La euforia por la moda retro del Mundial: cuando el fútbol se vuelve un lujo
En los últimos años se ha reivindicado el orgullo de portar camisetas de fútbol en la vida diaria aunque eso supone mirar con miedo a la billetera


Ceñirse una camiseta de fútbol es un acto de rebeldía. Es estar a contracorriente de lo gris, de lo habitual, de lo formal. Vestir una camiseta de un club, a veces plagada de marcas comerciales, o de una selección a veces ajena, es una forma de mostrar parte de la felicidad a través de la ropa. Y el fútbol es alegría. Esa idea romantizada se quiebra cuando el mercado aprovecha la nostalgia para montar un negocio que parece que nunca se agotará.
En año mundialista, los colosos de la indumentaria deportiva han apostado fuerte para registrar beneficios brutales con toda una serie de productos. Adidas, por ejemplo, ha reconocido públicamente que México es uno de sus mejores clientes en todo el mundo. Es la firma que viste a la selección mexicana desde 2007. Sus diseños de camisetas terminan convirtiéndose en objetos de culto para los más aficionados. Para el Mundial de 2026 han montado toda una estrategia que apuntala a lo retro con una colección que es un calco idéntico al uniforme que utilizó la selección en el Mundial de 1986. Esa camiseta luce el nueve icónico de Hugo Sánchez. ¿Quién no quisiera tener algo de Hugol en este tiempo?
La Federación Mexicana de Fútbol lanzó antes del Mundial de 2022 su nueva identidad, un escudo que enterró el Sol Azteca para dar paso a un águila estilizada. El emblema fue todo un debate, donde los aficionados echaron de menos el logotipo que hacía referencia a su cultura prehispánica. Adidas leyó bien la jugada y sacó más camisetas y chamarras con escudos de antaño.
También han sido relanzadas las primeras camisetas que Messi usó con la selección argentina en un Mundial, las de 2006. La estadounidense Nike aprovechó para lanzar una línea de remeras de portero con aires noventeros y diseños estrafalarios. Desde hace meses volvió a producir los botines de fútbol Total90, una línea que entró de lleno a cada liga y cada partido de barrio en México y Latinoamérica. Otras marcas de ropa ajenas a este deporte, como American Eagle, hasta desembolsaron los ahorros para fichar al colorido Jorge Campos para crear una línea de ropa.
El problema no es la cantidad de ropa retro, ni las ganas de comprarla, es el precio. “Son costos altos, costos que se convierten en un lujo. No es lo mismo tener un sueldo de 5.000 pesos al mes y te quieras comprar la chamarra retro de la selección mexicana que cuesta 4.000. No es viable. Hace 10 años, las playeras estaban en 1.200 pesos”, opina Alex Morci, uno de los grandes coleccionistas de camisetas de fútbol en México. Hoy, el precio de los jerseys se ha duplicado. Ni hablar de las prendas edición especial.
Eso ha orillado a algunos aficionados a buscar alternativas. En internet pululan los sitios de páginas que ofrecen clones de las camisetas de fútbol, con un diseño muy similar aunque con un cambio en los materiales y, claro, en el costo. En el mercado ambulante más grande de Latinoamérica, Tepito, se han caracterizado por siempre tener las camisetas de fútbol incluso meses antes de su estreno. La mercancía, según cuentan algunos vendedores, proviene de Asia. Así, comprar la camiseta retro de la selección mexicana puede salir a la mitad de su costo. Se necesitan ocho salarios mínimos para pagar la camiseta de Hugo Sánchez y 12 para la chamarra más ochentera.
El problema de la piratería ha acompañado a México desde hace décadas. A meses del inicio de la Copa del Mundo, las autoridades han decomisado toneladas y toneladas de este tipo de productos. Estas líneas ni promueven ni satanizan estas prácticas. “Hubo un momento cuando encontré una aplicación de venta de ropa de China. Hice un video para mostrarle a la gente de que se podían encontrar jerseys de época. Yo soy fan del Manchester United, siempre quise algunas playeras, pero me era imposible encontrarlas en original. Lo que entendí del coleccionismo es: estas reproducciones no son coleccionables porque no tienen un valor social, pero sí un valor personal. Solo tienen valor para mí”, cuenta Morci, de 38 años y con casi 200 camisetas compradas.
El amor al fútbol no se agota, tampoco su negocio, ni se limita a una prenda. Eso sí,







































