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El ‘mea culpa’ de Pemex sobre el derrame del Golfo de México abre más dudas sobre la responsabilidad de la petrolera en el desastre

Rodríguez Padilla, director de la petrolera, atribuyó el ocultamiento de la fuga en un oleoducto a un engaño de sus subordinados y anunció el despido de tres directivos

Residuos de petróleo en la costa de Salinas, Mexico, el 26 de marzo.Felix Marquez (AP)

Casi dos meses después de que las primeras manchas de chapopote llegaran a las playas, Petróleos Mexicanos reconoció su responsabilidad en el derrame de crudo que desde marzo contamina las costas de Tabasco, Veracruz y Tamaulipas del Golfo de México. Después de que tanto las autoridades federales como estatales lo negaran, el director de la petrolera, Víctor Rodríguez Padilla, admitió el jueves, tal y como lo había adelantado EL PAÍS el 30 de marzo, que una fuga en un oleoducto que comunica la sonda de Cantarell con Dos Bocas fue una de las causantes principales del desastre ambiental. Rodríguez Padilla, que aseguró haber sido engañado por sus subordinados, lanzó la responsabilidad sobre tres directivos de la empresa estatal que, según se anunció, fueron despedidos y hoy se enfrentan a sanciones. La duda es si esta medida será suficiente para expiar la culpa de la petrolera.

Fuentes cercanas al grupo interinstitucional creado para atender el derrame apuntan que este reconocimiento tardó en llegar debido a que desde Petróleos Mexicanos se negó la realidad día tras día. Todo apunta a que fue la intervención de Palacio Nacional lo que les obligó a aceptarla. Este grupo, conformado por la petrolera, tres secretarías de Estado (Marina, Medio Ambiente, Energía), la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente y la Procuraduría de Protección al Ambiente, había sido el encargado de investigar y comunicar sobre el desastre. En la conferencia de este jueves iba a participar Alicia Bárcena, la titular de Medio Ambiente, pero finalmente compareció una subordinada. Fue Rodríguez Padilla quien debió explicar, según dijo, la “fuga de hidrocarburos en instalaciones de Petróleos Mexicanos, que había sido negada por las áreas operativas”.

Durante su comparecencia, el director de Petróleos Mexicanos anunció que tres altos cargos— el subdirector de Seguridad, Salud en el Trabajo y Protección Ambiental, el coordinador de Control Marino y el líder de Derrames y Residuos—han sido separados de sus cargos mientras se realiza una investigación interna. De acuerdo a lo que dijo Rodríguez Padilla, estos tres directivos, cuyos nombres no fueron dados en la rueda de prensa, fueron quienes no le reportaron la fuga ni su reparación, negando sistemáticamente ambos hechos. Para descubrir el engaño, Rodríguez Padilla se valió de la bitácora de los barcos que estuvieron en la zona, una documentación que EL PAÍS solicitó a Petróleos Mexicanos cuando acusaron de “inexacta” la información publicada por este diario el 30 de marzo.

La rueda de prensa y el mea culpa de Petróleos Mexicanos abren nuevas dudas: qué influencia tenían estos tres funcionarios para ocultar a sus superiores una fuga en un oleoducto. Otro interrogante es si no hay un protocolo que registre este tipo de accidentes y la operación de los barcos encargados de arreglarlos. También: ¿cuál es el estado y mantenimiento de las instalaciones de Petróleos Mexicanos en la zona, donde se detectan con frecuencia derrames desde sus plataformas y ductos?

Las primeras alertas de este desastre ambiental llegaron a principios de marzo. “Tras realizar inspecciones técnicas en sus instalaciones, no se ha detectado fuga o derrame alguno”, aseguró entonces Pemex en un comunicado. Una semana después, según llegaba más chapopote a las playas, Rocío Nahle, gobernadora de Veracruz, dio veracidad a esta afirmación y culpó a un barco de una empresa privada, e incluyó un recado a los gobiernos previos a Morena, al añadir que su concesión fue otorgada en el sexenio del priísta Enrique Peña Nieto (2012-2018). El tema llegó a la conferencia de prensa diaria de Claudia Sheinbaum el 19 de marzo, cuando la presidenta también eximió de responsabilidad a la empresa paraestatal.

El día más complejo fue el 26 de marzo, cuando el grupo interinstitucional, creado por orden de Sheinbaum, dio su primera conferencia de prensa para explicar las causas del derrame. En su comparecencia, los secretarios, titulares y directores de todo el grupo, afirmaron y respaldaron la explicación de que todo venía de un barco que había tenido un vertido en Coatzacoalcos (Veracruz) y dos chapopoteras —emanaciones naturales de petróleo crudo y gas metano que brotan desde el subsuelo hacia la superficie—, una también en Coatzacoalcos y otra en Cantarell (Campeche), y, de nuevo, se dejó fuera de la ecuación a Petróleos Mexicanos.

Mapa del derrame de Pemex
Red de ductos que pasan por la ubicación del derrame.
Mapa del derrame de Pemex
Imagen satelital del 15 de febrero donde se ve el derrame en esa zona de ductos alrededor del barco Árbol Grande.
Mapa del derrame de Pemex

Cuando el 30 de marzo, EL PAÍS reveló, con ayuda de la organización CartoCrítica, que el buque Árbol Grande, contratado por Petróleos Mexicanos para reparar ductos submarinos, pasó 200 horas sobre un oleoducto en activo donde se veía una gran mancha de petróleo, la paraestatal dijo que esta información era “inexacta”. “Es fundamental aclarar que aunque el buque Árbol Grande estuvo anclado en una zona de plataformas y sistemas marinos de transporte de hidrocarburos casi 200 horas, no significa que se encontraba reparando un oleoducto”, decía una tarjeta informativa enviada a este diario. Tras esta publicación, la presidenta Sheinbaum tomó cartas en el asunto y pidió una investigación a fondo, que llevó al reconocimiento de la responsabilidad de que fue una fuga en el ducto sobre el que el Árbol Grande pasó 200 horas, una de las causas principales del desastre ambiental del Golfo de México.

Según se reconoció este jueves, personal de Petróleos Mexicanos supo de esta fuga desde los primeros días de febrero, mandando al Árbol Grande y otros barcos auxiliares, que localizaron la fuga el 8 de febrero y la terminaron de reparar el 18. Por alguna razón, mientras trabajan en él, cerraron el oleoducto marino Old AK C, que va de la plataforma AKAL-C a la terminal marítima de Dos Bocas, hasta el 14 de febrero. De acuerdo al comunicado conjunto del grupo, informar del cese de los tres directivos forma parte “de un compromiso firme con la transparencia, la rendición de cuentas y la protección ambiental”.

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