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Los botines de fútbol sagrados de los aztecas

Azteca Zapato, un proyecto de un grupo de socios mexicanos, busca ensalzar la cultura prehispánica a través de una gama de tenis con nombres

Pedro Solís e Ismael Íñiguez, exfutbolistas y socios de Azteca Zapato, tras una entrevista con EL PAÍS. Emiliano Molina

Pedro Solís (Petatlán, Guerrero, 45 años) camina apresurado por Avenida Paseo de la Reforma con unas zapatillas de fútbol inéditas. Los colores de la bandera mexicana resaltan, pero brilla más el logotipo: un competidor del milenario juego de pelota mesoamericana. En los pies, el exjugador de los Pumas tiene una serpiente de obsidiana, es decir, a Itzcóatl, uno de los grandes gobernantes de Tenochtitlan. Esos botines, que honran parte de la cultura mexicana, son parte de una misión comparable con una batalla entre un guerrero contra una deidad.

Azteca Zapato es una empresa que se fundó en 2025 gracias a una plática entre Solís y uno de sus socios, Víctor Alejandro Neri, un amante de los estudios prehispánicos. De hablar de las viejas memorias de jugar en un equipo del sindicato del IMSS terminaron por echar a andar una empresa que quería dejar una huella en el fútbol mexicano. “Me gusta porque el zapato tiene historia, historias que nos ligan como mexicanos. Empezamos de la nada, de decir: ‘¡Órale, va! ¡Échale!“, cuenta Solís. El diseñador Johan, es su hijo. Al proyecto ha sumado a varios socios, entre ellos Ismael Íñiguez (Ocotlán, Jalisco, 45 años), mítico jugador de los Pumas, donde ganó tres veces la Liga.

“No había una marca mexicana que se identificara desde el nombre. Cuando se revisó el tema de los derechos de la marca Azteca Zapato como tal estaban libres de usarlo. Se pudo registrar la macar, utilizar el nombre, el logo del hombre del juego de pelota. Este primer modelo se llama Iztcóatl, en referencia a uno de los grandes guerreros”, cuenta Íñiguez. “Queríamos traer al presente el juego de pelota, muchos mexicanos se olvidan de nuestras raíces”, cuenta Johan Solís.

En un taller en San Mateo, en la periferia de Ciudad de México, se corta la piel, se cosen y se moldean estos botines. Estas zapatillas deportivas son una obra artesanal que lleva un poco más de tres horas hacer cada una. Uno de lo artesanos pega varias veces sobre el talón de la zapatilla. Cada tac, tac, tac, es un golpe que ayuda a estirar la piel y darle forma. Las máquinas que ayudan al proceso son las cosedoras para los detalles de las costuras, que conllevan una precisión clave. Los botines tienen dos presentaciones: los que se pueden usar en pasto sintético para jugar en fútbol 7 y los que tienen tachones, más pensados para el pasto. Pesan solo 370 gramos. Íñiguez toma uno de los botines, lo dobla, lo cruje, y dice: “Esto es lo que se necesita para jugar, que sea flexible”.

Los fundadores de Azteca Zapato empezaron a mirar la agenda que el fútbol les brindó por largos años y se fueron acercando a excompañeros. Así lograron llevar sus primeros botines, hechos con piel, a Pablo Barrera, exjugador del Zaragoza y de la selección mexicana, quien ha jugado con ellos en partidos semiprofesionales conocidos como la talacha y en la la versión latinoamericana de la Kings League. “La pasión por el fútbol la hemos vivido en el pueblo, y en el barrio. Esto es un producto para que los mexicanos se puedan identificar, que se sientan orgullosos. Cuando vamos a jugar partidos de exhibición a Estados Unidos, los familiares, los latinos y los paisanos son los más orgullosos de nuestras raíces. En EE UU estamos teniendo buen impacto”, cuenta Íñiguez.

“A veces cuando vas empezando en el fútbol profesional no te llegan los patrocinadores, ni los apoyos, entonces parte de Azteca Zapato es apoyar a los jóvenes mexicanos, al talento”, dice Pedro Solís. “Tras haber hecho carrera en el fútbol, hoy podemos tener algunas puertas abiertas para buscar y encontrar el perfil de un jugador o jugadora que puedan aportar a la marca y crecer con ellos. Lo ideal será tener un futbolista en Primera División que nos dé exposición como marca y, en consecuencia, en ventas”, agrega Íñiguez. La apuesta a futuro es que la empresa no solo se limite a tenis de fútbol, sino a ropa deportiva.

Algo con lo que han tenido que lidiar es con ese ingrediente de que a veces el mexicano es el primer detractor de algo hecho en su propio país. Así le ha ocurrido a otras marcas mexicanas que, al intentar dar algunos pasos al frente, reciben excesivas críticas, como ha ocurrido con Charly o Pirma. “He leído algunos comentarios que dicen: ‘Están muy caros para lo que son’. Este es un producto artesanal, hecho con manos mexicanas que te puede durar un buen tiempo respecto a otros materiales”, opina Johan Solís. “En cuanto a la relación precio-calidad, el precio es bajo (1.500 pesos). Nos quedamos bajos, pero es un sacrificio para posicionarnos”, menciona Ismael Íñiguez. Las marcas transnacionales como Nike o Adidas cifran sus botines en más de 2.000 pesos.

El anhelo de este emprendimiento pasa por competir con otras marcas mexicanas en su propio país y en Estados Unidos. El mayor sueño es ver que su marca logre enamorar al mundo. “Queremos meternos en lugares con situaciones difíciles, en barrios donde a lo mejor podamos captar a algún muchacho que tenga las condiciones. Estamos apoyando al talento de fuerzas básicas. Acá lo importante es que nosotros como jóvenes empresarios queremos impulsar el deporte. También queremos dar un ejemplo a futuros emprendedores de que no hay que aflojar, no tener miedo”, refiere Solís.

Los socios de esta empresa recuerdan con cariño su primera venta. Fueron unos tenis de talla nueve para un hombre que vive en Nueva Jersey y que los mandó a Querétaro. Preparan ya otros diseños para honrar el legado de un país que supo darle un uso lúdico y religioso al hule para crear las primeras pelotas. “Los mexicanos disfrutamos del juego de pelota desde tiempos ancestrales, como lo dijo la presidenta”, menciona Solís en referencia al mensaje que dio Claudia Sheinbaum el día del sorteo para el Mundial. En México hay un centenar de personas que aún practican el juego de pelota mesoamericano, y hay un grupo que mantendrán el legado en sus botines.

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