La falta de información sobre las causas agrava el malestar por el derrame del Golfo de México
El Gobierno ha deslindado a Pemex de la responsabilidad, mientras expertos y asociaciones ecologistas cuestionan si el origen es un barco o un fallo en la infraestructura petrolera

A principios de marzo se levantaron las primeras alertas de que en varias playas de los Estados de Veracruz y Tabasco estaban llegando bolsas de chapapote, manchando la flora y matando la fauna. Hoy, casi un mes después, persisten las dos dudas principales sobre este derrame de petróleo en el Golfo de México: el Gobierno de México no ha identificado aún cuál es su causa ni si sigue o no activo. Hasta ahora, las autoridades habían mantenido la versión que se dio desde Veracruz, que fue un vertido de barco de una empresa externa a Petróleos Mexicanos. Pero el martes, durante su conferencia de prensa diaria, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que se había formado un grupo interdisciplinario con las autoridades del sector ambiental y energético más la Secretaría de Marina para dilucidar “la causa del derrame” y “conocer si todavía hay una fuga o fue solo una ocasión”. Ese mismo día, según contó la presidenta, había recibido informes sobre el tema por parte de Pemex y la Armada.
Verónica Munier, integrante del Centro de Derechos Humanos de los Pueblos del Sur de Veracruz Bety Cariño, se queja de la falta de transparencia en la gestión del derrame: “No sabemos bien a qué grado está el daño. No nos han dicho nada y no hemos sabido que hayan hecho ningún estudio o, por lo menos, no lo han informado”, dice. La escasez de información ha marcado el manejo de esta emergencia y mantiene vigilantes a las comunidades afectadas, que también se plantean cuál es el origen del siniestro. “Parece que hubo un derrame en Campeche hace un mes, algo así. Y bueno, nos estamos dando cuenta que tarda el mar para llevar las cosas a otras partes. En Tuxpan llegó casi tres semanas después de estar acá [en Pajapan], entonces podría ser factible, pero realmente no sabemos y no nos creemos lo del barco fantasma”, declara en referencia a la primera teoría del Gobierno sobre el origen del crudo.
Este miércoles, Petróleos Mexicanos y el resto de autoridades publicaron un comunicado conjunto. Su redacción, como las palabras de Sheinbaum el día anterior, es cautelosa. Además de enumerar los kilos de petróleo recogidos (“128 toneladas de residuos impregnados de crudo”) y la longitud de costa visitada (“165 kilómetros de litoral en inmediaciones de los puertos de Alvarado, Coatzacoalcos, Tuxpan y Veracruz, en la entidad veracruzana, así como en Dos Bocas, Tabasco”), tiene un apartado titulado “Indagación técnica sobre el origen del hidrocarburo” en el que dicen, básicamente, no saber la causa. “Se mantiene una investigación técnica y científica para determinar el origen del hidrocarburo detectado, a través de imágenes satelitales, desplazamiento de buques en el área con apoyo de drones y de sobrevuelos con aeronaves de la Armada de México”, dice el texto.
Fue Rocío Nahle, gobernadora de Veracruz, la primera que el pasado 12 de marzo apuntó a este barco, con recado para las Administraciones previas a Morena, su partido político, al añadir que su concesión para realizar tareas de exploración y explotación fue otorgada en el sexenio del priísta Enrique Peña Nieto (2012-2018). Aunque Sheinbaum le dio veracidad el lunes, cuando anunció que la Fiscalía General de la República estaba investigando, el martes ya no mencionó el buque y dijo que aún no estaba identificada la empresa responsable. En lo que sí se han mantenido todos es en deslindar a Petróleos Mexicanos como responsable de la tragedia ambiental.

En este vacío de información, un grupo de organizaciones ambientalistas publicó el miércoles en la tarde una serie de imágenes de satélite de entre los días 6 y 17 de febrero, en las que de acuerdo a estas asociaciones se ve como una embarcación habría tenido un vertido de supuesto crudo. En ellas se ve también como cinco barcos adicionales intentan, sin éxito, contenerlo, y como finalmente alcanzó una superficie de 50 kilómetros cuadrados, unas 1.000 veces la plaza del Zócalo en Ciudad de México. “El derrame continuó activo al menos hasta el 17 de febrero, dispersándose posteriormente debido a factores como las corrientes marinas y las condiciones meteorológicas, favoreciendo su llegada gradual, dispersa y sostenida durante las últimas tres semanas a las costas de Tabasco y Veracruz”, asegura el texto.
Este comunicado asegura que estas imágenes muestran que “el incidente era conocido por las autoridades desde fechas tempranas” por las maniobras de contención que no evitaron su expansión”, pero que no hubo “información pública oportuna sobre la magnitud del derrame, sus riesgos ni las medidas de respuesta” y que las autoridades tienen que “explicar qué medidas activaron, cuándo lo hicieron y por qué no alertaron oportunamente a la población”.
“No es normal que haya pasado tanto tiempo y no sepamos cuál es la causa oficial”, apunta Ramses Pech, analista y asesor de la industria energética. Pech, que duda que la causa principal haya sido un barco y apunta más hacia la posibilidad de una fuga, demasiado pequeña para ser detectado con la diferencia de presión, en el sistema de oleoductos que hay en las costas de Tabasco, cree que, sea la causa que sea, hay una serie de preguntas que deben contestarse. “Aquí lo importante es determinar dónde fue el inicio y dónde está la salida de este crudo. Si hubo un derrame, dónde fue y en qué temporalidad. Y si lo hubo, ¿por qué no se actuó antes de que llegase a las playas y ya fuera un desastre? Si hubo ese derrame, ¿por qué no se reportó a las autoridades? ¿En verdad estamos cumpliendo con la normatividad y reportando las fugas?”, cuestiona Pech.
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