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El derrame del Golfo golpea la cuna petrolera mexicana en pleno viraje de la política energética

El plan del Gobierno pasa por dar confianza y garantías a empresas privadas para explotar pozos de gas y petróleo en las mismas aguas donde, un mes después, todavía sigue activa una fuga rodeada de sospechas

Autoridades en labores de limpieza por el derrame, en playas de Alvarado, Veracruz, el 24 de marzo.Yahir Ceballos (REUTERS)

Cuando la crisis llegó a la mañanera de Claudia Sheinbaum, la mancha ya abarcaba 500 kilómetros de costa veracruzana, animales muertos en las playas embarradas de crudo y decenas de pueblos afectados que viven del turismo y la pesca limpiando por su cuenta el desastre. El mensaje de la presidenta fue de prudencia, pidiendo más información a la petrolera estatal, Pemex, a la secretaría de Medio Ambiente y al Gobierno de Veracruz. Mientras tanto, la mancha seguía creciendo y golpeando gran parte del Golfo sin que nadie diera explicaciones claras, más bien contradictorias, y lanzando la pelota de un tejado a otro. Casi un mes después, no está muy claro todavía ni el origen ni los responsables de una crisis que llega en un momento y un lugar especialmente delicados. El Golfo de México es la gran cuna petrolera de México, dominada además por gobiernos morenistas. Pemex, la petrolera estatal más endeudada del mundo, trata de salir a flote gracias al enésimo rescate público, mientras el Gobierno ultima un nuevo plan energético que pasa por dar confianza y garantías a empresas privadas para explotar pozos de gas y petróleo en las mismas aguas donde todavía sigue activa una fuga rodeada de sospechas.

Una de las primeras reacciones, a principios de este mes, vino precisamente de Pemex, asegurando que el derrame no se originó en sus instalaciones en la zona. La insistencia por sacar a la petrolera de la ecuación fue a más con las declaraciones de la gobernadora de Veracruz, Rocía Nahle, asegurando que el problema era “un barco privado de una petrolera privada que no le trabaja a Petróleos Mexicanos”. Una semana después, Nahle ya empezó a matizar su discurso, apuntando a que la Marina todavía estaba trabajando en identificar la fuente del chapopote. Ya esta semana, con la presidenta llevando la batuta de la gestión de la crisis, se anunció una investigación a fondo y en distintos frentes, además de deslizar que la fuga seguía activa. Así hasta llegar, por ahora, al último diagnóstico de un desastre ambiental que abarca cuatro Estados, desde el sur de Tamaulipas, las costas de Veracruz y Tabasco, hasta las aguas de Campeche.

Los resultados apuntan a tres posibles causas: se mantiene la tesis del barco deslindado de Pemex, pero se añaden dos más, donde la sombra de la petrolera estatal es muy alargada. En concreto, en una de las dos chapopoteras, emanaciones naturales de petróleo crudo y gas metano que brotan desde el subsuelo, identificadas como fuentes de la fuga y localizada en aguas de Campeche. En Cantarell, la última gran reserva petrolera ya casi extinta. Una zona plagada de plataformas petroleras de Pemex, que están siendo revisadas por la Marina. “El mayor problema ante estas crisis es que no existen protocolos claros sobre cómo actuar, cómo delimitar competencias. No es la primera vez que suceden derrames y las instituciones no avisan a menos que las afectados o las organizaciones hagan ruido”, apunta José Alberto Lara, director del Centro Transdisciplinar para la Sustentabilidad de la Universidad Iberoamericana de Ciudad de México.

Para el politólogo de la UNAM, Fausto Quintana, especialista en geopolítica ambiental, “el impacto no es tan solo ambiental, tiene que ver con la política energética nacional y con los problemas y lo obsoleto de la infraestructuras de Pemex”. La Secretaría de Hacienda diseñó el año pasado un nuevo régimen fiscal con apoyos para la firma, incluyendo una masiva compra de bonos y la creación de un fondo para inversión por más de 250.000 millones de pesos. El objetivo es dar viabilidad a una veintena de proyectos ya en cartera que pasan por la colaboración con empresas privadas. Esta misma semana, Sheinbaum recibió una propuesta del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, para que Pemex y Petrobras emprendan juntos la búsqueda de crudo en aguas profundas del Golfo de México.

La otra pata, y la más polémica, de la apuesta de política energética es el fracking. El Gobierno ultima un nuevo andamiaje regulatorio para dar certeza a inversores y desatascar el veto a esta agresiva técnica para extraer gas impuesto por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, y rechazado en un primero momento por la actual mandataria durante su campaña electoral. El objetivo es la ansiada soberanía energética para un país que pese a producir crudo importa, por ejemplo, más de la mitad de su consumo en gasolina. “Esta crisis tiene costos políticos y sobre todo riesgos para los inversionistas. La propuesta les asegura un buen retorno pero hay que darles garantías”, añade el politólogo de la UNAM.

En medio de estos esfuerzos por proyectar confianza llegó también otra mala noticia. Un incendio de este mes en la refinería de Pemex en Dos Bocas, Tabasco, dejó cinco muertos y obligó a la presidenta a salir a la palestra. Ante las denuncias de los padres de una escuela cercana sobre la contaminación del aire, Sheinbaum aseguró que se reubicaría el colegio de primaria. Otro de los frentes abiertos en la zona es el huachicol. El contrabando de petróleo tiene como centros neurálgicos los puertos de Tamaulipas, donde el año pasado se destapó el mayor caso de corrupción del sexenio, y de Tabasco, donde se han llevado a cabo los mayores decomisos. El misterioso barco, una de las tres hipótesis del derrame, está de hecho rodeado de sospechas sobre su posible implicación en el contrabando de crudo.

En el flanco político, la crisis golpea también uno de los bastiones donde el morenismo se ha hecho fuerte en los últimos años. El partido oficialista ha logrado desbancar a la oposición en feudos estratégicos como Tamaulipas, Veracruz o Campeche, mientras que en Tabasco, la tierra del expresidente López Obrador, han mantenido el control pese a graves escándalos de corrupción. El politólogo de la UNAM no ve en todo caso un riesgo de coste político, al menos en el corto plazo. “Morena tiene bien amarrados esos territorios a base de programas sociales, becas y apoyos a las pensiones”. La gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, ha sido la más expuesta, obligada a rectificar su primera versión. Su caso además cobra aún más envergadura porque fue la secretaria de Energía durante el sexenio anterior. En un video oficial publicado a mitad de la crisis, se la veía caminando por algunas de las playas más afectadas, ya limpias, hablando simplemente “trazas de hidrocarburos”.

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