mi hijo a las clases de música, cocinando, lavando ropa, lavando platos. La vida de rockstar de repente existe cuando es el momento de vivirla, como en los GNP —los seis conciertos de Zoé, la banda de rock de la que es vocalista, en el estadio GNP de Ciudad de México el año pasado—, pero lo demás es una vida muy tranquila y normal.

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Sobre la firma

Alejandro Guzmán
Es periodista y forma parte del equipo de Portada en EL PAÍS México. Estudió la licenciatura en Comunicación en la Universidad del Tepeyac y la Maestría en Periodismo en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).
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